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Diego Martínez



“Adriana Ozores me sacó la lagrimilla al terminar el rodaje de ‘Rabia”



Este burgalés entró en la treintena por la puerta grande. En septiembre de 2015 llegaba estruendosamente a la pantalla de Cuatro la serie Rabia, una de las novedades de la cadena en la que más expectativas se habían depositado, donde encarnaba al ambicioso policía Santa. Pese a los obstáculos que le ponía la inspectora Rubio (Adriana Ozores), formaba parte de una misión para localizar e internar a varios fugitivos que se habían medicado con un tratamiento clandestino contra una enfermedad y contrajeron por ello la rabia, lo que a la larga les provocaría comportamientos violentos. Con personalidades muy distintas, los infectados convivían en un albergue abandonado, lejos de la presión policial. Pero el panorama se complicaba cuando se manifestaban los primeros casos del virus. Durante la persecución se sentía atraído por la contagiada Lola (Elisa Mouliaá), a quien reunía con sus padres a cambio de información sobre el paradero de sus compañeros. En los ocho episodios engrosó un elenco que también incluía a Concha Cuetos, Fele Martínez, Malena Alterio, Paco Tous, Patricia Vico, Carles Francino, Nuria GonzálezEstos días graba en Sevilla un papel episódico para esa exitosa concatenación de enredos entre andaluces y vascos que es Allí abajo.
 
   A la pequeña pantalla saltó en 2014 con Amar es para siempre. En algunas entregas de la segunda temporada dio vida al gitano Curro Linares, cuya hermana María estaba comprometida con su primo, pero la pareja se rompía por el amor incontrolable de un joven payo hacia la muchacha. Ese motivo bastaba para que el clan retuviese a semejante enemigo en el poblado, hasta que la tía del chaval (Raquel Infante) aparecía allí con el propósito de llevárselo. Y no se mostraban dispuestos a liberarle si no les pagaban una suma de dinero para compensar la boda anulada. Después de repudiar a la novia, el honor familiar ya era lo de menos, solo importaba el negocio. Al final el patriarca acababa permitiendo que los enamorados se marcharan sin poner condiciones. Su currículum televisivo incluye los pilotos de dos series que no salieron adelante, Reset y Gaps, esta última entorno a un grupo de amigos que montaban una asociación cultural tras recurrir al crowdfunding.
 
 
 

 
 
 
   A 2011 se remonta su debut cinematográfico con el filme independiente Despedida de soltero. Cuatro amigos regresaban al pueblo en el que se habían criado para celebrar por adelantado la boda de uno de ellos, pero descubrían que los entrañables vínculos de la infancia ya eran débiles. La decepción dejaba paso al estupor cuando otro de la pandilla, convencido de que los demás sabían que era un asesino de mujeres, acababa con la vida de casi todos. Solo conseguía escapar uno, aunque el criminal le amenazaba con la muerte de su familia si le delataba. A fin de evitar ese riesgo, el superviviente se aislaba bajo la apariencia de un vagabundo. El mismísimo Jorge Sanz hizo un cameo ante la cámara pese al reducido presupuesto del título.
 
   A finales de 2015 vio la luz en TVE el telefilme El clavo de oro, un proyecto de Antonio del Real que había naufragado a mediados de los ochenta, quizá por relatar una tragedia acaecida en Semana Santa. En un pueblecito recuperaban una tradición que estuvo prohibida durante dos décadas, a raíz del apedreamiento público de un vecino al que le tocó encarnar en ese festejo al detestado Judas. Con motivo de la nueva celebración, los hijos del asesinado regresaban a la localidad para vengar semejante tropelía, indeleble en su memoria.
 
   Este pasado febrero le hemos visto junto a Katia Klein en el cortometraje Equis o corazón, uno de los que Roberto Pérez Toledo rodó para El Corte Inglés por el día de San Valentín dentro de la campaña #LaSuerteDeQuererte. Su Jota estaba colado por una chica y le irritaba que usase redes sociales de ligoteo y no se mostrase tan involucrada como él. Pero con la tímida confesión de sus sentimientos lograba que ella se diera cuenta de que no quería perderle. A las órdenes del cineasta canario también estrenará este año la orgiástica película Como la espuma, donde pone cara a Jorge, muy aficionado a vivir intensamente. Por eso acude a una macrofiesta sexual en un chalé, pero allí encuentra el amor de forma inesperada gracias a la dulce Elisa (Sara Sálamo), quien cambiará los esquemas de su desmadrada existencia. Y es que lo emotivo se impone a lo carnal en esta comedia con una quincena de personajes entre multitud de figurantes.

 
 
 
   Su formación en la escuela de Cristina Rota desde 2008 a 2012 le curtió sobre los escenarios con el espectáculo La katarsis del tomatazo, en el que los números creados por los alumnos se sometían a un curioso veredicto por parte del público: cada propuesta recibía aplausos o una lluvia de tomates en función de si gustaba o no. En 2011 se puso a las órdenes de Indalecio Corugedo, responsable de la compañía Enebro Teatro, para representar el poema Ayax por ejemplo. Sus versos repasaban aspectos fundamentales de la cultura europea mediante la mirada de Heiner Müller, el dramaturgo alemán más importante de finales del siglo XX, quien los escribió en un hotel del Berlín reunificado poco tiempo antes de su muerte. Junto a Corugedo participó también en el festival Fringe de Edimburgo con el montaje Devotion, que después le llevaría de gira por Colombia durante 2012. De temática taurina, sus escenas se adentraban en la intimidad de un matador a punto de tomar la alternativa, acompañado siempre por el mozo de espadas. Él puso cara a ese abnegado asistente que ayudaba al diestro a vestirse de luces, un ritual en el que salían a relucir temas como el miedo, la fe religiosa, el hambre de triunfo y el amor. En ese universo masculino irrumpía María (Violeta Orgaz), una activista en favor de los derechos animales de quien el protagonista se enamoraba... hasta el punto de llegar a cuestionarse su vocación.
 
   De regreso a Madrid le esperaba el desafortunado Romeo Montesco de la emblemática tragedia Romeo y Julieta. Aquel 2012 amplió su experiencia escénica con A vida o suerte, que estrenó en la Sala Mirador como colofón a sus estudios interpretativos. Ese texto de Cristina Rota reunía a 21 personajes en la puerta de un cine para abordar el drama de la clase media mediante situaciones unidas por el hilo conductor de la suerte. Sobre el escenario desfilaba un señor que leía a Benedetti mientras esperaba el inicio de la sesión, un vagabundo enloquecido, la limpiadora, un grupo de fumetas o el conserje. Además de dar rienda suelta a la improvisación, los actores se encargaron de diseñar la escenografía y el vestuario, de componer la música…

 
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Se acuerda del momento particular en que decidió ser actor?
− Es una sucesión de momentos y situaciones lo que me ha llevado a dedicarme a esto. Alguien me dijo una vez: “Esto no lo has elegido tú, te ha elegido a ti”. Estoy totalmente de acuerdo con esa afirmación.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− A mi madre. Fui a Burgos para tener una conversación de esas que solo se pueden tener con una madre. Recuerdo que se lo comenté y me respondió: “¿Es lo que quieres? Pues entonces llega hasta el final”.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Las personas que me he encontrado y las oportunidades que me van dando. Soy de los que creen que la suerte se la trabaja cada uno, pero además de ese empeño, siempre conoces a alguien que te marca de una forma especial. Haberme encontrado con mi maestra Cristina Rota o con Adriana Ozores ha sido una fortuna.
 
− ¿Cuál de los papeles que ha interpretado le ha dejado más huella?
− El policía que encarnaba en Rabia, Santa, trajo consigo muchas experiencias bonitas. Me ha dado la oportunidad de probarme y de apretarme las tuercas. Buscando en él, he aprendido muchas cosas de mí mismo, y eso es algo maravilloso.
 
Si el teléfono dejase de sonar definitivamente, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Procuro no pensarlo mucho, pero me dedicaría a algo que estuviese relacionado con la interpretación. Siempre he trabajado con un público, es lo que mejor conozco.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Aunque a veces la toalla pesa un montón, uno no deja a la ligera un estilo de vida. Yo no puedo tirarla.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− En alguna escena de cama, como cuando me tocó hacer de homosexual en una muy subidita de tono, pero también en alguna de acción.
 
− ¿Cuál considera que es el principal obstáculo para el cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− Me gustaría no hablar de problemas, sino de mejorías, como el aumento de las coproducciones con el extranjero. Pero la realidad también tiene sombras importantes: el IVA al 21 por ciento, los elevados precios de las entradas, la ausencia de subvenciones, los convenios de los trabajadores del sector… No es que el celuloide tenga un problema; creo que tenemos un problema como sociedad. Estamos viviendo una curiosa etapa política a la que deberíamos prestar atención. No sé cuál es la salida, pero me gustaría mucho encontrar en España algunas cosas que voy viendo en otros países. En Colombia o EEUU se estimula la mente de los jóvenes con actividades como el teatro, la oratoria, el debate o la filosofía. Dentro y fuera de las aulas. Eso genera un interés que después se ve reflejado.
 
 
 

 
 
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− Al terminar la grabación de Rabia, Adriana Ozores tuvo un detalle maravilloso conmigo. ¡Me sacó la lagrimilla! [risas].
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como leit motiv personal?
− “Solo en la imaginación somos realmente libres para actuar” (El club de los poetas muertos). “Todo lo que tengo en esta vida son mis cojones y mi palabra” (Scarface). También me encanta este diálogo de Alicia en el país de las maravillas:
 
−     Alicia: ¿Cuánto tiempo es para siempre?
−     Conejo blanco: A veces, solo un segundo.
 
− ¿Puede contarnos alguna anécdota divertida suya como espectador en un teatro o sala de cine?
− Fui al teatro ver a un compañero. Ofrecía un monólogo, y cuando me vio allí, se le fue el texto. ¡Se quedó completamente en blanco! Empezó a improvisar, lo que le llevó a un ataque de risa incontenible que contagió a todo el público.
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− A Breaking Bad, Narcos, En terapia. Todas ellas tienen una forma muy diferente de narrar historias potentes, con guiones bien elaborados, personajes redondos… En ocasiones rebobino alguna secuencia porque necesito verla de nuevo, quizá sorprendido por cómo se ha contado.
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer esta profesión?
− “Mantente siempre en movimiento y trabaja mucho. Todo ese esfuerzo multiplícalo luego en paciencia”. Igualmente inolvidable me parece este: “Sé honesto y humilde”.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Disfruto mucho de lo que hago, así que procuro hacer el trabajo cómodo para todos. Soy cercano, atrevido, me pongo a disposición de cualquier escena.
 
− ¿Y débil?
− Soy impaciente. ¡Y los actores tenemos que esperar mucho!
 
 

 
 
  
¿Cómo titularía la autobiografía de lo que lleva vivido hasta ahora?
Habido y por haber.
 
¿Adónde le gustaría teletransportarse mañana?
− A Venice Beach, las montañas de Edimburgo, los cafetales de Colombia… En esos sitios encontré mucha paz. Dicen que uno siempre vuelve a los sitios en los que ha disfrutado de la vida.
 
− ¿Qué canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
Vivir mi vida, de Marc Anthony. Me gusta la salsa y comulgo con esa letra.
 
− Ahora que no nos escucha nadie, ¿cuál es el próximo proyecto que se trae entre manos?
− En abril voy a estrenar Como la espuma, un largometraje que he rodado con el director (y amigo) Roberto Pérez Toledo. También acabo de grabar un par de cositas, una en inglés y otra en castellano, pero por ahora no puedo contar mucho más…
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Seguir viviendo de esto. Y algún día también me gustaría mucho dirigir una película.
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− “El hambre en el mundo se ha terminado y por fin se ha encontrado una cura para el cáncer”.  ¡Todo en la misma página!
 
− ¿Qué otro período histórico elegiría para nacer?
− Los años sesenta o setenta en EEUU o la Italia del Renacimiento.
 
¿Con qué parte de su cuerpo se siente más satisfecho? 
− Con mi clavícula. ¡No sé por qué extraña razón! [risas].
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− El trato que he recibido de vosotros siempre ha sido excelente. En varias ocasiones he disfrutado de las actividades en el Centro Actúa, aunque una vez no pude asistir a una charla por cuestiones de aforo. Entonces pensé: “Si estas iniciativas funcionan tan bien como para estar abarrotadas, ¿por qué no repiten y ofrecen una convocatoria más?”.
 
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