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15-10-2015 Versión imprimir

 

Los estrenos del 16 de octubre



‘Amama’



LIGADOS A LA TIERRA
 
 
 
 
ALBERTO ÚBEDA-PORTUGUÉS
Presentada en la sección oficial del festival de San Sebastián, este drama del guipuzcoano Asier Altuna obtuvo el premio Irizar a la mejor película vasca, mejor guion vasco de la Asociación de Guionistas de Euskal Herria y una mención especial del premio Signis (Asociación Católica Mundial). Se rodó íntegramente en euskera en distintas semanas entre julio y noviembre de 2014, en localizaciones de Guipúzcoa, Navarra  y Biarritz (País Vasco francés).
 
   Amaia (Iraia Elías) es una artista que vive en un caserío con sus padres, Tomás (Kandido Uranga) e Isabel (Klara Badiola) y la abuela, Juliana (Amparo Badiola). Pese a que no lo necesita, el padre continúa labrando la tierra y lleva una vida austera y triste. Esa manera de ser alejó de su lado a sus hijos Xabi (Ander Lipus) y Gaizka (Manu Uranga). Amaia trata de hacerle cambiar, pero las continuas disputas y desencuentros con su padre le obligan a marcharse. Isabel avisa a Tomás que si no recapacita se quedará solo. El hombre, a su manera callada e íntima, intenta reconciliarse con su hija. Poco después, la abuela desaparece en el bosque.
 
 
Iraia Elías
Iraia Elías
 
 
 
   Amama (Abuela) se centra en la conflictiva relación padre-hija que escenifica la película. Incorpora a este último personaje Iraia Elías, que debuta en la pantalla grande. Natural de Zarautz, se ha fogueado en salas de teatro alternativo como actriz y creadora de los montajes Eta Karmele? (2009), Munduan beste (2011) o Gabrielen Lekua (2013). “Pese a que era su primera película, Iraia aprendió rápidamente las claves de funcionamiento del set y los códigos de rodaje”, comenta el director. En contraste, Kandido Uranga acumula una gran experiencia a sus espaldas. Ha destacado en títulos como Vacas (Julio Medem, 1992), Salto al vacío (Daniel Calparsoro, 1994), Yoyes (Helena Taberna, 2000), Silencio roto (Montxo Armendáriz, 2001) o Bosque de sombras (Koldo Serra, 2006).
 
   Les acompañan en el reparto Klara Badiola, que intervino en La fuga de Segovia (Imanol Uribe, 1981), Todo por la pasta (Enrique Urbizu, 1990) y Un poco de chocolate (Aitzol Aramaio, 2008). También merece atención Ander Lipus, intérprete e investigador escénico bien conocido del circuito teatral vasco, autor y actor de, entre otras, la pieza Yuri Sam (2005). Además, protagonizó el largometraje Agujeros en el cielo (Pedro Mari Santos, 2003). Otra importante colaboración es la de Nagore Aranburu (Sara, la mujer del personaje de Ander Lipus), muy elogiada por su papel principal en Loreak, de José M. Goenaga y Jon Garaño, la cinta elegida por la Academia de Cine para competir por el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.
 
   La gran sorpresa de Amama es, sin duda, Amparo Badiola, una mujer de Pasaia (Guipúzcoa) que a sus 84 años hace su primera incursión en el cine. “Vive en Francia desde la Guerra Civil. Un día la vi tomando café en un bar de Pasaia, y no dudé un instante en proponerle el rol de la abuela, impactado por su mirada. Al principio pensó que estaba tomándole el pelo, pero acabó integrándose perfectamente”, explica Asier Altuna.
 
 
Amparo Badiola y Kandido Uranga
Amparo Badiola y Kandido Uranga
 
 
 
Memoria del paisaje
Amama es una película de emociones y recuerdos”, declara el realizador nacido en Bergara. “Está ambientada en un caserío, en el mundo rural, algo que conozco muy bien. Yo soy parte de ese mundo y de esa cadena. Todo lo que sé de mis antepasados es que siempre han estado vinculados al caserío. Soy de alguna manera caserío y también cambio, ruptura y abandono del caserío”, sigue diciendo Altuna, que anteriormente realizó la comedia Aupa Etxebeste! (2005), codirigida por Telmo Esnal; y el documental Bertsolari (2011), en el que participó Ander Lipus.
 
   Amama es un filme que se impregna del paisaje captado y el rostro de cada personaje. Cuenta una historia de amor escondida en el lugar donde uno vive, en el que estuvieron nuestros antepasados, con las mismas dudas y la misma pasión. Altuna bucea, con intención surrealista,  en las imágenes y fotos enmarcadas de la familia protagonista, buscando un mensaje de identidad con el tiempo pasado y el presente. Una sugerente y poética propuesta que adorna mucho la cartelera.
 
 
 
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