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28-06-2019

Quequé

El niño que escuchaba a Krahe y Sabina en el R-5 familiar

 

El cómico salmantino se enfrenta a esta criminal vida moderna con una buena dosis de humor. Cantar es solo una más de las cosas que se le da bien hacer

 


 

Por FERNANDO NEIRA (@fneirad)

Su DNI asegura que responde al verdadero nombre de Héctor de Miguel, le atribuye 42 años (muy bien llevados) y sitúa su nacimiento en un necesariamente frío día de Reyes en Salamanca. En realidad, ese eufónico alias artístico y una muy característica voz varonil, siempre con un regusto a sorna, le convierten en inconfundible en cualquiera de sus aventuras. Que a estas alturas ya son infinidad: ante las cámaras, delante de un micrófono o frente al público, porque Quequé es hombre polifacético, amigo de retos y, por fortuna para la buena salud de nuestra risa, muy poco dado a cortarse un pelo.

 

   Le tenemos sobre todo por cómico, que para eso le vemos en Movistar + al frente del cáustico noticiario temático Locomundo, pero en su caso se da la circunstancia deliciosa de que la radio le ha hecho más célebre que la pantalla: es integrante de La Vida Moderna, el tridente de la sátira que integra junto a Ignatius Farray y David Broncano, y el predicamento en las madrugadas de la Cadena SER se ha extendido hasta el espectáculo La Vida Moderna Live Show, con el que los tres tienen los santos bemoles de abarrotar el WiZink Center madrileño. Desde joven ya fue culo inquieto este hijo del profesor de Literatura Española Emilio de Miguel, insigne catedrático en la universidad salmantina. La agilidad de palabra es, más allá de la socarronería, una de las grandes bazas del Quequé más vitriólico, el que se propone descabezar los títeres sin que duela; solo en nuestros intercostales sacudidos por la carcajada. Ganó el segundo certamen de monólogos de El club de la comediay desde entonces no ha cejado en su mirada incisiva hacia un mundo que no le gusta pero al que saca toda la punta.

 

 

   Quiero ser cantautor (El musical ) representa su “lúgubre pasado como cantautor de provincias”, un espectáculo integral y muy en primera persona, con la sola compañía del guitarrista Raúl Martín. Enseguida se incorporó a 5hombres.com, escenificó Las noches del Club de la Comedia o pasó a formar parte del elenco de The hole. Y todo, mientras el sector del entretenimiento televisivo también captaba sus movimientos profesionales de mayor enjundia, desde Splunge Noche hache y, claro, Estas no son las noticias.

 

   En el cortometraje ha dejado constancia de su faceta más explícitamente actoral con La raya que me raya La gallina manda. Y ahora, por si le sobrara tiempo, se ha puesto a dirigir y presentar un podcast de contenidos musicales, Los teloneros, que puede escucharse a través de las principales plataformas digitales.

 

   En sus ratos libres, que inexplicablemente aún le quedan, … ¡canta! Y muy bien. Lo pueden comprobar en el reciente homenaje colectivo La sonrisa de Krahe, dedicado a la memoria del autor de Un burdo rumor, uno de los artistas más admirados por él tanto en lo profesional como por su dimensión humana. Por eso lo ha pasado solo regular escogiendo y desechando títulos de su Bando sonoro hasta llegar a la media docena. “Esto es muy complicado, y me he dejado fuera tantas canciones que me cambiaron/jodieron la vida que me siento hasta sucio”, se excusa. Aquí van, por fin, estas seis, aunque advierte: “podrían haber sido otras muchas”.

 

 

 

Albert Pla

“Lola” (2006)

 

Albert Pla me voló la cabeza con su primer disco en castellano. Yo tendría 15 o 16 años. Después sacó este falso directo y se lió por una canción en la que la novia del protagonista es una terrorista que hace cosas terribles, y él no sabe si dejarla o no porque está muy enamorado. No había redes sociales y el disco salió sin problemas, aunque con muy poca promoción. Elijo esta canción porque es otra faceta de AP: la ternura y un punto loureediano.

 

 

Joaquín Sabina

“Adivina, adivinanza” (1980)

 

Probablemente La Mandrágorasea el primer disco del que tengo memoria. Fueron muchos kilómetros en el Renault 5 familiar con él de fondo. Desde entonces soy devoto de Sabina y de Krahe. Esta canción me divertía muchísimo cuando era muy pequeño y no la entendía, y me divirtió muchísimo más cuando por fin la entendí. Sátira, mala hostia, buenos golpes de comedia y, en su momento, seguro que molestó bastante. Qué más se puede pedir.

 

 

Gloria Gaynor

"I will survive” (1978)

 

Sí, lo sé, es un topicazo y ha sonado tanto que da un punto de rabia, pero reconozcámoslo: es LA CANCIÓN. Como ex pincha–que no DJ– de garitos con vocación popular y bodas y celebraciones familiares, me ha dado la vida. Es uno de los hitos de la música disco setentera, un himno LGTBI+, una canción que, seguro, ha salvado vidas... Y creo que sin ella nunca hubiésemos disfrutado de Resistiré, del Dúo Dinámico, su equivalente en castellano.

 

 

La Vacazul

“Vienen tiempos” (2004)

 

Jairo Zavala –ahora Depedro– era el guitarrista de la banda de El Club de la Comediay además tocaba blues con Tres Hombres y rock contundente y elegante en castellano con este grupazo que nunca me canso de reivindicar (también doy mucho la turra con Circodelia). Seguro que muchos y muchas agradeceríamos una reunión de La Vacazul para dar unos cuantos saltos y luego ya volver a nuestras obligaciones de cuarentones burgueses…

 

 

Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán

“Señora azul” (1974)

 

Otro caso de injusticia ibérica que yo descubrí ya crecidito, porque cuando salió este disco mis padres igual ni se conocían. Seré breve y poco original, una vez más: para mí es la mejor canción del pop español. Existen numerosas teorías sobre a quién demonios se refiere y algunas leyendas urbanas –desconozco su grado de fiabilidad– en torno a supuestos vetos en ciertas emisoras que no la dejaron brillar como hubiese debido. Pues yo qué sé, pero es un temón.

 

 

Javier Krahe

“Nos ocupamos del mar” (1980)

 

Admiraba a Javier y tuve el honor de tratarle y pasar un puñado de noches con él cuando aún se fumaba en los bares. En alguna de ellas me contó que escribió esta canción con veintipocos años, y yo no daba crédito. O sea, sí, porque era un genio, pero escribir una canción así a esa edad... Era un puto genio en el país equivocado. Y aan así... ¡Krahe vive, la lucha sigue!

 

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