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16-03-2015 Versión imprimir

 


Diez años de ‘Coolness’,
la ficción basada en modernos reales



No había redes sociales, pero sí conversaciones sobre cine y música que se acercaban al delirio. El cortometraje que profetizó y parodió el ‘postureo’ cumple una década





FRANCISCO PASTOR
Hace diez años no existían los tuits, los filtros de Instagram ni, mucho menos, las fotografías protagonizadas por platos de comida. La palabra postureo ni siquiera figuraba en nuestro vocabulario. Pero, como el dinosaurio del cuento, este ya estaba allí cuando despertaron las redes sociales. Y así lo contó, entre carcajadas, un grupo de jóvenes en Coolness, el cortometraje de cuyo estreno se cumplirá una década el martes 17 de marzo. A pesar de que este se reía de una tribu urbana muy concreta, el recorrido de la pieza, en aquellos tiempos en que los realizadores viajaban con la lata de la película bajo el brazo, incluyó menciones y premios en numerosos festivales.
 
 
 
El equipo de rodaje, al completo
El equipo de rodaje, al completo
 
 
 
   “Recuerdo una etapa de mi vida en la que salíamos de juerga y, al final de la noche, en la casa de alguien, aparecían conversaciones delirantes, muy fingidas, sobre cine y música. Muchas veces me preguntaba qué haría yo ahí, y de ahí partió la idea”, cuenta Daniel Rebner, director de la obra, escrita a medias con Marta Vargas-Machuca, entonces su pareja. A través de ensayos, improvisaciones y muchas bromas, los dos fueron apuntalando un guion en el que recogían los extremos más risibles de aquellos a quienes hoy llamamos hipsters y entonces eran, simplemente, modernos: “La película fue la consolidación de una serie de expresiones de las que nos reíamos. Primero el culto, luego los diálogos. No al revés”.
 
   La voluntad de pertenecer a una comunidad, para el realizador, no conoce épocas ni  lugares, así como salpica a más grupos que aquellos a quienes escuchamos hablar de las bondades del vinilo. De hecho, otras de sus ficciones posteriores estarían dedicadas a los chonis, tribu urbana que el director ha visto nacer a lo largo de estos diez años y que, a nivel de estructura y vocación, guarda similitudes con su opuesta: “Entonces no se podía publicar todo en cualquier momento, y por eso estas conversaciones eran más buscadas y más forzadas. Hoy hay otras cosas, y se lleva lo de ser un influencer y conseguir muchos espectadores, pero el espíritu es el mismo”. El autor, así las cosas, aludió a varias generaciones de iconos musicales y cinematográficos en el texto que acabaría recitando un heterogéneo elenco de seis actores. Con timidez, alguno se reconocía ante el director como parte de aquello que la pieza parodiaba.
 
 
Teresa Hurtado de Ory y Johann Wald
Teresa Hurtado de Ory y Johann Wald
 
 
 
   “La obra recoge momentos muy reales. Algún amigo hasta se enfadó, porque encontraba en los diálogos expresiones que se le escapaban a él”, ríe Rebner. En cambio, el grueso de los espectadores no se identificaban tanto con el objeto del escarnio, sino en quienes lo llevaban a cabo desde la comedia. También, con ese giro que muestra a los más exquisitos tan incapaces como cualquiera, en realidad, de escapar de la cultura popular. La ficción recorrió más de 60 festivales y viajó hasta Colombia, Perú o la República Checa, aunque acumuló sus más de diez menciones dentro de España: en reiteradas ocasiones votada por el público, pero también apreciada por los jurados.
 
   Más de una década después de aquel fin de semana de rodaje, la actriz Covadonga Mare continúa siendo amiga del director. Ella recuerda, en concreto, el certamen celebrado en Astorga: “Allí la media de edad rondaría los 50 años, y claro, nos decían que les había encantado, pero que no se habían enterado de nada”. Para la intérprete, hoy desencantada con la idea de las etiquetas o las tribus urbanas, pero más con la industria audiovisual, “el cortometraje es atemporal y hay muchos más culturetas que entonces, pero a mí me tocó interpretar a una pija que soñaba con ser moderna, y fueron maniobras como esa las que sí caracterizaron a esa generación”.
 
 
Covadonga Mare
Covadonga Mare
 
 
 
   De hecho, esa idea de que el postureo se enseña y aprende es la piedra angular de un cortometraje en el que también actuaron Nacho López o el presentador Johann Wald, que pasó un tiempo sorprendido al ver que en algunos grupos se le reconocía más por su papel en Coolness que por su trabajo en la MTV. No en vano, en aquella producción que involucró a casi 40 personas, cada rasgo de esa escenografía que provocaría un soliloquio sobre lo trendy y lo petardo estuvo apuntalado hasta el último detalle. También el recopilatorio con las baladas en español de Roxette, que Rebner se encontró al deambular por Madrid Rock y acabaría desatando uno de los vuelcos en la trama. “Hay que saber reírse de uno mismo y, desde luego, hay quien se ríe al verse reflejado en este cortometraje. Le tengo muchísimo cariño”, recordaba, hará unos meses, Teresa Hurtado de Ory, quizá la única actriz del reparto que sí continuaría, a largo plazo, actuando frente a la cámara.
 
   “Lo grabamos durante un fin de semana, por amor al arte y sin ver un duro. Pero volvería a hacerlo, y rodaría el tiempo que hiciera falta”, cuenta Mare. A los 36 años, el cortometraje es uno de los grandes recuerdos de aquellas primeras veces, ya pasada la escuela de arte dramático. Su director, en cambio, no sabría por dónde empezar si hoy tuviera que apuntar con el dedo a los posturetas más contemporáneos. “Estoy muy desconectado del mundo cool. Supongo que tiraría de quienes andan haciéndose fotografias con un palo”, reconoce el realizador. Para ocupar ese lugar de lo arrolladoramente mainstream, que también apareció retratado en su cortometraje, el madrileño escogería a Pablo Alborán. En homenaje a los textos que entonces declamaron, los iconos de culto permanecerían intocables, al menos para la actriz: “David Bowie, siempre”.
 
 
El director y sus actrices
El director y sus actrices
 
 
 
   Hoy los madrileños Cines Rex (que fueron los primeros en proyectar la pieza) ni siquiera existen. Aquella mítica tienda de discos que alojaba toda suerte de música ha dejado paso al establecimiento de una cadena de  ropa. También los espectadores reflejan el paso del tiempo; sobre todo, el hecho de que entonces se dividieran entre quienes se sentían ofendidos por esta colección de retratos y quienes, al contrario, rieron con la pieza. Es una dicotomía probablemente superada: nadie dudaría de que, diez años después, los protagonistas del postureo están más inclinados que antes a fagocitar parodias como esta y aprovecharlas como parte de su propio discurso. Y entre risas, Mare deja caer una revelación: el escenario en el que estuvo rodando, y que pretendía exponer la geografía de lo moderno, le recordaba, aunque solo un poco, a la casa del director. 
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