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12-04-2019

EL LOCALIZADOR

 

En el salvaje oeste burgalés

El bello monasterio de Santo Domingo de Silos, junto al valle de Mirandilla, es el exponente de la Castilla más verde. A un paso se rodó ‘El bueno, el feo y el malo’, cuyo cementerio se ha convertido ahora en atracción turística

 

Vista aérea del cementerio de Sad Hill

 

GUILLERMO FERNÁNDEZ DE OLIVEIRA

Las comarcas del rio Arlanza y de la Sierra de la Demanda en Burgos están marcadas a fuego por su historia medieval: son los relatos de la Reconquista, del Conde Fernán González y del mismísimo Cid. En el corazón de esta región se levantan Lerma, Covarrubias y Santo Domingo de Silos: los vértices del llamado triángulo del Arlanza. Una tierra de leyenda que hace medio siglo recibió la visita de uno de los títulos claves del género western. ¿Cómo terminó Sergio Leone rodando El bueno, el feo y el malo… en Burgos?

 

   Al igual que casi toda la España rural, Santo Domingo de Silos acusa gravemente la despoblación. En el último siglo su censo ha caído desde los casi 1.300 habitantes hasta apenas 280 en 2018, y eso a pesar de ser un verdadero faro para el turismo de la zona. El claustro de su Monasterio es una auténtica obra maestra del románico español que atrae centenares de visitantes cada fin de semana. Sin embargo, en los últimos dos años a esta abadía le ha salido una bendita competencia,y todo tiene que ver con el paso de Leonepor la comarca en el verano de1966.

 

Visitando Sad Hill

 

   A finales de la década de 1950,el régimen de Franco se esfuerza por dar signos de apertura y libertad al resto del mundo y encuentra en el cine un vehículo formidable. La variedad de paisajes que ofrece la península y la mano de obra barata suponen los ingredientes necesarios para hacer de nuestro país un sabroso caramelo para las grandes producciones de Hollywood. Espartaco(Stanley Kubrick, 1960) es una de las primeras, pero pronto le seguirían otros títulos míticos: Lawrence de ArabiaEl Coloso de RodasCleopatra El Cid ponen a España en el radar. Y es precisamente el éxito de este último filme, protagonizado por Sofia Loren y Charlton Heston, lo que despierta un interés renovado por los personajes históricos de nuestro país.

 

   Intentando repetir la fórmula, productores españoles y americanos se alían para una gran producción que relata la vida de Fernán González: El valle de las espadas (Javier Setó, 1963). Para esa película deciden rodar en los escenarios históricos de algunas de las batallas y así terminan redescubriendo el valle de Mirandilla. Situado a tan solo tres kilómetros al norte de Santo Domingo de Silos, se trata de un espacio natural majestuoso. Salpicado de sabinas y rodeado por imponentes formaciones rocosas de tipo mesa, es la clase de espacio soñado por cualquier cineasta. Permite tiros de cámara de 360 grados con kilómetros de paisaje al fondo y ni una sola construcción moderna.

 

   A pesar de contar con actores como Espartaco Santoni, Frankie Avalon o Fernando Rey, la película pasó con más pena que gloria, y ahí podría haber terminado la conexión de esta hermosa región con el cine. Pero no era más que el prólogo de lo que se encontraba a la vuelta de la esquina.

 

Lee Van Cleet y Clint Eastwood con un Guardia Civil

El director, Sergio Leone, durante el rodaje en el cementerio

   Tras reventar las taquillas de España e Italia con Por un puñado de dólares (1964) y La muerte tenía un precio (1965), Sergio Leone dispone de un cheque en blanco para cerrar su trilogía. Con un presupuesto superior al millón de dólares,quiere ambientar su nuevo western en la guerra de secesiónamericana. Almería y Madrid ya habían servido de plató para sus anteriores títulos, pero esta vez necesita paisajes más verdes.

 

   Leone plantea su problema a los ayudantes de producción Jose Antonio Pérez Giner y José Luis Bermúdez de Castro, contratados por P.E.A. Films como asistentes para la película. Con vistas a facilitar la logística,desean construir tres grandes decorados en un lugar que permita centralizar todo esa parte del rodaje: un cementerio, un campo de prisioneros y un puente sobre un río con orillas atrincheradas. En El valle de las espadasPérez Giner había trabajado como jefe de producción y Bermúdez de Castro como atrecista. Cuando Leone les cuenta sus necesidades, se lo llevan en helicóptero directo a ese valle de Mirandilla y se enamora del lugar.

 

El equipo de rodaje se hospeda en Covarrubias y Salas de los Infantes, y Franco pone al servicio de la producción 1.000 soldados que ayudarán tanto en la construcción de decorados como interpretando a extras en las batallas. En su mayoría son jóvenes vascos que hacen la mili en Burgos; de la noche a la mañana se los llevan a un campamento militar en Hortigüela. Les pagaban un pastón y 50 años más tarde todavía lo recuerdan como el verano de sus vidas.

 

Campo de prisioneros en 'El bueno, el feo y el malo'

    En Carazo deciden ubicar el campo de prisioneros de Betterville. Sobre el río Arlanza, cerca de Covarrubias,c onstruyen el puente de Langstone y las trincheras, y a medio camino entre Santo Domingo de Silos y Contreras levantan el cementerio de Sad Hill. Aquel camposanto circular de más 5.000 tumbas acogerá el clímax de la película: el mítico duelo a tres entre Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef. Allí ruedan durante poco más de una semana, pero al terminar lo dejan todo abandonado. A lo largo de casi medio siglo ese lugar se convierte en pasto para vacas. Algunos vecinos usan la madera de las cruces para hacer apaños en sus tejados y la naturaleza va cubriendo poco a poco el lugar. En los túmulos de las tumbas, fabricados con tierra de una cantera cercana,aflora el brezo; el círculo del piedra que preside el lugar termina sepultado por un manto vegetal de casi 20 centímetros de espesor. Y así, a la vez que el paso del tiempo eleva el cementerio a escena cumbre del spaghetti western, el lugar cae en el olvido. 

 

   En 2014 fallece Eli Wallach y un grupo de fans locales decide ir en busca del cementerio para rendirle un homenaje. El lugar es apenas reconocible, pero con la ayuda de fotogramas originales logran ubicar el espacio donde se encontraba el círculo de piedra. Una mezcla de ingenuidad y esperanza les lleva a dar un golpe de azada y, para su sorpresa, descubren las primeras piedras enterradas. Faltan tres años para el 50 aniversario de la película y se proponen una maravillosa quijotada: desenterrar, reconstruir y devolver a la vida el mítico cementerio de Sad Hill.

 

   Pocos meses después de aquella reunión fue cuando escuché en la radio a David y a Sergio, dos de los fundadores de la Asociación Cultural Sad Hill. Su historia me parecía increíble. Había algo hermoso y poético en sus intenciones, pero tampoco podía imaginar que aquella locura fuese a llegar a buen puerto. Cuando les escribí, habían solicitado los permisos a la Junta de Castilla y León para iniciar los trabajos. La burocracia se alargó durante más de un año, pero cuando en septiembre de 2015 les dieron luz verde, no lo dudé. Cogí mi cámara, me compré un dron y me fui a grabar el lugar. 

 

   Han transcurrido tres años de aquello y el documental Desenterrando Sad Hill ha resultado ser mi primera película como director. Hoy el cementerio luce prácticamente como lo hacía en julio de 1966. A Santo Domingo de Silos le ha salido un nuevo reclamo turístico que rivaliza en Tripadvisor con su Monasterio. Pero, como decía al principio, bendita competencia.

 


Guillermo Fernández de Oliveira (Vigo, 1986) ha obtenido con ‘Desenterrando Sad Hill’ la medalla del CEC al mejor documental y el premio Noves Visions en el festival de Sitges. También estuvo nominado a los Goya con este, su primer largometraje

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