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10-12-2018

Los ganadores del XII Paco Rabal reflexionan sobre lo sacrificado del hecho artístico desde dentro y fuera


RUBÉN DEL PALACIO

La sede madrileña de AISGE acogió el mediodía del 10 de diciembre el acto de entrega de estatuillas a los vencedores de la duodécima edición del Premio Paco Rabal de periodismo cultural. “Es uno de nuestros motivos de orgullo”, apuntó Fernando Neira, director de Comunicación de la entidad, sobre un certamen que “se puso en marcha en 2007, antes incluso que el del Ministerio de Cultura”. Y desde entonces “ha sobrevivido a los años más crudos y grises de la maldita crisis española, mundial e interplanetaria. Aunque vengan tiempos malos, el compromiso de la entidad es conservar este emblema”, aseguró rotundo. Para incidir en la fortaleza de la iniciativa, y burlándose de paso de las supersticiones, bromeó ante los asistentes: “Sobreviviremos sin ningún género de dudas a la edición número 13, la del año que viene”.

 

   Antes de dar paso a la actriz y consejera de AISGE Ana Turpin como integrante del jurado y en representación del mismo durante el acto, Neira describió el proceso de elección del palmarés durante la mañana del pasado 12 de noviembre. “La deliberación fue muy emocionante”, recordó, “pues el nivel de los trabajos era francamente elevado. Y el encuentro acabó de forma civilizada, reinó la concordia entre los cinco miembros”.


   Ana Turpin no se olvidó del "libro grandísimo" que recibió cuando le propusieron ser la única representante de AISGE en el jurado. "Reconozco que me asusté porque soy actriz y mi formación no es periodística", dijo, pero el temor se esfumó nada más comenzar la lectura de los 94 trabajos seleccionados para esta convocatoria. De entre todos ellos, le atrajeron especialmente "los que ponían de manifiesto el maltrato que están sufriendo la cultura y el talento". Porque a su juicio, "aún atravesamos un momento de crisis en un país en el que a la cultura se le considera un entretenimiento y no un valor". Apenada por semejante contexto, decidió dar su fuerza durante la deliberación "a las voces de quienes siguen creyendo en nuestro arte, en lo mejor de nosotros mismos" .

   Concluyó sus palabras mostrando su admiración hacia los ocupantes del podio: "He aprendido con vosotros, he sentido que los corazones se aúnan y laten juntos, he visto que hay gente maravillosa que quiere lo mejor para la cultura".



"El éxito es para los fracasados"

"Admito que todavía hay momentos en los que me cuesta creer que haya obtenido semejante galardón". Así se expresaba Juan José Silguero pese a que recibía el Paco Rabal tras haber recorrido una larga senda de reconocimiento con Elogio al fracaso. Porque después de su publicación recibió felicitaciones desde distintas partes del mundo, el texto se compartió masivamente en redes sociales, se difundió en centros de enseñanza no solo musicales...

   Silguero explicó que su artículo surgió de sus 26 años de experiencia docente, un tiempo suficiente para observar que el éxito es fruto de tres herramientas: el esfuerzo, la perseverancia, el sacrificio. Esas son las "armas realmente temibles" con las que los artistas en principio menos dotados acaban destacando sobre aquellos que aparentemente tienen un talento instintivo. Porque según su percepción, estos últimos desarrollan mucho menos esa capacidad de trabajo incansable, "lo más valioso" a su juicio.

   Y es que para él, la excelencia en la creación solo se alcanza a fuerza de infinitas repeticiones. Por eso no dudó en cargar contra los tópicos "absurdos" que hablan sobre "el condicionamiento de la inspiración, la musa o cualquier otro tipo de manifestación más o menos sobrenatural", pues "lo único que conozco a la hora de desarrollar cualquier trabajo de calidad es la perseverancia". Pues bien, ¿quién presenta un mayor apego a esa insistencia? "Nadie como aquel que colecciona fracaso tras fracaso. El éxito es para los fracasados", sentenciaba el autor en su discurso. Y prosiguió: "Mi objetivo no era otro que el de ensalzar la dignidad del artista. Y no conozco mayor dignidad que la que se deriva del trabajo".

   En sus palabras hubo también espacio para el agradecimiento a la revista de música clásica Codalario, donde figura su escrito ganador, pues tanto su presidente (Aurelio Martínez Seco) como su redactor-jefe (Mario Guada) le han apoyado desde el primero de sus artículos . Un artículo que "ya fue bastante controvertido", reconoció el propio autor.



Cuando se empobrece el pensamiento, la crisis es moral

"Me parece muy especial obtener este accésit en el año en el que más textos han concurrido", comentó Itziar Pascual en alusión a la buena salud de un certamen a cuyo jurado ensalzó por su labor: "Los buenos lectores hacen mejores los textos. Gracias por ampliar el horizonte de lo que escribimos".

   Su análisis A la intemperie habla del desamparo en que se encuentra el teatro por la verkamización de la cultura, la precarización de los salarios, la inestabilidad del trabajo...  "Y muchos periodistas conocen lamentablemente dichas condiciones, pues se enfrentan tanto a expedientes de regulación de empleo o contratos a tiempo parcial como a becas infinitas. Hablemos de una crisis moral, porque cuando se empobrecen el pensamiento y el imaginario, no solamente estamos ante una crisis económica", denunció. 

   Consciente de esas adversidades en los medios de comunicación, definió como "un compromiso de resistencia" el hecho de que 60 años contemplen a la revista Primer Acto, encargada de la publicación de su trabajo: "Este reconocimiento pertenece también a su Consejo de Redacción y a su actual presidenta, Ángela Monleón, quien heredó de su padre, José, la batalla por generar espacios de reflexión y acción teatral".

   Aprovechó el loable ejemplo de Primer Acto para subrayar el papel decisivo de la información, pues "no hay una verdadera oportunidad de acceso a la cultura si no existe un periodismo que permita a los ciudadanos conocer la oferta cultural y les haga vivirla como un derecho democrático y no como un entretenimiento. Lo que está en juego es muy grave". En ese sentido, insistió en que "es importantísimo que se convoque un premio como el Paco Rabal", otra vía para el fomento de la creación periodística en el ámbito de la cultura.



"Si nos dais la oportunidad, haremos cosas guais"

El ganador en la categoría Joven Promesa quiso templar los nervios con un juego de palabras sobre el nombre de su distinción: "Empiezo a considerarme poco joven y cada vez menos promesa". Pero las risas entre los allegados de Adrián de Miguel enmudecieron al relatar que, a lo largo de sus dos años de experiencia en el periodismo cultural, ha comprobado que "a los jóvenes nos están dando palos por todos lados. Vivimos en la generación del eterno becario. Ya he estado en dos agencias de referencia a nivel español y comparten la misma política estricta de no contratación".

   Precisamente por ello, antes que el talento, prefirió reivindicar "la figura del joven trabajador que está todos los días leyendo información, picando datos, currándose entrevistas… Hacemos un poco de todo, pero no nos dan ninguna esperanza". Y aunque sobran los motivos para el desánimo, mantiene intacta la curiosidad inherente a la raza de periodista, pues el Paco Rabal premiaba una pieza buscada por él mismo. "Este no solo es un reconocimiento a la calidad del texto de ¿Qué fue... de los chavales de 'Barrio' 20 años después?", intuyó, "sino también al trabajo que hay detrás". Pero la iniciativa propia sirve de poco sin confianza, como reclamó De Miguel en su mensaje final: "Si nos dais la oportunidad, podemos hacer cosas guais".

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