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29-04-2015 Versión imprimir

 

Los estrenos del 30 de abril



‘El hijo bastardo de Dios’



FANTASÍAS PERVERSAS
 
 
 
 
ALBERTO ÚBEDA-PORTUGUÉS
El veterano director balear Martín G. Ramis estrena un drama que combina elementos del psycho-thriller, secuencias de sexo frenético y un cierto tono romántico. Un filme de presupuesto reducido y de vocación independiente que reclama orgullosamente su sitio en los circuitos comerciales.
 
   El discapacitado Andrés (Nando Torres) es un funcionario del Ayuntamiento de un pueblo donde vive con su madre (Lola Paniza), una mujer paralítica de muy mal carácter y que desprecia las muestras de cariño de su hijo. La humillación que siente a causa de la pierna que permanentemente arrastra provoca que Andrés fantasee con una vida diferente, en la que se transforma en un hombre atractivo y cruel. Hace el amor con algunas mujeres a las que termina estrangulando y también somete a torturas a los que abusan en el pueblo o en su trabajo de su bondad e inferioridad física. La realidad es cada vez más difícil de soportar y, harto de los insultos de su progenitora, deja de atender a sus necesidades. Tampoco descarta otras medidas contra los que le han ofendido.
 
 
 
Nando Torres
Nando Torres
 
 
 
   Nando Torres es el protagonista absoluto de El hijo bastardo de Dios. Este actor barcelonés que vive desde hace mucho tiempo en Mallorca ha intervenido en las películas El cura y el veneno (2013) y The Marionette (2014), ambas de Antoni Caimari Caldés. “La existencia de Andrés, mi personaje, es tan aburrida que necesita algún estímulo para no morirse de angustia. Por eso recurre a la imaginación”, afirma Torres, intérprete principal de La vengancita (Álex Ferrer, 2012), episodio piloto de la serie Historias memorables. “Es una película arriesgada, muy de autor. Pasan tantas cosas en pantalla y con tantos cambios de registro que resulta complicado definirla. Estoy seguro de que no dejará a nadie indiferente”, comenta Torres, que formó parte del elenco de Mediterranean Blue (2012), de Martín G. Barón, hijo de Martín Ramis.
 
   Otra presencia destacada en la cinta es la de Sabrina Olmo (incorpora a Carlota, una de las mujeres deseadas por Andrés), que ha participado en montajes teatrales de las islas como La Celestina. El hijo bastardo de Dios es su primer filme. Por último, Beatriz Barón (una marchante de arte en la vida imaginaria del protagonista) intervino en Nos veremos en el infierno (2011), de su hijo Martín G. Barón.
 
Actor y director
El realizador Martín G. Ramis tiene a sus espaldas una dilatada carrera como actor en las películas La Coquito (Pedro Masó, 1976), El sacerdote (Eloy de la Iglesia, 1978), Mamá, levántate y anda (Andrés Velasco, 1980), La rebelión de los pájaros (Lluís Josep Comerón, 1982), Perras callejeras (José Antonio de la Loma, 1985),  Acosada (Sebastián D’Arbó, 1985), La chica que cayó del cielo (Hubert Frank, 1986), Proceso a ETA (Manuel Macià, 1989) o Hermana, pero ¿qué has hecho? (Pedro Masó, 1995). En 1980 dirigió su ópera prima, ¡Qué puñetera familia!, también la primera película mallorquina de la historia que obtuvo distribución comercial. Después llegaron El último penalty (1984), Mordiendo la vida (1986), Simpáticos degenerados (1988), Héroes de cartón (2001) y el presente filme, en el que encarna a un millonario.
 
 
Beatriz Barón. Torres y Martín G. Ramis
Beatriz Barón. Torres y Martín G. Ramis
 
 
 
   “Todas mis películas anteriores podían haber sido mejores”, confiesa Ramis, autor de las piezas teatrales Un féretro para Arturo (1976), Definidos e indefinidos (1979) o Al final y al principio del camino. Esta noche hay que matar a Franco (1996); y de, entre otras, la novela En busca de Michael Douglas (2008). “Siempre me importó más divertirme que hacer buen cine. Alguna gente que ha visto mis películas todavía me agradecen los buenos ratos que les he hecho pasar. Pero con El hijo bastardo de Dios  las cosas han cambiado. Creo que es mi primer gran trabajo”, afirma.
 
   La mirada libre de G. Ramis despoja de artificios una cinta despiadada y transgresora que deja nuestra retina llena de imágenes volcánicas de sangre y erotismo. Al mismo tiempo, nos da la oportunidad de contrastar una realidad en la que el protagonista solo encuentra compasión o desdén y esa fantasía obscena que Ramis plasma y en la que la maldad se enseñorea de la pantalla.
 
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