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09-07-2012 Versión imprimir
El joven de dulce rebeldía se reinventa
Tras cuatro años volcado en el cine, vuelve a la pequeña pantalla con ‘Gran reserva’ y prepara su llegada a los escenarios
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
La cita acontece sobre el Puente de Toledo, un lugar simbólico para el vitoriano porque aquí rodó con Pilar López de Ayala Báilame el agua, su debut en el celuloide. “No me saques muy quinceañero, que luego solo me ofrecen esos personajes”, bromea con el fotógrafo mientras intenta que la luz no le ciegue. Como otros actores de su generación, contó con el trampolín de las series televisivas, pero fue esa mezcla de físico atractivo y papeles bien abordados de adolescente problemático la que le adhirió con fuerza a las carpetas y corazones de muchos españoles.
 
Poco queda ya de aquel fenómeno. Ugalde destaca hoy por una trayectoria cinematográfica en la que ha actuado para Steven Soderberg, Miloš Forman o Mike Newell y le ha hermanado con algunos récords: reventó la taquilla colombiana con Rosario Tijeras y luchó con una espada de lujo en Alatriste, la segunda producción más cara del audiovisual patrio. Aunque tiene por estrenar los filmes Drácula 3D, Baztan y Nemekitepá, ya está grabando para TVE entre los viñedos riojanos y baraja nuevas propuestas extranjeras.
– Iba a empezar Ciencias del Mar y acabó enamorando a la cámara. ¿Qué ocurrió?
– Casualidad. Dos compañeros me hablaron de hacer interpretación cuando repetía COU y se lo propuse a mis padres, que aceptaron siempre que no saliese del País Vasco. Empecé en Basauri y, a los nueve meses, anunciaron en el corcho un casting al que me presenté con otros mil aspirantes. Me seleccionaron de milagro.
– Así que su paso por las clases fue breve.
– Las academias preparan muy bien, pero luego hay que bregar con un mundo laboral en el que no se dispone de tanto tiempo para trabajar las emociones. Los rodajes han sido mi aula, con los actores y directores como profesores.
– ¿Por qué le dio problemas su físico en las pruebas de la serie autonómica ‘Entre dos fuegos’?
– Hubo tres cribas y los productores me echaron porque mi apariencia no acompañaba a la hora de vender la ficción en todo el Estado. ¡Decían que tenía cara de la izquierda abertzale! Josetxo San Mateo, el director, les ignoró y el papel fue mío.
– Tras ETB afrontó ‘A las once en casa’, de TVE. ¿Cómo recuerda su traslado a Madrid?
– Pasé por lugares inhóspitos para un chico de 19 años. Mi primer alojamiento fue una pensión de prostitutas donde no pude dormir porque estaban todas de servicio. Lo conté en el plató y una empleada de producción me ofreció su casa para pasar la segunda noche, pero tenía dos gatos y yo era alérgico. Me levanté con un ataque de asma y fuimos al hospital antes de mi primera secuencia con Antonio Resines, al que replicaba a punto del desmayo.
– En ‘Periodistas’, ‘El grupo’ o ‘Compañeros’ era un chaval atormentado, igual que en películas como ‘Báilame el agua’, ‘Héctor’ o ‘Frío sol de invierno’. ¿Por qué?
– En ese momento no había demasiados papeles acordes a mi edad y rasgos. Aun así, rechacé series edulcoradas cuyos argumentos no tenían nada que ver con la realidad juvenil y escogí personajes con conflictos internos o familiares. Muchos conocidos míos tenían líos con las drogas, la educación o la policía, y quería que la gente los conociese de cerca.
– ¿Se considera escrupuloso en la selección de sus apariciones?
– Me gustaría morir sobre un escenario, pero gestionando una imagen y no haciendo todo lo que llegue. Escojo los proyectos pensando en lo que me gustaría recibir como espectador: está muy bien vender productos, pero lo más importante es que la ficción sirva también para construir una sociedad mejor. Otra de mis premisas es sentir que aprenderé algo; por eso he desestimado ofertas de las que solo me atraía el dinero.
– Su filmografía lo demuestra: aunque ha estado en superproducciones, es más fácil encontrarle en películas modestas.
– Nunca me planteo si un filme hará taquilla. Cada paso que doy es tan importante como el anterior, actúe para Roland Juppé o David Pinillos: merecen el mismo respeto y mi trabajo debe ser igual de estricto con ambos.
– Sea como sea, su rostro es muy conocido. ¿Anhela el anonimato?
– Me gustaría empezar de cero con cualquier persona y no tener que lidiar con las ideas preconcebidas que seguramente tenga sobre mí. Pero eso lo disfruto cuando actúo en el extranjero.
– En América Latina ha barrido…
– Rosario Tijeras, que me llegó por casualidad en el Festival de Guadarrama, fue la cinta con más recaudación en la historia de Colombia y viajó a varios países. Me llaman a menudo desde el otro lado del Atlántico, pero solo he rodado Cefalópodo y Tequila en México porque mi vida está aquí. Aun así, es una puerta abierta: mi madre es argentina y llevo el carácter latinoamericano en la sangre.
– Su currículo refleja que es usted más de celuloide que de tele.
– ¡Me gusta hacer el amor con cariño! [risas] La televisión descuida los detalles, no respeta la investigación necesaria para profundizar en los personajes. A veces duele regresar a casa sabiendo que las cosas saldrían mejor con un poquito más de calma.
–¿Se lleva sus papeles consigo?
– Es imposible dejarlos en el plató porque nuestra carpeta está en la cabeza, nos acompaña las 24 horas y no podemos cortárnosla [risas]. Mis personajes me transforman: durante una temporada llego a comportarme como ellos y siempre me dejan un poso de alegría o frustración.
– ¿Cuál es el que más le costó preparar?
– El sacerdote de La buena nueva. Nunca había tenido vínculo con la religión, así que fui a la parroquia madrileña de San Carlos Borromeo porque comparte el espíritu de aquel Marino Ayerra de la Guerra Civil: ayuda al desprotegido sin las parafernalias de la Iglesia. Visité a curas que no pueden expresar su opinión, entendí que la postura eclesiástica oficial dista mucho de lo que dice la Biblia e incluso aprendí latín.
– Se echa de menos verle en la piel de villano redomado.
– En Gran reserva estoy sacando un lado oscuro que querría explotar más, pero dicen que tengo cara de bueno. Confío en que un director valiente me ofrezca un tipo turbio con tramas de acción.
– ¿Y sus pinitos en la publicidad?
– Sí, para Purificación García. Y antes había hecho un anuncio de chicles que fue retirado tras dos meses en emisión por su elevado erotismo. Fueron veinte horas de grabación desenfrenada en la que dos tías me desnudaban hasta dejarme en calzoncillos sobre una silla de dentista…
 
Un debut muy deseado
Tras tres lustros de carrera, Ugalde aparcará por primera vez las cámaras para desplegar su talento en directo sobre el escenario. Aunque admite cierto pánico escénico, el vasco levantará el telón con un montaje propio junto a Unai López de Armentia y Asier Macazaga, los amigos que le metieron en el oficio.
“Estamos buscando un director con quien escribir el texto, en unos meses iniciaremos los ensayos e intentaremos patear España durante 2013”, revela. Consciente de que “no es buen momento para crear una compañía”, habla de un espectáculo basado en la desnudez escénica cuyo argumento se reserva: “haremos algo sencillo pero impactante, que provoque un antes y un después en el público. La fuerza de la obra vendrá de la palabra, no de los artificios que nos rodean en cine o televisión y que distorsionan la interpretación”.
 
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