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10-11-2015 Versión imprimir

 

Los estrenos del 13 de noviembre



‘La adopción’



EL AMARGO MERCADO DEL AMOR
 
 
 
 
ALBERTO ÚBEDA-PORTUGUÉS
Una excepcional pareja de intérpretes guían la trama de La adopción, la nueva película de Daniela Fejerman. Nos introducen en las aguas cenagosas de la compraventa de seres en el umbral de la vida, desamparados en países cuyos recursos son mucho más limitados de los que disfrutamos en el nuestro.
 
   Nora Navas encarna a una mujer de buena familia que desea tener un hijo con su marido (Francesc Garrido), hasta el momento sin éxito. Ambos viajan a un país del este de Europa para adoptar a un chiquillo y allí se topan con un rosario de problemas y un entramado de corrupción generalizada que dificultan ese deseo.
 
   “Desde las primeras versiones del guion, el productor, Gerardo Herrero, y yo intuimos que Nora sería la actriz adecuada para mostrar esa combinación de fragilidad y determinación que caracteriza al personaje, y además con la verdad que siempre adorna cualquier interpretación de ella”, resalta Daniela Fejerman, que se ha basado en su propia experiencia personal de adopción de un niño en Ucrania, siete años atrás.
 
 
Nora Navas y Francesc Garrido, el tándem protagonista
Nora Navas y Francesc Garrido, el tándem protagonista
 
 
 
   “Nunca había rodado fuera de España y ha sido una estancia memorable. Con mucho frío, pero agradecida de que todo haya ido bien”, comenta Navas, recordando ese tiempo invernal de principios de 2015 en Lituania, donde se filmó la película. Tras su brillante participación en Felices 140, de Gracia Querejeta, la intérprete de Barcelona continúa dando pistas de su calidad interpretativa. “Daniela confío en Francesc y en mí y nos dio libertad para desarrollar nuestras interpretaciones”, reconoce la ganadora del Goya a la mejor actriz por Pa negre, de Agustí Villaronga. “Natalia, mi personaje, es una mujer agazapada, pero sabe cómo saltar en el momento adecuado y tomar decisiones”.
 
   A su lado, Francesc Garrido completa uno de los trabajos más importantes de su carrera. “Daniela te suministra todo tipo de información sobre tu personaje, y eso a mí me encanta. Se llega a una identificación casi absoluta con el papel, que en principio complica las cosas, pero a la vez hace más fácil la tarea”, explica Garrido, muy reconocido por series como El tiempo entre costuras o Gran Reserva. El actor catalán opina que Daniel, su cometido, es el prototipo del hombre moderno. “Tiene su punto de violencia verbal, de resolución y agresividad frente a los que quieren engañarle, pero poco a poco va agotándose hasta que su mujer es la que debe sacar las castañas del fuego”.
 
 
Daniela Fejerman, dirigiendo a Navas y Garrido
Daniela Fejerman, dirigiendo a Navas y Garrido
 
 
 
Plena confianza en los intérpretes
La tensión que vivimos en todo el metraje de La adopción, las discusiones cada vez más airadas de un matrimonio que trata de encontrar en un lugar extraño un nuevo enfoque a sus vidas, han sido fenomenalmente reflejadas por la directora Fejerman. “Nora y Francesc tuvieron una química instantánea desde el primer ensayo y consiguieron crear una relación de pareja sólida y con historia, dando profundidad, credibilidad y sutileza a cada momento”, afirma la cineasta argentina afincada en nuestro país, en el que ha estrenado comedias como Semen, una historia de amor (2005) o 7 minutos (2009).
 
   Si nos quejamos amargamente de la corrupción que existe en la sociedad española, el panorama que se encuentran los dos protagonistas, en este país –sin concretar cuál- que fuera satélite de la antigua Unión Soviética, es dantesco. “Se trafica con los niños, con el ansia de los padres que no dudan en empeñarse hasta las cejas, perdidos en una ciudad donde apenas se disimulan los sobornos, la larga cola de intermediarios que quieren aprovecharse de los que consideran ricos o simplemente advenedizos”, dice Fejerman.
 
   La adopción es una película dura e intensa en la que la directora extrae de los dos intérpretes una amplia gama de matices dramáticos que robustecen la sórdida odisea que viven; fastidiados constantemente por un clima adverso y la indiferencia de los nativos que bastante tienen con salir adelante en un entorno que no ofrece muchas oportunidades. La pesadilla que atraviesan los protagonistas parece que va a acabar con ellos, aunque, y ese es un gran mérito narrativo de Fejerman, deseamos de todo corazón que consigan superarla. En ese suspense permanecemos hasta los compases finales del filme. Es mejor no descubrir al espectador si a la postre son felices o se hunden aún más en el laberinto kafkiano en el que se han visto inmersos.
 
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