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28-07-2015 Versión imprimir
Borja Pérez, en su cuarto y sobre el edredón de 'Qué vida más triste'
Borja Pérez, en su cuarto y sobre el edredón de 'Qué vida más triste'
 
 
“Internet abre puertas, pero no hay
oro que buscar”


Protagonista de ‘Qué vida más triste’, el primer gran éxito en la Red, Borja Pérez nos cuenta su relación con un medio al que se acercó junto a un par de colegas de instituto para divertirse
 
 
NURIA DUFOUR
(texto y fotos)
Basauri, Vizcaya. Una década después, idéntico decorado donde entre 2005 y 2008 Borja Pérez y Joseba Caballero se interpretaron a ellos mismos para las 106 primeras entregas de Qué vida más triste, dirigida por Rubén Ontiveros. Esa serie fue pionera en el formato videoblog, un término al cual éramos ajenos entonces en España. Se grababa los sábados por la tarde en el dormitorio de Borja para no molestar a la familia y se subía a Internet los domingos. Cada episodio estaba listo en cuatro horas: dos de filmación y dos de edición. “Buscamos un dominio donde colgar los capítulos para disfrute de los amigos. Ya estábamos hartos de pasarles VHS con nuestros cortos. No imaginábamos la repercusión que aquello podría llegar a tener”.
 
   Eran los inicios de YouTube. Internet vivía en España el estallido de los blogs escritos. Sin pensar que estaban adoptando una revolucionaria manera de contar, dieron el paso decisivo de añadir imagen al blog. El capítulo que dio origen al fenómeno Qué vida más triste fue, de hecho, un plano fijo de noventa segundos en el que Pérez relataba sin titubear lo que había hecho durante la semana. Los siguientes episodios duraban entre tres y cinco minutos e incluían reflexiones sobre cuestiones cotidianas: pareja, amistades, trabajo, películas, videojuegos…
 
   De ahí surgió la sintonía con los seguidores. El boca a boca funcionó y las 40.000 descargas semanales saturaron la página. Recibían más visitas que webs de entidades bancarias o diarios nacionales. La propagación viral de la serie no dio pie, como en tantos casos similares, a disfrutar de beneficio económico. “Dinero no ganamos, aunque sí algún premio o subvención que invertíamos en mejorar el equipo”, admite.
 
   El triunfo vino de la mano de La Sexta. Gracias a la popularidad virtual que cosechó a lo largo de tres años, con dos millones de visitas acumuladas, el equipo de Qué vida más triste desembarcó en la televisión por la puerta grande. El formato se mantuvo, sí, pero la duración por entrega se prolongó a 25 minutos. La producción permaneció en antena hasta 2010, con 109 capítulos vistos por un millón de espectadores de media. Por eso consiguieron añadir exteriores y personajes que en la etapa online habrían resultado impensables. Incluso se permitieron rodar su particular homenaje al filme Regreso al futuro.
 
 
 
Pérez en las calles de Basauri (Vizcaya), su ciudad
Pérez en las calles de Basauri (Vizcaya), su ciudad
 
 
 
¿ Conservó la serie su esencia tras dar el salto desde Internet?
– No perdió nada, solo evolucionó. Ni siquiera sabíamos lo que era una productora, lo que significaba trabajar con un equipo profesional, junto a guionistas, en un plató…
 
Se reprodujo tal cual su dormitorio, el espacio donde nació todo.
Sí. En lugar de grabar en casa de mi madre, rodábamos en un estudio de la productora K2000 en Galdakao. Durante esos dos años me volví un poco esquizofrénico: me levantaba y luego pasaba un montón de horas en un decorado idéntico a mi casa.
 
   Entonces pidió una excedencia en la empresa donde trabajaba como gruista. Y todavía conserva esa profesión. Por el camino rechazó bastantes ofertas, incluso trasladarse a Madrid para hacer teatro. “No quería moverme de aquí”, asegura, “hoy sigue dándome vértigo esa idea”.
 
Después de semejante éxito, ¿puede vivir ya de Internet?
No como youtuber. Aunque es verdad que Internet abre puertas, no hay oro que buscar. Al menos por ahora. La Red y la televisión deberían ir de la mano: la gente recurre cada vez más a la primera y menos a la segunda.
 
– Usted alterna una con otra y recibe una compensación.
Tampoco da para vivir. Si hoy das una patada, salen cientos de webseries, miles de videoblogs… Los chavales de 12 años buscan dinero rápido subiendo vídeos. La competencia es brutal. Yo pillé una época en la que todo esto empezaba. Estuve en el sitio ideal y en el momento adecuado. Pese a ser conocido, no me forro.
 
– ¿Qué opina sobre el uso del término low cost para referirse a las ficciones online?
– Se están aprovechando. Es un atraco a mano armada. Están exigiendo precios de Internet para producciones de la tele. No creo que recuperemos aquellos años de bonanza.
 
   Tras Qué vida más triste llegó Descarga completa como encargo de la revista Cinemanía. Borja Pérez analizaba en ella los estrenos de la semana desde el humor. “Cada película nos servía de excusa para disertar sobre la vida misma”. Al equipo original no le han faltado proyectos desde entonces. Basauri Kind Rewind se concibió como tributo al largometraje Rebobine por favor y encadenaba versiones muy personales de clásicos del terror como El resplandor o Pesadilla en Elm Street. Continuaron con los cuatro episodios de Basauri Vice que produjo El Terrat para el canal TNT. El argumento presentaba a detectives cutres que patrullaban las calles del municipio vizcaíno. “Lo antihéroe está en nuestra base”, sentencia.
 
Dicen sobre usted que es uno de los grandes talentos de la comedia online.
No llamaría humor a lo que hago. No intento hacer gracia ni finjo ser gracioso. Soy así. Santi Ugalde [el actor que encarna a su padre en Qué vida más triste] me decía: “Tú eres natural”. Disfruto riéndome de mí mismo, algo muy vasco, y a la gente le gusta esa manera tan libre de interpretar la realidad. También supongo que influyen mis orígenes andaluces por parte de padre.
 
El trabajo para Internet implica pensar en una audiencia global. ¿Tiene siempre presentes las expectativas respecto al público?
Ni me lo planteo. Hago todo lo que hago porque me gusta y lo paso bien. No me presiono ni me presionan. Incluso me dan libertad para compaginar esta faceta con el trabajo en la grúa. Igual mañana solicito otra excedencia y me dedico plenamente a esto.
 
En 2012 comenzó su andadura como youtuber con tutoriales de videojuegos.
– El grupo Vocento contactó con nosotros y nos propuso una webserie llamada Videojuegos para la sección de esa misma temática en El Correo Digital. En estos tres años hemos lanzado un capítulo a la semana.
 
– Y la han enlazado con Basauri Mirror, del canal Top Trending Video de Atresmedia...
Sí. Es una especie de Black mirror [producción británica de terror futurista]. Rubén y yo somos fans. La nuestra consta de 10 capítulos que hemos grabado en nuestras casas con situaciones de lo más absurdo.
 
   Ahora colabora en el programa Sopa de gansos (emitido por Factoría de Ficción) con la miniserie Dynamito, el nombre de un personaje que salió de Vadejuegos, con el cual daban una vuelta de tuerca al ilusionista británico Dynamo.
 
Canal Plus o TNT pueden convertirse en ventanas para productos atípicos.
Si no están ahí, ¿dónde salimos? Me alegra su existencia, aunque su público sea minoritario. Cuando voy a Madrid me da mucha envidia ver la cantidad de salas alternativas que abren. Así uno se atreve con cualquier propuesta teatral, por descabellada que sea. Aquí no hay nada de eso.
 
28-07-2015 Versión imprimir
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