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David Matarín
 

 
“Me gustaría vivir 12 años atrás, cuando había un sueldo digno para todos”



 
Este cartagenero de 25 años se aficionó a la interpretación en las funciones que organizaba su colegio y acabó estudiando Arte Dramático en Valencia. Conchín se lo traga (2010), arranque de su prometedora carrera en el mundo del cortometraje, plasmó con comicidad un tema tan peliagudo como el acoso escolar a una adolescente que procedía de una familia paupérrima. La chavala veía la oportunidad de que su nombre abandonase la lista negra cuando una popular compañera de clase la invitaba a su cumpleaños, un acontecimiento que le servía también para conocer el amor de una forma poco ideal. Y nada evolucionaba como ella esperaba. Del desenlace de ese título se desprendía una moraleja: resulta mejor ser uno mismo pese a las críticas que dejarse arrastrar por la masa. Durante el rodaje coincidió con algunos rostros televisivos, desde Marta Belenguer (Camera Café) a Mamen García (Escenas de matrimonio) pasando por Víctor Palmero (Con el culo al aire), todos ellos a las órdenes de la valenciana Ana Lorenz. Mayor repercusión logró Matarín al encabezar Deazularrojo (2012), de la misma realizadora, un brevísimo thriller nocturno sin diálogos que recibió el Gran Premio del Jurado en el Notodofilmfest. Alcanzar el éxito, sin embargo, le costó algunos golpes: estaba ligando con una chica en un pub cuando, de pronto, un hombre furibundo aparecía para pegarle una paliza. Le había reconocido entre la multitud gracias a una fotografía facilitada por su hija, a la que el joven aparentemente había hecho daño tiempo atrás, pero también por el extraño color azul de la copa adulterada con la que iba a agasajar a su siguiente víctima.
 
 
 

 
 
 
   Su otro gran valedor es el también valenciano Federico Calabuig, que le llamó por primera vez para una historia de frikis titulada El Día Zeta (2013). Su histérico Carlos avisaba a un amigo de la invasión zombi que estaba azotando la ciudad y, aunque no le hacía demasiado caso, al final ponían en marcha el plan de huida que habían diseñado durante cuatro años. Las reglas estaban claras: ropa ajustada, pelo corto, manejo de endebles armas fabricadas a base de cuchillos y clavos… Junto a ese director rodó al poco tiempo Tres en un cuarto (2013), donde encarnó al desinhibido Suso. Lo que empezaba como un ensayo entre dos actores y una actriz acababa en un trío sexual que sacaba a la luz sus sentimientos: la chica estaba detrás de él, que por su homosexualidad pretendía al otro chico, enamorado a su vez de la joven. Ante esa desalentadora espiral, proponía iniciar una relación a tres bandas, la única forma de disfrute para todos. Aquella interpretación le reportó entonces la nominación a mejor actor en el festival cántabro Piélagos en Corto.
 
   Adrián Climent Ozores, hijo de los consagrados Joaquín Climent y Adriana Ozores, le propuso no hace mucho unirse a Los Espinosa. Y próximamente se estrenará su último trabajo en formato breve, H and H, ya rodado en Barcelona a las órdenes de un estudiante de la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña (ESCAC). Hasta ahora solo ha trascendido lo siguiente acerca de su argumento: “Un chico y una chica se enamoran después de un incidente extremadamente violento”.
 
 

 
 
 
   Jaime Herrera pensó en él para su primer largometraje, Caídos (2012), estrenado en el Festival de Sitges pese a su escasez de medios. El protagonista de esa historia de terror se escondía en una casa aislada, propiedad de la familia de su amante secreta, tras dejar plantada a su novia en el altar. No tardaba en descubrir que allí cerca, dentro de una cueva, vivía un psicópata que mantenía secuestradas a sus víctimas hasta la muerte. Y él no iba a ser una excepción. Según decía una leyenda, se trataba de un monje llegado desde el extranjero a comienzos del siglo XX y se le creyó muerto en tiempos de la Guerra Civil, pero sobrevivió tras ser enterrado vivo por los republicanos. Al no contestar a las llamadas, la amante y dos amigos del chico se decidían a ir en su busca, sin saber que ninguno regresaría ya a la ciudad: tan espeluznante personaje (bajo cuyo disfraz le tocó estar a él todo el rodaje) apedreaba a dos de ellos y sepultaba a los otros dos.
 
 

 
 
 
   La Escuela del Actor le brindó en 2010 un debut teatral a lo grande, nada menos que con el sobrecogedor papel de Roberto Zucco, protagonista del texto homónimo. Aquella primera aventura le zambulló en la vida de un insaciable asesino italiano que, después de deshacerse de sus padres a los 19 años y escapar de prisión, dejó una extensa lista de delitos cometidos a sangre fría. Mató sin motivo, su novia le traicionó, puso en jaque a la policía de media Europa y terminó entre rejas. ¿Pero hasta qué punto él fue el culpable de sus actos? Realmente solo quería desentenderse de una sociedad que le enajenaba, volverse invisible para que nadie reparase en él, escapar de un mundo que le prohibía obrar con libertad. Luego llegó el turno de Otelhotelo, su descacharrante montaje final de carrera, amenizado por parejas que recreaban en tono muy actual escenas míticas del teatro universal: Don Juan Tenorio, Esperando a Godot, La gata sobre el tejado de zinc… Él se encargó de un Mr. Martin que se mostraba ilusionado al encontrar, como si se tratase de un amor nuevo y desconocido, a la que ya era su esposa.
 
 

 
 
 
   Nombre recurrente en el audiovisual y el teatro independiente de Valencia, el polifacético Abel Zamora ha estado presente en algunos de sus proyectos cinematográficos y ha propiciado casi toda su andadura sobre los escenarios. A finales de 2011 le confió uno de los personajes de su obra Canciones y amor con queso (para tomar aquí o para llevar), el retrato agridulce de personas muy dispares que buscaban lo mismo: un hombro en el que apoyarse, alguien dispuesto a ofrecerles cariño. Abordaba la soledad de quienes son invisibles y su necesidad de sentirse importantes por un momento. Durante más de un año pateó España de la mano de Tito, atormentado por su amor no correspondido hacia un compañero de la hamburguesería donde trabajaba. Y es que ese chaval, además de heterosexual, solo pensaba en la serie animada Futurama. Compaginó esas representaciones con las del nostálgico montaje Azul#15 (2012), de Nacho López Murria, donde seis amigos se reencontraban tras 15 años para recordar aquel verano que les cambió la vida a causa de un suicidio (precisamente el suyo) inesperado. A partir de entonces habían madurado de forma desastrosa, seguían muy atados a esa tragedia, así que dicha reunión era una oportunidad para reconducir sus caminos. La Asociación de Actores Profesionales Valencianos (AAPV) alabó su papel de Raúl y le convirtió en candidato a mejor actor revelación. Experimentó además el teatro breve gracias a la pieza Ensayo sobre orgías y besos (2012), firmada por el cineasta Roberto Pérez Toledo, una de las primeras que formaron parte de la iniciativa Miniteatros en Valencia. Dos jóvenes se conocían en uno de los contextos menos románticos que existen: una sórdida bacanal. Por si eso fuera poco, la estupefacción de ella (acostumbrada a la monotonía de un noviazgo) chocaba con la chulería de él (encantado de no hacerle ascos a nada), pero el amor surgía finalmente entre ellos.
 
   Abel Zamora volvió a confiar en él, esta vez como cliente del hotel de Temporada baja (2013), cuyas habitaciones reunían a una fauna humana en pleno proceso de cambio que aprovechaba el anonimato de una noche con poco trasiego para dar rienda suelta a sus conflictos. La amplia galería de sentimientos mostrados arrastró al reparto por el drama, el terror, la comedia, el thriller, el musical… Desde el pasado enero levanta el telón con Pequeños dramas sobre arena azul, llegada al Teatro Lara madrileño tras granjearse el favor del público en La Casa de la Portera. Sus seis actores interpretan historias de animales que sufren traumas semejantes a los de cualquier humano: soledad, sumisión, tedio… Y todos tratan de buscar la felicidad pese a lo adverso de las circunstancias. Él da vida a vida a un felino extremadamente sensible de nombre Manchitas, con ganas de escapar y rodearse de gatas, pues ya no soporta las locuras de una dueña enganchada a los ligues virtuales. Su personaje es, sin duda, el que se lleva la peor la parte: la despiadada mujer le castra solo porque huele mal. A mitad de camino entre la risa y el estremecimiento se sitúa también Yernos que aman, obra estrella de La Pensión de las Pulgas este verano, que le condena con cada función a una familia putrefacta cuyos miembros se comportan de modo salvaje e impulsivo. Los cuatro hijos de una madre abnegada intentan salvar sus respectivas relaciones sentimentales para paliar carencias afectivas del pasado, pero ninguno sabe cómo gestionar el amor. Él aparece ante el respetable como un hada travesti que abre los ojos a la hermana menor del clan, una artista que arrastra una severa falta de autoestima debido a su obesidad en la infancia. Esa frágil situación personal se ve agravada cuando la pretende un militante de Nuevas Generaciones aparentemente encantador, pero que acaba gozando con su sufrimiento, hasta el punto de masturbarse mientras ve cómo ella se atiborra a magdalenas. Lejos de sugerirle que abandone semejante idilio, el hada recuerda a la muchacha que no encontrará nada mejor.
 
 

 
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió dedicarse a la interpretación?
− ¡Sí! Fue mientras estaba en un centro juvenil de Cartagena al que iba de pequeño. Allí organizaban una obra de teatro cada temporada y me ofrecieron un personaje cuando tenía 9 años. Ese fue mi primer contacto con las tablas y supe que esto era lo mío nada más finalizar los ensayos. Además, en esa época ya nos hablaban de las profesiones en el colegio, nos preguntaban qué queríamos ser de mayores. Y pensaba: “Si es un oficio, de mayor seré actor”.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− ¡Fue a una cámara de vídeo! En mi casa tenían por costumbre poner una a modo de cámara oculta para ver nuestras reacciones al abrir los regalos el día de Reyes. Yo la descubrí y, antes de que se despertara toda mi familia, grabé un mensaje: les pedía que me apuntaran a un curso de teatro porque iba a ser actor. Luego bailaba y hacía un poco el ridículo para que vieran mis dotes artísticas y apostaran por mí [Risas].
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Presentarme a la prueba de Conchín se lo traga. Allí conocí al director del casting y también de ese cortometraje, Abel Zamora, un polifacético artista del que yo era y soy muy seguidor. Al final interpreté un papel en esa historia y, gracias a que el trabajo genera trabajo, tiempo después contó conmigo en un montaje teatral suyo. ¡Así llegó mi debut profesional sobre las tablas! Es la persona que más me ha enseñado en esta profesión pese a lo joven que es. Si no hubiera ido a esa convocatoria, hoy mi vida sería bastante diferente… Y para peor, pues me siento muy afortunado de estar como y donde estoy. Gracias, Abel.
 
 

 
 
 
− ¿A cuál de los personajes que ha encarnado le tiene especial cariño?
 − El Raúl de Azul#15, un texto producido por CanallaCo Teatre, fue un personaje precioso. Aquel chico de 15 años se suicidaba, pero vivía en el recuerdo de sus amigos ya treintañeros, donde se pasaba los días en el trampolín de una piscina.  
 
Si el teléfono dejase de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
 − Mi teléfono no suena en exceso, así que haría lo que estoy haciendo ahora, montar obras y crear proyectos audiovisuales con mi compañía: La Conmovida Producciones. En ella trabajo junto a Marta Belenguer, Abel Zamora y Mentxu Romero.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− No creo en eso. Hasta quienes optan por un futuro profesional que tenían muy claro pueden pasar alguna etapa ofuscados con su trabajo por un millón de factores. Al fin y al cabo, se trata de algo vocacional, y cualquiera que se dedique a su oficio desde el amor sabe que tirar la toalla no entra dentro de los planes. ¡Más bien hay que aferrarse a ella!
 
¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− Por desgracia, no he participado en demasiados proyectos audiovisuales, aunque en este momento es lo que más me apetece. Desde 2011 estoy metido en el teatro y solo he rodado algún cortometraje. ¡Ojalá tuviera muchas anécdotas que contar en ese sentido! Recuerdo que en Deazularrojo me deban unas cuantas tortas y vino un especialista para enseñarme a soportar mejor los golpes y conseguir que todo ese altercado quedase bien frente a la cámara. ¡Deseé que se abriera el suelo y largarme! [Risas]. Al final acabé tan fascinado con el mundo de los especialistas que luego quería más.
 
 
 

 
 
 
− ¿Le gusta verse en las series y películas en las que ha participado?
− Nunca he estado en un filme ni en una serie, pero espero que eso acabe ahora que he llegado a Madrid. Me parece curioso verme en mis pocos trabajos audiovisuales, aunque no es en un sentido de disfrute, sino de aprendizaje.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del celuloide español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− No creo que en sí mismo tenga problemas, los problemas vienen del boicot que hay detrás. Como ya he dicho, mi relación con el cine se limita a lo que me cuentan compañeros y amigos que sí trabajan en películas, así que me siento como una miss ante esta pregunta [Risas]. Sí resulta evidente la mala gestión que se hace, la nula transparencia que existe, la poca visibilidad que tiene la producción de nuestro país… Y solo tengo una respuesta: lograr un Gobierno que apueste de lleno por la cultura para que así salgan por fin a la luz esas nuevas generaciones que quieren contar tantas historias originales.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− A los dos. ¡Ya nos apañaríamos para cuadrar horarios! Cada uno es brillante en lo suyo, y como soy un gran seguidor de ambos, no dejaría escapar a ninguno.
 
 

 
 
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le emocionó?
− ¡Uf! Así, en frío, no me vienen nombres a la cabeza. Soy un chico duro, no lloro fácilmente, ¿eh? [Risas].
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como ‘leit motiv’ personal?
− Creo que no tengo ninguna, no soy de retener citas. Ahora mismo se me ocurre una que dicen en Las ventajas de ser un marginado: “Tenemos el amor que creemos merecer”.
 
− ¿Qué filme ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
− Tengo varias películas fetiche, no tanto por sus diálogos, sino por las coreografías. Es el caso de Palíndromos, dirigida por François Ozon, o la maravillosa Toy Story 3.
 
¿Cuál fue la última cinta que no fue capaz de ver hasta el final?
− Soy de esos a los que les costó muchísimo ver del tirón Holy Motors. No sé si me parece infumable o una obra de arte. Desde luego, no volvería a verla.
 
− ¿Recuerda alguna anécdota que haya vivido como espectador en un teatro o sala de cine?
− ¡Sí! Una actriz cuyo nombre no voy a decir se atrevió a preguntarle a un espectador en mitad del espectáculo si estaba hablando por el móvil. El bochorno se lo llevó ella, ya que el pobre señor solo tenía la mano puesta en la oreja. Revelar esto tal vez sea un poco cruel, porque la chica quiso desaparecer, pero ese momento fue muy grande para quienes lo vivimos desde fuera.
 
 
 

 
 
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− Veo casi todas las españolas porque me gusta saber qué se cuece y está bien apoyar nuestra ficción. Ahora mismo sigo como un loco A dos metros bajo tierra por varias razones: su manera de narrar la historia, esas reacciones maravillosas, esos actores… ¡Hasta los figurantes están de Oscar!
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer esta profesión?
− Marta Belenguer y Sergio Caballero me han enseñado a ser  humilde, a solventar problemas estando ya en escena, a madurar… Aprendo de ellos con solo mirar cómo trabajan, ya sea en calidad de compañero o simplemente como espectador. Me inicié a las órdenes de Caballero y fue un grandísimo guía. ¡Le estaré eternamente agradecido por todos sus consejos! Siempre será, junto a Abel Zamora, como un padrino.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− ¡Contestar a esta pregunta es un marrón! Digas lo que digas, suena pretencioso. Mi fortaleza no es otra que tener la suerte de llevar mucho tiempo trabajando y aprendiendo junto a los mejores. Así uno crece sin darse mucha cuenta.
 
− ¿Y débil?
− Me hace falta rebajar un poquito la energía y relajarme más.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− Otro que tiene que ver con los escenarios de Madrid, pero no puedo decir nada. He venido para quedarme y no parar. Pase lo que pase.
 
 
 

 
 
 
− ¿Qué sueño profesional tiene?
− A corto plazo me gustaría representar en Madrid un texto de Fassbinder titulado Gotas de agua sobre piedras calientes. Descubrí la versión cinematográfica cuando me enganché al mundo de François Ozon y me tocó muy adentro. Aunque suene pretencioso, me vi haciendo esa historia. Y es que me enamoré de los personajes, el formato, los colores y la música. ¡No me gustaría que se quedara solo en un sueño!
 
− ¿Qué canción simboliza el momento actual de su vida?
− Escogería Creep, de Radiohead, o cualquier versión que exista de ese tema. También diría la banda sonora de Las posibles vidas de Mr. Nobody, una canción de Joy Division llamada Disorder, alguna de Vetusta Morla en modo aleatorio…
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− Que ha bajado el IVA, vuelven las subvenciones, no existe el paro en España, las familias sin hogar ya tienen su hueco… Y que se estrena en un par de meses Gotas de agua sobre piedras calientes en el Matadero o el Teatro Lara.
 
− ¿En qué otra época de la historia le gustaría vivir?
− Una no muy lejana, quizá hace 10 o 12 años. Por entonces los cines y teatros se llenaban, no se cerraban tantas salas, había un sueldo digno para todos… Si todo lo que llevo trabajado lo hubiera hecho unos años atrás, ahora seguramente no estaría poniendo copas algunos fines de semana.
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− La visibilidad y la ayuda que nos dais a los actores. Y lo atentos que habéis sido al ofrecerme esta entrevista. ¡Gracias!
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