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31-05-2019


Esta peli no la conoces ni tú

 

 

‘Smoking mirror’

(Celestino Coronado, 1990) 

Reflejos de una memoria necesaria

 

 

  LUIS MARTÍNEZ


Hace medio milenio ya que un señor de Medellín, sito en lo que fue la Corona de Castilla en los mil quinientos, conquistó (y modúlese este verbo como se quiera) México. Su nombre completo era Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano, y el título nobiliario con el que se fue a la tumba, aunque ligeramente más corto, tampoco era parco: Marqués del Valle de Oaxaca. Lo demás es conocido, y a fecha de hoy no queda del todo claro si aquello es digno de celebración o de dolorosa vergüenza. O las dos cosas. El caso es que de mala gente es olvidar y nosotros no queremos ser así. Tan culpable es desmemoriarse por decreto interesado, no sea que alguien se moleste, como por simple dejadez. Mucho más doloso, claro, es negarse a recordar por los dos motivos: por pereza y por politiqueo, que, básicamente, es donde estamos.

 

   Y ahora la pregunta: ¿a santo de qué un párrafo tan desabrido, tan retórico y con tan poco amor por la concordia como el precedente? A lo que cabría añadir incluso: ¿pero no es este espacio el que la web www.aisge.es y la revista Actúa dedican con buen criterio a traer a la memoria películas imprescindibles en su rareza y necesarias pese al silencio que las rodea? Pues por eso precisamente, sería la respuesta. O de otro modo, y por aquello de contestar pregunta con pregunta: ¿qué mejor que combatir el olvido que con una película que el tiempo ha cubierto de humo y que trata, en efecto, sobre un asunto que nuestro presente, siempre tan políticamente correcto y educado, se empeña en barrer debajo de la alfombra? Hablamos, para dejar de dar vueltas, de Smoking mirror [Espejo de humo], una producción española del muy español Celestino Coronado que trata de la muy espinosa cuestión española (o, de forma genérica, hispana) de la furia de Hernán Cortés, y cuyo título en inglés no hace más que complicar, un poco más si cabe, este y el párrafo precedente. ¿Cómo se quedan?

 

 

   La película, para situarnos, cuenta los amores del conquistador con su traductora, amante, esposa y obsesión: Malinche. Lo hace toda ella sumergida en un sueño. A veces, solo pesadilla. Casi siempre. Originalmente fue una obra de teatro firmada por el chileno en el exilio Alfredo Cordal. Se trata de una pieza que sobre la retina del espectador se comporta como lo haría una nube de arena lisérgica: por momentos irrita, a ratos entusiasma y siempre mantiene en un extraño estado de duermevela entre la realidad y lo otro. Fascinante en cada uno de sus planteamientos, la película mantiene de forma consciente la teatralidad frontal de la que proviene, sabedora de obedecer a un ritual casi sagrado de puro lascivo y pagano. Todo empieza en un burdel de la frontera mexicana donde un prepotente americano del norte se aprovecha de la inocencia de una joven del lugar. De golpe, la cinta se traslada al cuarto de atrás de la conciencia y de la Historia, y empieza la tormenta; una turbia borrasca que habla al presente con la misma fuerza que lo hace al pasado. Es alucinación y revelación, es fantasía e hiperrealidad. Sublime y completamente ridícula. Todo junto.

 

   Tezcatlipoca [Espejo de humo, Smoking mirror] es, para no perdernos, la contrapartida negativa del dios azteca Quetzalcóatl. Lo que se cuenta es una historia de perdición sobre el pasado que también aspira a ser metáfora de nuestro presente. De ahí ese prólogo actual que sirve también para cerrar la aventura. Entre medias, el conquistador danza un baile de muerte secundado por una mujer que sigue obediente sus pasos. Y todo ello en un apocalipsis visual, teatral y trágico que hace coincidir el desproporcionado planteamiento formal con la desmedida de lo narrado. Pocas películas exigen de forma tan radical y lúcida la oscuridad.

 

   Si a estas alturas ninguno de los que hayan llegado a este párrafo no siente la más mínima curiosidad por saber quién es Celestino Coronado, el director de todo esto, es que este artículo es completamente inútil. Que no lo descartamos. Al que escribe le llegó puntual noticia de la película y de este genio escondido de la mano de Luis E. Parés, un estudioso cabal de lo oculto del cine español. Y desde el momento de la presentación todo lo pudo el lamento por un olvido ahora más injusto que nunca. A Coronado, los que le recuerdan, lo hacen por haber sido director artístico de la compañía de Lindsay Kemp en espectáculos tan reconocidos y aplaudidos como Flowers. Extremeño huido del polvo de su tierra, acabó en Londres, donde se relacionó con lo más granado de la escena alternativa, del arte provocador, de la caligrafía queer.

 

El universo teatral y onírico del filme, "sublime y ridículo a la vez", según Luis Martínez


    Llegó a filmar un Hamlet psicoanalítico y procaz donde tanto el príncipe como Ofelia eran interpretados por dos actores. Hizo lo propio con otro Shakespeare, Sueño de una noche de verano, furiosamente kitsch. Y entre sus proyectos fallidos figura una relectura de la ciudad de Barcelona en tiempos de Guerra Civil, con guion de Vicente Molina Foix y empeño de revolucionarlo todo: desde la propia guerra al concepto de civilidad. Hasta un Quijote cuyo protagonista debería haber sido David Bowie figura entre sus deseos no cumplidos por azares de lo injusto. Los libros de historia del cine, en su siempre  caprichosa forma de titular y organizar, le guardan a Coronado un título honorífico: él fue el primer cineasta del mundo en realizar un largometraje en vídeo. Ahí queda eso. Smoking mirror fue su último trabajo para el cine y se estrenó en la Berlinale en 1990. Contemplada desde ahora, recuerda a una vanguardia irreal que quizá no existió nunca. Pero, y sobre todo, propone al espectador un viaje completamente inédito. La manera de desdoblarlo todo, desde cada personaje a cada línea de guion, desde la materialidad del escenario a la irrealidad de la puesta en escena, hace que todo se presente como la más bella sesión de hipnotismo posible. Magistral despedida del cine. 

   Luego, asuntos como el alcohol, la ingratitud y, de nuevo, la desmemoria, se hicieron cargo de sepultar el recuerdo de Celestino Coronado. España volvió a hacer honor a su proclividad para castigar a sus héroes solitarios. Y quizá por ello sea justo que en épocas de aniversarios olvidados recordemos a otro más de nuestros genios rigurosamente olvidados. Pues eso.



                   Luis Martínez es jefe de Cultura y crítico de cine del diario 'El Mundo' 



Celestino Coronado
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