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02-06-2015 Versión imprimir

 

Arte y discapacidad



El mago del silencio


 “El ilusionismo es la madre del cine”, argumenta Domingo Pisón, uno de los primeros ilusionistas sordos de España


SERGIO GARRIDO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Acaba de graduarse en Comunicación Audiovisual y Domingo Pisón atesora una experiencia en el mundo del espectáculo que ya quisieran muchos. Debutó en el arte de la magia en 2004, cuando apenas contaba con 13 años, y desde entonces no solo ha trabajado como ilusionista sino que también ha probado su vena interpretativa como actor en cortometrajes como La brisa. Incluso ha sido guionista y director de uno, El despertar de una mariposa, donde aborda a un tiempo la violencia de género y la concienciación social hacia un colectivo a veces desatendido por las instituciones: las personas sordas.
 
   Porque la sordera profunda bilateral con la que convive Domingo desde que nació no le ha impedido perseguir sus sueños, todos ellos muy vinculados con el mundo de la cultura y las artes. Tras formarse en plena adolescencia en la Escuela de Magia Ana Tamariz, Domingo ha seguido contagiando a su público el espíritu de Harry Potter en todos los eventos en los que participa, ya sea como maestro de ceremonias de una gala benéfica, realizando espectáculos en una entrega de premios u ofreciendo un número de magia en una fiesta en su antiguo colegio. Ser mago es un arte que exige dedicación y Domingo suele invertir de dos a cuatro horas diarias en preparar sus trucos. “Lo difícil no es dar con el número adecuado, sino adaptarlo para que concuerde con tu personaje artístico”, comenta este joven madrileño de raíces riojanas.
 
 

 
 
 
   Su inquietud artística no se paró en la escuela de magia sino que continuó en la universidad, pero esta vez con otra clase de magia: la del séptimo arte. Cine y magia, argumenta, son disciplinas con mucho en común. “Georges Méliès, uno de los pioneros del celuloide, era un ilusionista que aplicó sus conocimientos en esa materia al ámbito cinematográfico”, explica Domingo. Y subraya: “La magia es, en verdad, la madre del cine”.
 
   Entre sus futuros planes pasa labrarse un camino profesional en el cine o la televisión. Y ello a pesar de que la sordera no facilita las cosas. ¿Se ha parado a pensar a qué cine acude una persona sorda? ¿O cuántos cines con subtítulos adaptados a este colectivo hay en España? “De diez películas que se estrenan al mes, puede que dos o tres estén subtituladas”, calcula nuestro interlocutor. Consciente de que aún queda una gran labor de concienciación sobre este colectivo, el mago participa en entidades como la Federación Nacional de Arte y Discapacidad o la Asociación Española de Artistas con Discapacidad. Quizás, en un tiempo no muy lejano, todo prejuicio hacia cualquier persona con discapacidad sea un mero ilusionismo. Como los de Domingo Pisón, el hombre que siempre escucha el silencio y sabe del poder de la magia como herramienta de comunicación.
 
 

 
 
 
– Confiese: ¿el gusanillo le vino por Harry Potter?
– Empecé a tener conciencia de que me gustaba la magia en mi comunión. Vino un mago que hizo una actuación y acabé probando el material que usaba. Fue entonces cuando una pluma amarilla se convirtió en una pluma de color morado sin yo haber hecho nada. Por arte de magia, nunca mejor dicho.
 
– Hogwarts pilla algo lejos. ¿Cómo se forma uno para ser mago?
– Empecé de forma autodidacta yendo a las bibliotecas. Devoraba los pocos libros que había y recuerdo en especial uno de Jorge Blass. Tenía un capítulo dedicado a escuelas de magia y fue ahí donde descubrí la Escuela de Juan Tamariz. Estuve cuatro años compaginando las clases de magia con Secundaria.
 
– ¿Y qué se estudia allí?
– No hay material, no hay libros y tenía además una dificultad añadida, mi falta de audición. Alguna vez recurría a mis compañeros y era bastante costoso, pero lo fui superando. Descubrí un nuevo mundo, como Harry Potter…
 
– Llevara chistera o no, aún recordará su primera actuación.
– Por supuesto. Fue en el colegio Ágora de Madrid, donde había cursado la Secundaria. Me llamaron para una actuación ante niños del centro. Iba disfrazado de brujo, hacía pócimas y estaba un poco nervioso porque tenía que adaptar el número al público.
 
 

 
 
 
– ¿En qué medida ser sordo le ha supuesto un obstáculo para la magia?
– El esfuerzo es el doble, pero el proceso de aprendizaje es casi el mismo. La diferencia se ve en escena, en el hecho de ser sordo y tener ciertos problemas de comunicación que dificultan un poco dirigirse al público.
 
– ¿Existen prejuicios en la sociedad cuando se habla de personas sordas?
– Existe mucho desconocimiento. Muchas personas piensan que los sordos no pueden hablar. El único problema que tiene una persona sorda es la falta de audición, pero dispone de cuerdas vocales y puede emitir sonido. Necesita una rehabilitación y el apoyo de un logopeda, lógicamente.
 
– ¿Se debería ayudar más a las personas sordas desde las instituciones?
– Ya no es solo que las personas sordas tengan sus propios obstáculos, sino que se añade a su vez el obstáculo social. Esta sociedad no se encuentra adaptada para nosotros, las personas con una u otra discapacidad. Se ha ido mejorando poco a poco, pero las instituciones deberían tener un mayor compromiso con las personas sordas.
 
– ¿Puede ir al cine a ver una película que no sea en versión original subtitulada?
– Siempre estamos acostumbrados a ver cine extranjero, pero pocas veces vemos cine español. Y eso, como profesional del mundo audiovisual, me parece una pena muy grande. Somos más de un millón de personas sordas, pero no tenemos acceso al cine español porque apenas hay salas de cine donde se ofrezca subtitulado. ¿Por qué no podemos disfrutar de obras maestras como Plácido, de Berlanga?
 
 

 
 
 
– Ahora, recién graduado en Comunicación Audiovisual, ¿tiene intención de compaginar magia y cine?
– Debería hacer eso, sí, aunque que el mundo cinematográfico y televisivo es lo que atrae en el ámbito profesional. Pero la magia y el cine tienen mucha relación entre sí: conocemos grandes directores que se han dedicado a la magia y viceversa como Orson Welles, Woody Allen o el propio Juan Tamariz, en cuya película El espíritu se estrenó Carmen Maura.
 
– Así que la relación entre el audiovisual y la magia es muy estrecha…
– Efectivamente. Y esto lo descubrí mucho mejor un verano que grabé una película que resumía mis números de magia favoritos, como regalo para los profesores del colegio donde estudié Secundaria. Fue mi primer contacto íntimo entre magia y cine. Inconscientemente me grababa haciendo los números de magia con algunos espectadores y utilizaba algunos trucos de cámara. En aquel momento no sabía que estaba realizando los mismos trucos de cámara y montaje del ilusionista-cineasta Méliès. Fue después, al estudiar historia del cine, cuando comprendí la gran cercanía entre ambas artes.
 
– Y esa cercanía le ha llevado a escribir y dirigir su primer cortometraje, ‘El despertar de la mariposa’.
Ha sido aventura estupenda, sí. Se trata de un alegato de la violencia de género en la mujer sorda. El personaje protagonista es una persona sorda oralista [aquel que utiliza el lenguaje oral como principal herramienta de comunicación en lugar de la lengua de signos] que sabe lengua de signos.
 
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