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18-06-2015 Versión imprimir
El escritor Juan José Millás (foto: Elena Blanco)
El escritor Juan José Millás (foto: Elena Blanco)
 
 
‘El cebo’ (1958), la fascinación cinéfila de Juan José Millás


Una oscura película de Ladislao Vajda es la favorita del escritor. “En el cine soy más ingenuo que ante una novela”, dice


ANTONIO FRAGUAS
Destila una improbable mezcla de autoridad y fragilidad, como si fuera un personaje de sí mismo. Tras la primera pregunta parece dudar mientras su mirada vaga por el pasado. En realidad busca el saliente de una palabra concreta para tirar de ella y sacar hileras de frases precisas que reproducen con verosimilitud recuerdos y sensaciones. La película que marcó al escritor Juan José Millás (Valencia, 1946) es una pequeña joya en blanco y negro que transcurre en un opresivo entorno rural. Se trata de El cebo, una coproducción dirigida en 1958 por Ladislao Vajda (Mi tío Jacinto, Marcelino, pan y vino). Millás recuerda la sensación pura: “Con esa película me cagué de miedo. Me produjo un terror sin límites. Tengo un recuerdo muy vago, no la he vuelto a ver”.

   El cebo
es una versión gélida de El flautista de Hamelín, solo que aquí el flautista es un asesino de niños: “Un tipo muy corpulento, con el pelo a cepillo. En la investigación los policías entraban en una escuela y mandaban a los niños que dibujaran al asesino, entonces uno dibuja unas trufas… Quizá el asesino los atraía con bombones de trufa”, relata. Si el novelista evoca la sensación pura es porque vio la película tan niño que no era consciente de estar ante una pantalla: “Fue la primera vez que yo tuve terror en el cine y fuera del cine. De pequeño te metes de tal manera en la historia... Yo creo que debí de verla por error. Mis padres no sabrían qué tipo de película era”.
 
 

 
 
 
   Espanto, ansiedad… Atendiendo a otros filmes españoles que le han dejado huella, los recuerdos cinematográficos de Millás son más traumáticos que placenteros: “Muchas películas me han marcado. El verdugo, de Berlanga, o El crimen de Mazarrón, que no se llamaba así porque la censura lo prohibió al ser Mazarrón una zona turística. Se tituló El extraño viaje [Fernando Fernán Gómez, 1964].  Trata de unas mujeres que matan a un viajante. Se estrenó en agosto para que nadie fuera a verla, quizá. Empezó siendo una película maldita, pero fue creciendo y creo que hoy forma parte de las grandes del cine español”. De los actores se queda con Juan Diego, quien interpretó su monólogo La lengua madre: “Creo que tiene ese magnetismo que reconocemos en los grandes de Hollywood. Llena una pantalla o el escenario. Siempre digo que Juan Diego, de haber sido norteamericano, habría sido un Robert de Niro. Lo recuerdo inmenso en Los santos inocentes…”.


   Ganador de los principales premios literarios (el Nacional de Narrativa, el Planeta, el Nadal…) y con más de una treintena de obras −la última, la novela La mujer loca, de 2014−, Millás nunca se ha inspirado en el cine para asimilar técnicas narrativas y construir historias: “Cuando leo una novela y me gusta lo que ha hecho el autor, me pregunto cómo lo ha hecho, la vuelvo a leer y le miro las costuras. Pero en el cine no hago esto, no soy consciente del plano y del contraplano. Solo de muy mayor y en ocasiones muy raras empecé a pensar en estas cosas. Me pasa con Hitchcock, que es un maestro del punto de vista, o con Orson Welles, que en Ciudadano Kane utiliza posiciones tan aberrantes que es casi imposible que no te agarre la ansiedad. En el cine soy más ingenuo que ante una novela. En una novela me pregunto cómo se habrá hecho, en el cine no”.
 
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