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06-09-2017 Versión imprimir

 
 
 
Esteban Crespo

“Algunos cortos se ven más que muchos largos”


El director de ‘Amar’ ganó un Goya y optó al Óscar con el corto ‘Aquel no era yo’. Ahora prepara su segundo largometraje, producción internacional con actores de peso


 
JAVIER OLIVARES LEÓN
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Se podría decir que está tirando los tejos a la camarera: “Te conozco, ¿eres actriz?”. María sirve tés y combinados en la sobremesa de un bar del barrio madrileño de Barceló mientras unos aspersores pulverizan el bochorno. “Sí”, contesta ella. Tras un par de titubeos fisonomistas por ambas partes resuelven que en su día coincidieron. Fue en un corto publicitario para Las 3 brujas. “No es la primera vez que me pasa”, cuenta Esteban Crespo. “Después de ver una película de Jaime Rosales me sucedió lo mismo. Reconocí a otra actriz y se emocionó. Lo duro es que ponen copas porque no hay forma de vivir de esto”, lamenta a sus 46 años. Ganador de un Goya y candidato al Óscar por el corto Aquel no era yo, el director del largometraje Amar es un tipo de sonrisa ocular e inspiración nocturna. Tiene dos meses intensos por delante.
 
Ahora está usted con su primera película, que quizá sea la tercera.
– [Risas]. Más o menos. Black beach iba a ser mi ópera prima, pero siempre que entregas un guion transcurre al menos un mes. Y en esa espera puse en marcha otro que tenía desde 12 años atrás. Era Amar. Me gustó, gustó, me llamaron de tres productoras y se convirtió en mi primer largo. En una semana ya había entrado TVE… y estaba haciendo Amar antes que Black beach. No soy hombre de un solo proyecto. Si surge otra cosa…
 
¿Tiene el reparto en la cabeza?
– No depende solo de mí. Es lo más caro que he manejado hasta ahora: una peli internacional con producción francesa y un protagonista de peso. Cuenta el regreso a África de un tipo para una negociación de su empresa. Estuvo de cooperante y se encuentra con su pasado. Esa complicación le lleva a una angustia. He pensado en algunos actores, pero en este proyecto no puedes idealizar.
 
¿Nunca se llamará Playa negra?
– No. Eso es seguro. He tenido que aprender a pronunciar bien, porque según cómo pronuncies “beach” significa “playa” o “zorra” [bitch].
 
¿Localizaciones?
– El 80 por ciento se supone que sucede en África. Y podría ser Colombia. Buscamos selva. Pero hay también rincones de ciudad, como mercados con moscas, por poner solo un ejemplo. Me divierten mucho las mentiras del cine. El corto Aquel no era yo trataba sobre los niños soldado y en el rodaje convertimos Toledo en África.
 
 

 
 
 
¿Está contento con el recorrido de Amar?
– Estoy contento con la película. No fue el público en masa, estuvo cuatro o cinco semanas en cartel. Pero ahora sale en Netflix, y eso seguramente multiplique la acogida. Luego irá a TVE… Amar nació cubierta, con riesgo cero.
 
Y los jóvenes de entre 16 y 18 años, la edad de los protagonistas de la historia, ¿qué tal la han acogido?
– Se muestran amables. ¡Qué van a decir! Mi experiencia ha sido positiva con profesores y psicólogos. En los festivales de Málaga o L’Alfás del Pi hablé con educadores que dijeron que la proyectarían en clase. Crea polémica, pero es un tema candente.
 
¿Pero usted quería hacer una historia amorosa o de divulgación sexual?
– Queríamos hacer una historia sobre el primer amor, el conflictivo, el tóxico, el que no sabes manejar. Sin edulcorantes.
 
 

 
 
 
Encontró a la actriz principal, María Pedraza, en las redes sociales. ¿Cómo lo tomó su familia?
Bien, bien, todavía me lo agradecen. María no era actriz, y se volcaron pese a todo. Gracias a aquella oportunidad, así lo llaman aún, sigue trabajando. Ahora está en una serie. Hacía ballet, por lo que sabía estar, sabía posar. Superó una prueba entre decenas de chicas. Y me confesó: “Yo ya he pasado por todo esto”.
 
¿Estamos ante una nueva Verónica Echegui?
– La verdad es que yo le veo mucho futuro. Si se lo toma en serio, es una estrella. Me lo decían las personas de postproducción. Alguien incluso comentó que le recordaba a María Valverde en La flaqueza del bolchevique. A raíz de la peli le salió un representante.
 
¿Y a usted le salen muchas novias por sus cortometrajes?
– Depende de los productores. No todos los cortos pueden ser largometrajes. En Aquel no era yo ni siquiera pensé en alargarlo. Sí lo hice con la comedia Nadie tiene la culpa. Según les contaba el proyecto se arrugaban en la silla, como en los dibujos animados.
 
 

 
 
 
Firmó su largo de debut gracias a la candidatura al Óscar por el corto Aquel no era yo.
– Sí. Eso está clarísimo. Amar es una cinta difícil. Sin el premio, tendría que haber empezado por una más comercial. Pero no todos los premios ayudan.
 
Pues tiene más de 150 galardones por sus piezas.
– Pero eso trasciende solo entre la gente del circuito de cortos. A los productores de películas poco les llega. Y el Goya o la nominación al Óscar… depende de cómo te muevas.
 
¿Tienen audiencia los cortos en España?
– Sí. Más que muchos filmes. Solo con sumar festivales… Un dato que no todo el mundo sabe: en EEUU montan un largometraje con los cortos de los Óscar y lo ven más de dos millones de personas. Lo estrenan con el marchamo de los nominados al Óscar. De las ciento y pico películas que se hacen en España anualmente, no todas tienen esa acogida. Cualquiera de esos cinco cortos alcanza a un público mayor que muchas cintas.
 
– ¿Crear en ese formato da pasta?
– No. Si llego a hacer antes Aquel no era yo, igual me habría dado dinero. Pero me pilló la crisis, a partir de 2012. Ganar un festival antes podía proporcionar 3.000 euros. Ahora son 300. Con un corto muy ganador podías hacer dinero. Pese a todo, estuvo bien.
 
 

 
 
 
¿Aquel no era yo cambió su idea del ejército?
– Nunca he sido militarista ni anti. No soy de extremos. Pero nos trataron muy bien. Fue más fácil que con las ONG, que parecían ministerios. A diferencia de otras instituciones, “sí” es sí y “no” es no. Son claros. En el mundo del cine hay gente que no sabe decir que no y pierdes tiempo. Decir “no” es solidario.
 
¿Descubrió cosas sobre el conflicto de los niños soldado?
– Sí. Contactamos con muchas ONG. Hay una comunidad de niños soldado en Almería. Huyen del asunto, pero nos aportaron un montón. Aprendí. Yo trabajé con anterioridad en Guinea Ecuatorial y Namibia, y gentes de ese país me ayudaron. Nos acabaron dando el premio Moviliza de Unicef, que en principio no quiso entrar en el proyecto.
 
 

 
 
 
En medio minuto

Si estuviera en la mesa de al lado, ¿a quién ofrecería un papel?
– Soy tímido. Y nunca me ha pasado... En EEUU sí funcionan así las cosas. Si tienes a Javier Bardem o Brad Pitt, la cosa sale, fijo. Por cierto, tengo un proyecto que le iría al dedillo a Bardem. O a Eduard Fernández…

¿Una actriz para trabajar?
– Penélope Cruz o Carmen Machi.

Gustavo Salmerón, su actor fetiche.
– Tiene una mirada inteligente y me entiendo bien con él. Cada corto en el que aparece funciona. Es un tipo obsesivo con su profesión. Y eso hay que amarlo, cobres o no. Aporta mucho, habla mucho. 

Un anhelo.
Reencontrarme con Pilar Castro, con quien estuve en Nadie tiene la culpa. Quería estar en Amar. O con Candela Peña…

¿Un director?
– Julio Medem. Tengo suerte: la directora de arte de Amar [Montse Sanz] es su mujer, por lo que estaba todo el rato ahí. Tierra es una de mis películas favoritas. Justo de cuando yo me planteaba ser director.

Recomiende tres cortos.
Misterio, de Chema García Ibarra; Profilaxis, de Daniel Sánchez Arévalo; y Dicen, de Alauda Ruiz de Azúa.  
 
 
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