twitter facebook instagram
Inicio Aisge
Noticias Entrevistas Cursos
 
ˇSelfi!
Versión imprimir
Diego Cabarcos
¡SELFI!  UN CUESTIONARIO PARA NO CORTARSE UN PELO

 
Diego Cabarcos
 
Un VHS de Chaplin y la corpulencia de Neptuno
 
 
 
• Nada más levantarme... Telediario y un buen desayuno.
 

• La primera página web a la que le echo un vistazo cada día… The Washington PostThe New York Times. ¡Ejem! Bueno, vale: SoloActores y Facebook.
 
 
• El objeto más preciado que tengo por casa… es una pata de jamón que me han traído mis padres. Me encanta. ¡Ñam!
 
 
• Las horas se me pasan volando cuando… estoy en las nubes, en las quimbambas, en la Cochinchina...
 
 
 Una manía que no puedo evitar… Cada vez que como cualquier cosa me lavo los dientes.
 

• No me acuesto sin… antes leer una de las Cartas a un joven poeta, de Rilke. Es una costumbre que tengo desde hace un par de años. No lo hago cada noche, pero sí la gran mayoría.
 
 
 Jamás podré olvidar el momento en que… vi por primera vez un VHS con sketches de Chaplin. Con los años descubrí que mi favorito se titulaba Charlot a medianoche. Me sabía de memoria los textos de los intertítulos que iban apareciendo.
 

 El juguete que me volvía loco de niño… era una marioneta de peluche de una jirafa. Se llamaba Lupin. Todavía la guardo.
 
 
 Mi primer recuerdo televisivo… La familia Telerín cantando el "Vamos a la cama, que hay que descansar". Lo veía en un viejo televisor en blanco y negro.
 
 
 La interpretación me ha cambiado… TODO. Todito. Todo. 
 
 
 La última vez que un admirador me sorprendió... fue en un lujoso restaurante de Wisconsin. Había unas preciosas vistas de la ciudad. Espera un momento... nunca he estado en Wisconsin. Espera un momento... ¿ad-Mirador?
 
 
 Cuando necesito suerte llevo conmigo… No soy nada supersticioso. De hecho, mi número favorito es el 13. 
 
 
 Soy un absoluto desastre... planchando. Se me da fatal.
 
 
 La última vez que pasé vergüenza... No recuerdo haber pasado por Vergüenza. ¿Es un pueblo de Castilla? 
 
 
 La app más reciente a la que he hecho hueco en mi móvil… es una para escuchar la radio. Si no hay problemas de publicidad, su nombre es TuneIn Radio.
 
 
 Flipé por la casualidad de… Siempre que conozco a un gallego en Madrid me parece algo casual. ¡Como si yo fuyera el único! Y si es de Lugo, ni te cuento: una fiesta.
 
 
 No tengo pelos en la lengua para hablar de… lo mal considerados que están los oficios artísticos y vocacionales en España. ¡ZAS!
 
 
 La gente se parte de risa cuando cuento... anécdotas del restaurante donde estoy trabajando los fines de semana. Hay miles.
 
 
 A veces me miran como un bicho raro por… ¡Llevar sombrero! O quizás miran al loro que me acompaña posado en mi hombro. Pero un loro no es un bicho raro, ¿no?
 
 
 Menudo susto me llevé cuando... el doctor me dijo que iban a operarme de urgencia de un neumotórax porque uno de mis pulmones estaba colapsado y solamente podía respirar gracias al otro. Así, sin paños calientes.
 

 Un personaje histórico con el que me habría tomado un café… Lo ideal sería comer con Walt Disney, que Salvador Dalí nos acompañara en el postre y Elvis Presley se incorporase para el café. ¿Eso es trampa?  
 
 
 No me resisto cuando en la carta de un restaurante veo… ¡lasaña! Soy como Garfield. ¡Ñam!
 
 
 Regresaría mil veces a… jugar con Lúa, nuestra perrita. Es un cruce de podenco que rescatamos de la perrera. ¡No para quieta!
 
 
 Lo que más se aproxima a mi concepto ideal de belleza… es el Neptuno de la Fontana di Trevi. Desde niño pienso: "Ese tío está muy cuadrao".
 
 
 Confieso que me bloquea el miedo a… decir que no. O a decir las cosas como las siento. No soy nada asertivo. Callo muchísimo más de lo que hablo.
 
 
 Quisiera parecerme a… Neptuno. ¡Que no! A mis padres. Es que me han traído una pata de jamón. ¿Dije ya que me encanta? 
 
 
 Cuando me muera... Como escribió Lorca en referencia a un caballo: "Muerto estaré". Punto.
 
 
 Me gustaría ser recordado por... Que no me recuerden. Prefiero que se acuerden de mí aquí y ahora. Mientras respiro. Luego ya veremos.

El delicioso ingenio del lucense Diego Díaz Cabarcos, nacido el día de Navidad de 1988, anima a pensar en un brillante porvenir para su breve carrera. Los espectadores de Centro médico (TVE) le han visto en un capítulo como Juan Marías, que pese a la hospitalización de su chica a causa de unos fuertes dolores que le provocaban incluso desmayos, finalmente cumplía su anhelado objetivo de ser padre. Antes había pasado por la serie musical Yo quisiera (Divinity) para adquirir el bar Micro Abierto, lugar de encuentro de los jóvenes protagonistas, en cuyo escenario podían disfrutar además de las actuaciones de distintos artistas de moda. Compartió entonces secuencias con la mismísima Luisa Martín, Víctor Palmero, Roberto Drago, Pablo Raya...  
 
   Sin cita a la vista con la gran pantalla, su currículum acumula ya varios cortometrajes, buena parte de ellos a las órdenes de estudiantes. A Casting cerrado le siguió el antibelicista Alabama 16:40, que le puso en el pellejo de Mario, un soldado deseoso de volver al hogar. Había ido a la guerra obligado, de ahí su escepticismo, pero sus compañeros entendían el deber de luchar como un compromiso con los demás. Cuando le disparaban se resolvía la engañosa trama: se trataba en realidad de una reñida partida de paintball con gente de su oficina. Mayor visibilidad alcanzó la comedia No esquives, participante en el Notodofilmest, donde corría desesperado por una ciudad. Su persecutor nunca aparecía en pantalla, hasta que de pronto le acorralaba contra una verja... y resultaba ser uno de esos captadores de donantes para una organización. Este año ha sumado la pieza One night with IDidos, con título en inglés por ser un proyecto para la prestigiosa New York Film Academy.
 
   En la Gran Manzana gozó entre 2011 y 2012 de una beca teatral en el Hunter College. Allí representó la archiconocida obra Romeo y Julieta, de Shakespeare, después de debutar en Madrid con un texto del mismo autor: Sueño de una noche de verano. No hace mucho que asumió el reto de La necesidad del náufrago, con 40 personajes en 16 historias para solo cuatro actores, una montaña rusa en la que el público va transitando a ritmo tripidante de la lágrima a la carcajada. Ese es el peculiar peaje que se paga al analizar lo que necesitamos en las diferentes etapas de nuestras vidas. 

Por Rubén del Palacio
Versión imprimir
© AISGE 2017   Webmaster   Condiciones de uso   Política de privacidad
Inicio