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24-06-2015 Versión imprimir
Foto de familia con los autores, presentadores y demás artífices de este XIV Taller
Foto de familia con los autores, presentadores y demás artífices de este XIV Taller
 
 
Palabras para vivir
por segunda vez


Las autobiografías de Valentín Paredes, Marián Conde, Miguel Palenzuela, Paca Gabaldón y Pepe Carabias coronan la XIV edición del Taller de la Memoria
 
 
FRANCISCO PASTOR
Reportaje gráfico: Miguel García-Gallo
De un primer vistazo el murmullo se intuye irrompible, aunque más tarde bastará con que Pilar Bardem se acerque al micrófono para inaugurar el silencio. Son más los mayores que los jóvenes, pero hay asistentes de todo tipo entre los más de cien congregados en la Fundación AISGE. Al otro lado de las ventanas, en la madrileña calle de Ruiz de Alarcón, diluvia y hasta truena, pero poco importa aquello en la víspera de la noche de San Juan, dentro de la sala de exposiciones. Los actores Valentín Paredes, Marián Conde, Miguel Palenzuela, Paca Gabaldón y Pepe Carabias han escrito sus memorias, y el calor y la sonrisa que desprenden iluminan todo el cuarto.
 
   Los saludos y las fotografías propias de los reencuentros preceden a la palabra de quienes llegan al final de un camino. Gracias a la última edición del Taller de la Memoria, estos cinco veteranos han prestado los arcos de sus vidas a unas autobiografías editadas y publicadas por la Fundación. Para ello se han reunido cada jueves por la tarde, durante un año –alguno, durante dos–, bajo la tutela y el tesón del también intérprete Juan Jesús Valverde. Contaron, también, con la experiencia de otros actores que emprendieron este camino antes que ellos. Ya son 81 los volúmenes de este catálogo en el que célebres artistas españoles han plasmado sus recuerdos.
 
 
Amparo Climent, durante su intervención
Amparo Climent, durante su intervención
 
 
 
   Aunque es quien ha logrado acallar al público, Bardem cede pronto su protagonismo. Esta incursión por los recovecos de la historia viva partió de la actriz y pintora Amparo Climent, patrona de la Fundación AISGE, hace más de ocho años. Ella, a su vez, acude a Valverde: “Requeríamos una persona especial, que conociera bien a los actores. Este es de nuestros programas más importantes”. Si en algo coinciden los cinco intérpretes que se estrenan como escritores es en que nunca pensaron extraer algún legado de sus vivencias en el trabajo. Costó convencerles, pero al final accedieron.
 
 

 
 
 
   Como recuerda el propio Valverde, los relatos ahora difundidos no guardan rencor, muy a pesar de que algunos, los más, hayan partido de la dictadura. “Prevalece el amor al oficio frente a la locura de la Historia”, resume. Y acude a las palabras de Liv Ullman, aquel rostro desorientado del cine de Bergman, y su soliloquio sobre el envejecimiento: “Cuando los actores se hacen mayores no son capaces de dejar el teatro. Se lo llevan con ellos y hay que dejarles recitar”. Al igual que su tutor, los cinco escritores de autobiografías confían en que sus trabajos puedan resultar de utilidad para quienes dan los primeros pasos en el mundo del arte dramático.
 
   “Hay una memoria social que se esconde en estos libros. En tiempos tan difíciles reconocemos nuestra profesión con ellos. Las vidas que descubrimos aquí son las de todos nosotros”, anota Climent. Al final de la tarde, se verá despejando los asientos de la sala para que estos amigos encontrados puedan compartir un vino. Otros aprovecharán el momento para marchar al vestíbulo, impacientes por comprar alguno de los ejemplares que, desde 2007, han ido conformando la colección.
 
 

 
 
 
Valentín Paredes y El hijo del andaluz
Aunque solo por unos meses, el pacense aún no llega a sexagenario. Como un colegial, cada jueves llevaba ante Valverde algún par de folios que, intuía, nunca serían suficientes. Sin la experiencia de los actores que llegaron al taller antes que él, quizá no habría llegado al final de la escritura, como cuenta, con ganas de una segunda entrega. La periodista Reyes Monforte, autora del prólogo de su libro, entiende que la obra recoge “una vida de película”. No en vano, la carrera de Paredes se estrenó sobre las tablas de Madrid a los 23 años. De allí llegaría al cine, al de Pedro Masó, que le daría uno de sus primeros papeles en La familia bien, gracias (1979), o al de José Luis Garci, que le reclamó en 2004 para Tiovivo c. 1950.
 
 

 
 
 
Marián Conde y Mis caóticas memorias
“Yo no quería esto, y hasta lo he pasado mal. Al final, se me ha quedado estrecho”, cuenta la donostiarra. El sentido del humor acompaña a una actriz que no tardó en enamorar al mundo de la copla. “No es caótica, solo es diversa. Tiene muchos sentimientos, quiere acapararlos todos y es imposible ordenarlos sin que se mezclen”, recuerda el premiado periodista Agustín Trialasos, firmante de las primeras páginas del trabajo. De hecho, a Conde le cuesta dejar marchar el verbo antes de mostrarse eternamente agradecida por la oportunidad de contar su ecléctica historia. También ante los anzuelos que, en la palabra de otros de sus compañeros, le recuerdan aquello que se le quedó por decir.
 
 

 
 
 
Miguel Palenzuela y La memoria recuperada
Este trabajo, según su prologuista, el dramaturgo Jesús Campos, “está escrito desde encima de las tablas”. El intérprete que creció al calor del Instituto de Teatro de Barcelona puede contar mucho de una carrera que sigue sorprendiendo sobre el escenario pero, también, frente a la cámara. Trabajó para Vicente Aranda en La pasión turca (1994), para Julio Medem en Tierra (1996) y para Alejandro Amenábar en Abre los ojos (1997). El artista no entendía que pudiera ser divertido narrar “una vida simple, de trabajo”. Sin embargo, los sucesivos jueves junto a sus compañeros acabarían desmontando algunas de sus ideas: “Me lo he pasado pipa y me bastaría con que alguien sonriera al leer alguna de mis historias”. Junto a él, los congregados se arrancan a mencionar aquellos bares del Madrid más añejo que reunieron a los actores durante décadas.
 
 

 
 
 
Paca Gabaldón y Mis mariposas son libres
“Dicen que las memorias de un actor llegan cuando su carrera ha tocado fondo, pero creo que la derrota está en el olvido”, apunta la barcelonesa. Para ella, volver a recorrer esa trayectoria que empezó pronto y cruzando el mapa desde Turquía hasta Lima ha sido “la experiencia más gratificante” de toda una vida. Quien empezara sus trabajos como modelo para fotonovelas y grandes publicidades y llegara a actuar para Álex de la Iglesia en La comunidad (2000) ha encontrado en el taller “un deber cumplido” que le ha llevado a “vivir dos veces”. De la mano de la actriz Ana Marzoa, esta escritora novel conoce frente al público el prólogo que le ha dedicado el periodista César Vidal: un texto que habla de cómo su inocencia resiste a los embates del tiempo.
 
 

 
 
 
Pepe Carabias y Más… que el arroz con leche
Las cinco décadas de carrera de este madrileño requirieron el doble de tiempo que ese año de  taller propuesto por AISGE. Las palabras de agradecimiento del intérprete se dirigen a la entidad: “Si no existiera, no sé qué sería de los pobres actores españoles. No es un cuento, sino un milagro, que yo haya alimentado a mi familia todo este tiempo con este oficio, el mejor que conozco”. Con todo, la dedicatoria del libro, prologado por Juan Muñoz, de Cruz y Raya, es algo más personal: para su nieta Luna, a quien espera dejar un divertido recuerdo. Por ello, las memorias del también cómico, como anuncia, culminan con esas experiencias más emotivas que enarbolan una existencia dedicada al trabajo. Y a la supervivencia. 
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