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10-09-2012 Versión imprimir
ASIER ETXEANDÍA
 “Me interesan los personajes con aristas, esos que no sabes si quererlos u odiarlos”
Curtido en musicales (‘Cabaret’) o papeles dramáticos (‘La avería’), el bilbaíno prepara “el sueño” (políticamente incorrecto) de su vida
 
SERGIO GARRIDO PIZARROSO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Quien diga que Asier Etxeandía no es un actor polifacético es que no ha seguido muy de cerca su trayectoria. Este muchacho bilbaíno interpreta, canta y baila ya sea sobre un escenario o delante de una cámara, en cine, televisión o en plena calle. Lo hemos visto entregarse sobre las tablas en papeles como el de aquel histriónico maestro de ceremonias de Cabaret o compartiendo pasiones, amor y odio junto a Blanca Portillo en Barroco; incluso poniendo banda sonora a la trágica historia de Las 13 rosas cantando J’attendrai. Porque a este intérprete casi siempre le tocan los papeles dramáticos. “Siempre me dan personajes de trastornado. Tengo ganas de hacer el imbécil”, bromea en la terraza del Círculo de Bellas Artes mientras se refresca con un trago de agua.
Su primera vez delante de la cámara fue en la versión vasca de Plats bruts, la serie de TV3. Y todavía se acuerda. “Estaba terriblemente mal, exagerado y pasadísimo. ¡Cada vez que veo una imagen de eso me tapo la cara!”, se sincera. Luego vendría su papel de Beni en Un paso adelante, pero será sin duda el personaje de maestro de ceremonias en Cabaret el que le proporcionaría mayores reconocimientos… y muchos kilos de menos. “Fue una de las experiencias más importantes de mi vida. Los personajes físicos me dan mucha alegría y confianza en mí mismo. Cuando sudas, sientes que estás haciendo algo bueno”, afirma.
El teatro ha sido desde siempre su segunda casa. Con su caracterización de anciano en La avería, el montaje de Blanca Portillo, recibió este año el premio Max al mejor actor. Casi todo lo ha experimentado sobre las tablas,  desde lecturas dramatizadas a performances. ¿Qué ingrediente no tiene todavía la cartelera teatral española?, inquirimos. “Echo en falta el musical canalla, algo políticamente incorrecto que me va a tocar hacerlo a mí”, comenta. En breve sorprenderá al público con este proyecto, “el sueño de mi vida”. Habrá que permanecer atentos…
 
– Dejó Bilbao por Madrid para probar suerte en el mundo interpretativo. ¿Cómo recuerda aquella mudanza?
– Desembarqué en 2001 en un momento bueno, porque había surgido el proyecto con la serie de televisión Un paso adelante, pero no acabó siendo lo que esperaba y se convirtió en un desengaño. Me desilusioné un poco y me volví a Bilbao donde monté un espectáculo, el principio de mi sueño por encontrar aquel camino entre la música y el teatro. Se titulaba Feromona feroz, y  aquello fue una vía de escape necesaria.
– ¿Tan duro fue el trabajo en ‘Un paso adelante’?
– Por aquella época era muy joven, no conocía el medio y, la verdad, se trabajaba mucho. Dejé de hacer las cosas que a mí me llenaban: mi teatro, tocar en mi banda, escenificar mis performances. Currábamos un montón y no me sentía valorado del todo.
– Luego le llegó el papel de Emcee en el musical ‘Cabaret’. Con esta recompensa, ¿todavía le queda alguna espinita por interpretar?
– Tengo la suerte de haber realizado los personajes que de pequeño quería hacer. Soñaba con ser el maestro de ceremonias de Cabaret. Recuerdo que mi padre me ponía el vinilo en casa. ¡Casi no había aprendido a hablar todavía y ya me sabía las melodías! Y, al final, acabé interpretándolo…
– ¿En qué se guía para elegir sus papeles?
– Me interesan los personajes con aristas, que provoquen diferentes sensaciones. No los buenos y los malos porque sí, sino aquellos que no sabes muy bien si quererlos u odiarlos.
– ‘Infierno’, ‘Barroco’, ‘Hamlet’, ‘Medea’… Son numerosas las ocasiones en las que ha trabajado a las órdenes de Tomaz Pandur. ¿Qué le ha aportado en su carrera?
– Todo el trabajo que he hecho con él ha sido decisivo. Me ha permitido explorar en lo físico y en ciertos lugares donde disfruto mucho a la hora de componer un personaje y buscar la poesía con la energía, las acciones, la voz, el cuerpo. Casi todos los personajes que me ha propuesto estaban cerca del performance.
– Mucho teatro, bastante cine, mucha televisión. ¿Cuesta elegir uno de los tres?
– En realidad, lo que a mí más me ha movido de siempre ha sido la música, pero el teatro me ha tratado mucho mejor. No me puedo quejar en ninguno de los ámbitos, pero es verdad que en teatro he encarnadao personajes mucho más difíciles, que me han enseñado más y me han puesto contra las cuerdas.
– Si le digo actor y crisis… ¿esto ya no es nada nuevo?
– Siempre ha habido crisis, pero también nos hemos acostumbrado muy mal. La gran mayoría de los actores que empiezan a hacer televisión se acostumbran a que le llamen en vez de a montar sus propias obras. Recuerdo que en Bilbao, cuando no teníamos nada, hacíamos desde una animación en un centro comercial hasta montar nuestra propia compañía de teatro de calle o nuestro café teatro. No teníamos ni un duro y, en consecuencia, hacíamos muchas cosas sin un puto duro.
– Y de actores que se lanzan con sus montajes teatrales sabe muy bien. Blanca Portillo le dirigió en su debut con ‘La avería’, un papel que traía un Max debajo del brazo…
– Blanca tiene mucho ojo clínico a la hora de elegir a los actores para los personajes. Había algo que ella repetía y con lo que jugábamos siempre: el ser humano es el único ser vivo que sabe que va a morir. Esto nos ayudó mucho para enfrentarnos al personaje, buscábamos la hondura y el sufrimiento. Latía en los ensayos cierta tristeza y cierta agonía.
– Ha participado en obras de Homero, Shakespeare… ¿Algún otro posible candidato?
– Me obsesioné mucho con El público, de Lorca. Estoy en un momento en que me gusta mucho la performance, el teatro que no me deja las cosas bastante claras, que me hace soñar; ese que me deja preguntas y no lo da todo mascado. Lo que hizo Lorca con esa obra fue lo más moderno de su época y creo que es muy difícil sacarla adelante: por su lenguaje, por sus imágenes... Ya no depende tanto de la obra, sino del director que se escogiera para llevarla a cabo.
– ¿Qué cualidades considera indispensables en un actor?
– Amor a su trabajo. Creo que no es necesario tanto el talento como el amor. Hay mucha gente que igual no tiene un talento desbordante, pero la personalidad y el trabajo crean el talento. Por experiencia propia he sacado más frutos cuando no he confiado tanto en mi talento y estaba acojonado. El miedo hacía que trabajara el triple.
 
 
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