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07-11-2018

'EL ÚLTIMO FRACASO'

Casi 30 años después de su rodaje se estrena este filme valenciano, representativo de una época en la que ser cineasta podía ser ruinoso


ALBERTO ÚBEDA-PORTUGUÉS

El valenciano Antonio Aguilar se animó a rodar en 1990 este filme a partir del metraje de lo que iba a ser una de las primeras series de televisión creadas en Valencia. Pero la falta de medios y apoyos motivó que este interesante drama nunca viera la luz. Yuri Aguilar, hijo del cineasta, empresario y productor, ha concluido ahora el proceso de postproducción de El último fracaso y homenajea así a su progenitor al estrenar la cinta esta semana.

   El proyeccionista Julio Medina (Juli Mira) ha rodado una película, lo que le ha costado todo su capital, pero ningún distribuidor quiere estrenarla. Tampoco consigue una subvención del Ministerio para pagar las deudas acumuladas. Un exhibidor de arte y ensayo se interesa al fin por su película, pero un influyente crítico le da un aviso: vapuleará el filme. Inasequible al desaliento, Julio idea un plan infalible para estrenar.


Juli Mira


   “La película cuenta exactamente lo que le sucedió a mi padre. Concibió un atractivo proyecto para una serie de seis capítulos con intérpretes de la talla de Agustín González, pero no siguió adelante por la muerte de la protagonista: Anabel Sol. Con la serie ya cancelada, mi padre decidió grabar nuevas escenas y varió un poco la trama hasta completar un largometraje”, expone Yuri Aguilar.

   El reparto de El último fracaso lo encabezan por intérpretes de la Comunidad Valenciana, algunos tan conocidos como Juli Mira. Este ha tenido destacados personajes en las recientes Juegos de familia (Belén Macías) y Formentera Lady (Pau Durà). Anteriormente había despuntado en títulos como Los años bárbaros (Fernando Colomo) o El 7º día, de Carlos Saura. “Películas como El último fracaso son necesarias para que el audiovisual valenciano progrese y pueda consolidarse de una vez por todas”, explica Mira. Es también popular por sus trabajos en las series Cuéntame, Velvet y la La Riera, aunque es igualmente un importante intérprete de doblaje. 

   En el elenco le acompaña Fernando Folgado, compañero proyeccionista, al quien recordamos en la serie la forja de un rebelde (Mario Camus). O Juan Carlos Plá, amigo del protagonista, en Comando terrorista (Luis Colombo). Intervienen además Pepe Galotto (en la serie Fugitiva), Vicente Genovés (El reino, Rodrigo Sorogoyen) o Carles Sanjaime (Mil cosas que haría por ti, Dídac Cervera).


De izquierda a derecha: Juan Carlos Plá y Fernando Folgado


Una espina clavada

Antonio Aguilar Vicente (Valencia, 1959) dirigió en 1985 Pánico en el distrito 18, que protagonizó él mismo junto a Carmen Sanz Ballester. “El último fracaso era una estupenda continuación en la carrera de mi padre. Tenía muchas esperanzas puestas en la serie, y luego en la película, así que nunca ha olvidado que, por unas causas u otras, cogiera polvo en un cajón”, comenta Yuri Aguilar. Tanto los miembros del equipo técnico de la película como numerosos profesionales que conocían los antecedentes de la cinta le animaron vivamente a que retomara el material.

   “Las cosas han cambiado mucho desde aquellos años noventa. Muchos de los que en esa época tenían ilusión por hacer una película terminaban ahogados por las deudas y sin ganas de reintentarlo. Ahora, no pocas películas y series son encargos con una producción garantizada", afirma Aguilar.

   Adquiridos los derechos de exhibición del filme, Aguilar se encargó de la remasterización del metraje y también impulsó su doblaje al valenciano. “Incluso he participado en el doblaje. Conozco la película de memoria desde que era niño. Su estreno viene a ser un homenaje a mi padre y, por qué no, al cine independiente valenciano y nacional que tantas dificultades tiene para llegar a las pantallas”, resalta.

   Suscribimos las palabras de Yuri Aguilar y celebramos que ese cine de precarios medios y méritos reconocidos tenga un hueco en la cartelera. Reconforta echar la vista atrás a nuestra historia fílmica, la que se escribe con letras mayúsculas y la redactada con minúsculas tan gratas como las de El último fracaso. Eran otros tiempos, pero no muy diferentes pese a la tecnología, de los que vivimos ahora.

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