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30-05-2012 Versión imprimir
FERNANDO CAYO
"Reconfortar y dar luz es un deber como creador"


Una mesa en el interior del café Viva Madrid nos sirve como punto de encuentro con Fernando Cayo, "un muchachito de Valladolid" llegado a Madrid que dedicó sus comienzos al estudio de la técnica de la Commedia en Italia, aunque su trayectoria profesional le ha llevado más por los papeles dramáticos. Trabajó para la Compañía de Teatro Clásico durante seis años, recita el verso, domina la prosa y conoce el sentido de su profesión por encima de todas las cosas. Además es músico y responsable de su propia productora, Producciones Pachamama ("Madre tierra", en quechua).

Ver actuar a Fernando Cayo constituye una apuesta segura. Los cinéfilos lo descubrirán en breve en Casi Inocentes, la nueva película de Papick Lozano. En la actualidad podemos comprobarlo en De ratones y hombres donde encarna al personaje de George, símbolo de esperanza frente a la dureza de la soledad del ser humano. Es el bastón de Lennie, Roberto Álamo, su pareja inseparable. Su lema es "Yo cuido de ti y tú cuidas de mí".

-¿Qué sentido se le da a la vida en esta obra: encontrar a quien nos cuide y a quien cuidar?

– Como toda buena obra tiene varias capas y múltiples tesis y temas. Efectivamente, uno de esos temas es contraponer la soledad del resto de los personajes con la solidaridad, apoyo y cariño mutuo que se tienen Lennie y George. Y otra cosa, algo que conocen bien las personas que trabajan de alguna manera para cuidar a otros, "aquel que da, se lo da a sí mismo". Se recibe más dando al otro.

–George es un personaje que conoce lo más arduo que ofrece la vida, un luchador que consigue hacer llegar al espectador su ternura e incluso reflexionar sobre el sentido de la vida sin olvidar la sonrisa. ¿Cómo lo desarrolló?

- Me ayudó mucho el ser padre de una hija de siete años. El trato con ella me acercó a cómo debía comportarme con Lennie. La manera de explicar el porqué de las cosas, la ternura, el cariño, los juegos, los enfados, el remordimiento por el enfado desmesurado, el tenderle la mano ante su fragilidad… Lennie es un niño grande. La relación profesional con Roberto ha sido enriquecedora, fácil, casi sublime, y era muy importante que nos entendiéramos bien para crear esta hermosa simbiosis. George tiene la emoción a flor de piel; creamos un personaje a punto de romperse constantemente, ásperamente tierno y golpeado.

– Ha trabajado bajo la dirección de Tomás Pandur y, ahora, de Miguel del Arco. Son dos grandes directores de visiones muy distintas. ¿Qué aprendió de cada uno de ellos?

- Miguel es un director muy especial, muy sensible, profundo y divertido. Genera entusiasmo. Conoce muy bien al actor porque lo es, además de escritor, productor, realizador o cantante. Por eso tiene una visión muy amplia de todos los roles de la producción teatral. Miguel, dentro de unas directrices, valora la capacidad creativa del actor y tiene un extraordinario sentido de la verdad y una maravillosa capacidad para dinamizar grupos. Es genial ver cómo saca de cada uno de los actores lo mejor, lo más brillante. La organicidad que da a sus espectáculos es lo más refrescante que le ha pasado al teatro español en los últimos años. En cuanto a Pandur, es un director controvertido, que rompe con lo estandarizado: uno de los grandes creadores europeos. Consigue que hasta la gente que critica su obra no deje de ir a verla. Está acostumbrado a trabajar con los actores de los países del Este de Europa. Todos ellos son actores con una trayectoria formativa amplísima, saben hacer de todo, se forman con la misma disciplina que se forma en nuestro país un médico. Son gente muy preparada y muy rigurosa a la hora de preparar un papel, y a eso está acostumbrado Pandur; cuando trabajas con él tienes que estar dispuesto a lanzarte y darlo todo. Entrar en su imaginario y entregarte a su viaje.

– Termina el 27 de mayo la obra en el Español y estrena película de inmediato, Casi inocentes. ¿Qué nos puede adelantar de ese Alberto al que da vida en el largometraje?

– Es la vida de un matrimonio aparentemente perfecto, Regina y Alberto. Tienen una vida plena, pero un día su hijo sufre un accidente ante el que su padre es incapaz de reaccionar. Es entonces cuando un inmigrante, que aparece de manera fortuita, salva la vida del hijo. A partir de ahí se crea un conflicto moral por recompensar a quien ha salvado a lo que más queremos. Ha sido mi mayor reto cinematográfico: un protagonista con un recorrido extremadamente complejo e intenso.

– Es una fábula sobre la paternidad y las relaciones familiares, una reflexión sobre los valores éticos de la sociedad actual. ¿Existe algo en común entre la relación de George con Lennie y la de Alberto con el héroe inmigrante?

—George y Alberto tienen en común que están demasiado mediatizados por lo que ocurre fuera y los que están fuera. No están en ellos mismos; los dos son personajes descentrados y perdidos que recuperan este centro a través del amor y los afectos auténticos. Un periplo extremadamente doloroso les lleva a bajar a los infiernos. Después de eso, el sentido de la relación con el otro cambia.

– Ana Fernández da vida a Regina, su mujer. Junto a ella vive en la película una situación extrema. ¿Cómo consigue hacerle creíble al espectador una situación tan límite?

– Simplemente viviéndola, recreándola a través del poderoso motor que es la imaginación, estudiándola desde distintos puntos de vista y sintiéndola. Sintiéndola fuerte. Y con compañeros fantásticos como Ana Fernández y Jarek Bielski, entrar en este juego es un placer.

– Sus últimos papeles son profundos. ¿Considera que la introspección es una labor necesaria para el actor?

– Por supuesto, es necesaria hasta para hacer "Commedia dell'Arte". Es una de las grandes bendiciones de esta profesión: el camino de conocimiento interno es bestial.

– Con Producciones Pachamama ha adaptado Cerebros verdes fritos, el libro de Jacopo Fo, bajo el título Una terapia definitiva. Ahí analiza en clave de humor los valores de la sociedad actual, las relaciones de pareja, los traumas de la infancia... ¿Cómo lo encaja el público?

- Cuando produzco por mi cuenta, busco hacer cosas que considero necesarias. El mayor éxito de este espectáculo es recibir los correos electrónicos de espectadores diciéndome que realmente les ha tocado, que se han divertido y les ha resultado terapéutico: sanar, reconfortar, dar luz es un deber que siento como creador. No solo es un espectáculo de entretenimiento, sino que sirve para algo más. La satisfacción que siento al hacerlo es enorme. Con Una terapia definitiva te ríes, piensas y reflexionas, y todo con un formato inusual, muy directo, una mezcla de terapia de grupo, conferencia, cabaret. El público es más vivenviador que simple espectador…

– ¿Cuándo podremos verle de nuevo junto al músico, Geni Uñón?

– Hasta el año que viene estoy embarcado en la gira de De ratones y hombres que maravillosamente ha trabajado Concha Busto, una gloria de productora. Y en un par de proyectos audiovisuales para este verano. Pero en cuanto tenga un hueco volveré al ataque. Tengo intención de estar una temporada en una sala de Madrid.



Aránzazu Riosalido
30-05-2012 Versión imprimir
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