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06-02-2017 Versión imprimir
(Fotografía: Enrique Cidoncha)

Emma Suárez

Artífice de belleza en la desolación humana
 
 
RUBÉN DEL PALACIO
Hasta los más experimentados cronistas cinematográficos del país tuvieron que ponerse a rebuscar en notas, archivos personales y páginas web cuando, superado con creces el filo de la medianoche, el nombre de Emma Suárez resonaba por segunda vez en el Hotel Auditorio. No era para menos: el doblete de la madrileña (mejor actriz protagonista por su atormentada Julieta y mejor actriz de reparto por una Ana que en La propera pell también conoce de cerca los resortes de la angustia) no conocía parangón desde 1987, cuando Verónica Forqué también regresó a casa con dos cabezones bajo el brazo, los correspondientes a Moros y cristianos y La vida alegre. “¿Qué está pasando esta noche? ¿Qué hago aquí otra vez?”, se preguntaba una Suárez no solo emocionada, sino conmocionada, por el alcance de su proeza. Una actriz que lleva frente a la cámara desde los 15 años, conoció inicios fulgurantes y había atravesado rachas de relativa invisibilidad hasta que la mágica confluencia de Almodóvar y el tándem Campo/Lacuesta la han aupado, nueva y merecidamente, a encabezar todos los titulares.
 
   Mucho se ha hablado de la arrolladora presencia de Emma Suárez en Julieta, el esperadísimo regreso de Pedro Almodóvar a su registro más dramático y a esa capacidad tan suya para diseccionar el complejo y fascinante universo femenino. El filme ha conocido turbulencias y generado reacciones agridulces (mayor recaudación foránea que en las salas españolas, escogida por la Academia para competir por el Óscar pero orillada en el corte de Hollywood). Emma, en cambio, solo ha recibido parabienes por esa mujer atribulada, encogida por un tormento interior al que casi nadie sabría cómo hacer frente. “Gracias, Pedro, por ese personaje que tanto sufre en la pantalla y que tan extraordinariamente feliz me ha hecho fuera de ella”, se sinceró la actriz ya con su segundo trofeo entre los dedos, entregado personalmente por un Almodóvar que la escuchaba con una media sonrisa tan discreta como indisimulada. Y aprovechando la presencia del manchego, se explayó: “Gracias por ser tan exigente, tan minucioso, tan impecable… Tan difícil a veces…”. Y alargó tanto esa “i” tónica que la concurrencia estalló en risas y aplausos.
 
   Decía Emma que ese perfeccionismo “hace que una lo pase fatal y quiera mejorar”. No parece amplio el margen de mejora después de imponerse a Penélope Cruz, Carmen Machi y Bárbara Lennie en el apartado protagonista y a Candela Peña, Terele Pávez y Sigourney Weaver en el secundario. A las compañeras, precisamente, dedicó este doblete “por ser musas y por inspirarme”. Antes ya había dejado amplio margen a la emoción y la reflexión al saberse premiada por La próxima piel, uno de esos largometrajes extraordinarios desde la humildad y el más sufrido de los esfuerzos. “No es fácil hacer cine en estos tiempos. Nos llevó 10 años encontrar financiación, así que representar al equipo es un privilegio”, subrayó.
 
   Como la cinta catalana habla sobre la necesidad de amar, no pudo por menos que dedicarles esa estatuilla a sus hijos. Y, de alguna manera también, a sus compañeros de oficio. “Es increíble que solo el 8 por ciento de los actores podamos vivir de esto. Me quedo helada”, se sinceró al reincidir en el estremecedor dato que aportaba el más reciente informe sociolaboral (septiembre de 2016) de la Fundación AISGE.
 
06-02-2017 Versión imprimir
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