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Emilio Palacios


“Me encantaría que rodaran un filme sobre Iggy Pop y poder encarnarle”


Este malagueño acaba de cumplir 23 años y empieza a abrirse paso en el oficio. Mientras cursaba Derecho en Granada empezó a interesarse por la interpretación, hasta el punto de trasladarse a Madrid para seguir formándose junto a Corazza. Encima de los escenarios granadinos representó la comedia Pareja abierta, sobre un matrimonio ávido de nuevas experiencias para superar la monotonía. A pesar de que marido y mujer pactaban un cambio, su moderna relación no lograba escapar del machismo, puesto que el hombre era el artífice y mayor beneficiario de la libertad sexual. Hasta que ella encontraba un amante y los celos le corroían. ¿Moraleja? La necesidad de adueñarse del cónyuge al final echa por tierra cualquier solución. Ya en la capital escribió y encabezó una obra propia, Dime Iggy Pop, que en 2013 se movió por la capital y obtuvo cierto reconocimiento. 
 
   Más habituales son sus actuaciones para cortometrajes. En El expediente se encargó de poner cara al desdichado Jorge Olea Ruiz, un estudiante cuyo rendimiento académico no le permitía acceder a la Universidad de Oxford. Por eso cogía unas llaves del instituto, falsificaba documentación a hurtadillas y sorprendía en ese momento a su profesor liándose con una alumna, una oportunidad estupenda para conseguir mejores notas a base de chantaje. Pero la estrategia no le funcionaba: el director del centro pasaba por alto el desliz del docente y él se ganaba la expulsión. Después fue uno de los cuatro jóvenes que se manifestaban en No hay derecho y le abrían la cabeza a un policía con una piedra. Su Diego era el único que aportaba cordura, pues proponía que el grupo permaneciese escondido durante un tiempo. Así evitarían detenciones. No contaba entonces con que el chaval que se habían encontrado en un portal fuese agente y terminara esposándoles. Los espectadores del delirante Hombre Gordo le vieron como un macarra que fumaba porros con su amigo y zurraba a un desequilibrado que pasaba por allí escuchando temas de Jim Morrison. Los dos desaprensivos le rompían el MP3 entre carcajadas, motivo por el cual la víctima los amenazaba inesperadamente con una pistola. Y los disparaba. A la mañana siguiente descubría que todo había sido una fantasía suya y que en realidad le habían dejado malherido en un descampado después de robarle.
 
   Hace un año saltó al largometraje gracias a la filmación de Los héroes del mal, la ópera prima del actor y director Zoe Berriatúa, tras la cual está el mismísimo Álex de la Iglesia como productor. Su estreno está previsto para el presente 2015. Los protagonistas de ese drama son tres adolescentes que sufren humillaciones y maltratos por resultar raros a ojos de sus compañeros de clase y encuentran en la violencia contra sus verdugos la salida a tan insoportable calvario.
 
 
 

 
 
 
   A principios de 2014 vio la luz su primer proyecto televisivo, Gamers, una webserie concebida para retratar el mundo de los aficionados a los videojuegos. Solo se lanzó el capítulo piloto, pero a él le correspondió el papel principal. Una multinacional japonesa fichaba a su Ben como evaluador de productos y sus peculiares amigos (entre ellos un empollón o un friki de los disfraces) le echaban una mano con los informes. También por esas fechas se estrenaba el que hasta hoy ha sido su mayor escaparate, B&b, la serie que fue afianzándose en la parrilla de Telecinco después de comenzar con resultados discretos. Su irresponsable Toño ha recibido durante los 15 episodios iniciales las broncas de sus padres, un experiodista de deportes reciclado (Carlos Iglesias) y una cotilla secretaria de redacción (Neus Sanz), siempre empeñados en compararle con su intachable hermano (Alejandro Rodríguez). Y es que frente al prometedor futuro académico del benjamín, él prestaba más atención a las motos y las chicas que a los estudios. La audiencia quizá recuerde alguna de sus secuencias de cocina en compañía de las grandes Belén Rueda (su tía en la ficción) y Macarena García (su prima).    
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor?
− Hace cuatro años, mientras estudiaba el primer curso de Derecho fuera de casa, lo pasé muy mal por distintas circunstancias. Me apunté al grupo de teatro de mi colegio mayor porque me divertía, pero nunca me planteé en serio dedicarme a ello. Solo fantaseaba con ser alguien distinto a mí, una estrella del rock o un revolucionario, pues mi vida real me dolía y me aburría. Llegó un momento que me sentí vacío de fuerzas, desorientado y asustado ante la vida, sin saber a qué agarrarme. Una vez me dio miedo incluso asistir al ensayo de los miércoles, cuando hasta entonces me había resultado fácil hacer cosas que divirtiesen a los demás. Aquel día pensaba que no podría. Por suerte, terminé yendo. Y sentado en una mesa entre bambalinas mientras otros representaban su escena, sentí algo muy sanador dentro de mí: algo que por fin se apaciguaba, quizá gracias a la atmósfera misteriosa que confieren al teatro el telón, la madera y todo ese trasfondo oculto a la vista del público. ¡Me sentí parte de algo! Llevaba bastante tiempo sin estar cómodo con otras personas si no llamaba continuamente la atención. Allí había un amor cálido. Fue muy bello, y aunque seguí sin decidir nada, conecté con todo esto. Me percaté del bien que me hace el teatro.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− En realidad no se lo conté a nadie. Más bien fue mi mejor amigo, Simón G. Sarrión, quien me lo contó a mí. Él llevaba años decidido a ser actor: había tenido el valor de dejar el Bachillerato y se había puesto a trabajar para ahorrar dinero e irse a Madrid. Una noche estábamos haciendo improvisaciones en la playa y al día siguiente me llamó para hacer un papel en su corto. “Tú tienes un actor dentro, no me jodas”, me soltó. Fui directo a hablar con mi padre y le comenté mi deseo de matricularme en una escuela de interpretación. Me dijo que no le jodiese, pero tanto él como mi madre me apoyaron luego con mucho orgullo. ¡Aprovecho para darle las gracias una vez más a Simón!  
 
 
 

 
 
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− El día que Zoe Berriatúa me puso entre las manos el maravilloso guion de Los héroes del mal. Mi amiga Beatriz Medina encarnaría a Sarita y yo sería Esteban. Aprendí muchísimo con Zoe. También estaba presente Javier Manrique, mi representante, que me había ayudado a prepararme la prueba y había confiado en mí en los momentos de más inseguridad. Otro inmenso golpe llegó cuando cogí el teléfono y al otro lado estaba Luis San Narciso. Estaba recién levantado, y me pasaron tantas cosas en medio segundo que debió resultar casi cómico, no sabía ni cómo hablarle. Seguí la conversación por instinto de supervivencia, porque no paraba de preguntarme: “¿Cómo? ¿En serio? ¡No puede ser!”. Nos entendimos muy bien y Luis me hizo enormemente feliz. ¡Menudo subidón!
 
− ¿A cuál de los personajes que ha recibido le tiene especial cariño? ¿Por qué motivo?
− A Esteban, el protagonista de la película Los héroes del mal, mencionada antes. No esperaba que fuera a llegarme un personaje así de completo, que removiese mi propia adolescencia, que me abriera una puerta al universo de Zoe que me hiciera dudar sobre varias cuestiones. Aquel proyecto hizo que me plantease mil preguntas: ¿Qué hay de justo en nuestra violencia? ¿Nos merecemos violencia en respuesta a la que ejercemos? ¿Qué hacemos con la gente que nos daña de verdad? Para mí fue un gran regalo, y espero que para quienes la vean también lo sea.
 
Si el teléfono dejase de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Ahora mismo me dedico a tocar madera… Supongo que pediría ideas a algunas personas, empezando por mi representante, para que el teléfono sonara de nuevo.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Tengo muchas inseguridades, pero no, aún no me lo planteo. Mi toalla todavía está nueva [Risas].
 
¿En qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− En el de Los héroes del mal. Nos topamos con una partida de airsoft en la casa abandonada donde rodábamos, la coincidencia hizo que nos parapetásemos en una capilla llena de pintadas satánicas y entre todos los del equipo tapamos los ventanales rotos con tablones y cuerdas para que no nos dieran bolazos en mitad de la toma. Llevábamos días durmiendo cuatro horas, trabajando a contrarreloj, ya nos habían ocurrido mil cosas… ¡Y luego apareció toda esa gente ataviada con ropa militar, metralletas y gafas de ventisca! Fue una locura. Mis compañeros quizás me maten si leen esto, pero yo volvería a vivirlo un millón de veces.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del celuloide español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− Me considero poco capacitado para aportar soluciones, solo puedo compartir mi punto de vista. A menudo se omiten historias que ahonden en personas concretas y se da prioridad a personajes y asuntos tratados de forma general. Creen que así se entenderá todo mucho mejor, pero acaban perdiéndose matices. Me gustaría que todos, empezando por los encargados de conceder o no subvenciones, confiáramos más en el potencial que existe en este país. De aquí pueden salir productos de gran calidad, podemos llegar al gran público con historias contadas como de verdad querríamos contarlas.
 
− ¿Cuál fue el primer intérprete que le conmovió hasta la lágrima?
− A los 9 años me tocó mucho esa secuencia de El Padrino II en la que Vito Andolini llega a Ellis Island de niño, se sienta de espaldas a la cámara, mira por la ventana de la habitación del hospital y se pone a cantar una canción en siciliano. El actor se llamaba Oreste Baldini y el personaje que interpretaba tenía la misma edad que yo entonces. Me sentí muy acompañado. Aunque mi corazón me sugirió que me hiciese mafioso, al final me he decantado por este oficio [Risas]. 
 
 
 

 
 
 
 
¿Qué frase le gusta aplicar como leit motiv personal?
− En este momento me repito una cita de Rimbaud que estaría muy bien para una película: “Cuando somos muy fuertes, ¿quién retrocede? Cuando estamos muy divertidos, ¿quién cae en ridículo? Cuando seamos muy malos, ¿qué harán con nosotros?”.
 
− ¿Qué filme ha visto en tantas ocasiones que se sabe de memoria alguna de sus escenas?
− ¡Muchos! Me encanta aprenderme los diálogos. Pero si tengo que decir solo un título, creo que me quedaría con El último tango en París
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer esta profesión?
− Estoy cursando el tercer año en el Estudio de Juan Carlos Corazza y llevo tres años escuchando cosas  valiosísimas de mis compañeros y mis profesores: Alberto, Rosa, Paula, Manuel, Pedro, Nuria... Si tengo que hablar de un único consejo, contaré el que me dio mi abuela. Ella viajaba a Granada para verme en las obras del colegio mayor y la Escuela de Teatro. Después de una función me acerqué a darle un beso y me dijo: “Me encanta verte salir al escenario, pero… ¡no te entendía casi nada! Habla más despacito para que las personas mayores como yo entendamos lo que quieres decir. ¡No corras!”.
 
¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Amo actuar, y amo actuando.
 
¿Y débil?
− Soy muy exigente conmigo mismo. Creo que una parte de esa exigencia no tiene mucho que ver con el amor…
 
− ¿A qué lugar del planeta le gustaría teletransportarse mañana?
− Hay tantos que no sé cuál decir. ¿Por qué escoger solo uno? Ahora mismo me iría a New York: quiero pisar esas calles que solo he visto en películas y documentales sobre estrellas del rock, actores y escritores.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− Un personaje secundario muy interesante y jugoso en La puerta abierta, una cinta escrita y dirigida por Marina Seresesky. Estoy encantado con el guion, que cuenta una historia humana y llena de matices, tal vez un poco heavy. Por eso me gusta tanto y me siento orgulloso de formar parte del proyecto.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Actuar junto a Javier Bardem en cine. Y si puedo volverme loco, me encantaría que filmaran un largometraje sobre Iggy Pop y me llamaran para interpretarle de joven.
 
− ¿Qué canción simboliza el momento actual de su vida?
− Recientemente he descubierto a Nacho Vegas y Fleet Foxes.
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− “Todd Haynes empieza a rodar en 2015 una nueva película sobre la juventud de Iggy Pop. Javier Bardem ha aceptado un papel importante en el proyecto y producción está buscando a chico rubio de 22 años, a ser posible de Málaga, para protagonizar parte del largo”. ¡Uf! [Risas].
 
− ¿Qué otra época histórica elegiría para nacer?
− Me hubiera gustado ser un indio nativo de América en el siglo XVIII o XIX.
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Llevo muy poquito tiempo formado parte de AISGE, así que no sé qué aspectos podríais mejorar. La labor que desempeñáis me parece  buenísima y necesaria, y además estoy viendo que os ocupáis de hacer partícipes a los socios en el funcionamiento de la entidad. Por eso estoy doblemente contento.
 
 
 
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