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23-11-2017

Los estrenos del 24 de noviembre

‘Cortar (Las 1001 novias)’
 
 
 
PELEÁNDOSE CON EL AMOR

ALBERTO ÚBEDA-PORTUGUÉS
Fernando Merinero cierra con Cortar (Las 1001 novias) una trilogía sentimental e íntima –formada hasta ahora por Capturar y Alumbrar en la que combina ficción y realidad en un todo que embauca al espectador. Este tercer filme obtuvo el premio a la película documental en el Dada Saheb Film Festival (India) y recientemente participó en la Muestra de Cine Europeo de Segovia (MUCES).

   Fernando (Fernando Merinero) se desplaza a Las Palmas de Gran Canaria para encontrarse con una antigua novia llamada Magaly Santana. Se pregunta qué quedará de ese amor. A la isla llega acompañado por una actriz, Angélica Revert, a quien presenta como su actual novia. Pero no sabe muy bien cómo moverse entre las dos mujeres; incluso sustituye a esta flamante novia por otra mientras desentraña el misterio entre Magaly y él.

   “En Cortar (Las 1001 novias) el espectador especula finalmente con las identidades del protagonista y de sus amadas. Se hallaba ese juego en Capturar, era menos visible en Alumbrar, pero ahora vuelve a estar presente en Cortar. Ni yo como actor principal ni las actrices saben bien cuál es la verdad de nuestras relaciones”, afirma Fernando Merinero. Es un consumado autor gracias a las cintas Los hijos del viento, Agujetas en el alma, Casting, La novia de Lázaro o El viaje de Penélope

Magaly Santana y Fernando Merinero

Magaly Santana y Fernando Merinero

“El amor que sentí por la actriz cubana Magaly Santana fue la inspiración para Cortar. Ella protagonizó en 1995 mi primer largometraje, Los hijos del viento, del cual se insertan imágenes en esta película”, expone Merinero. Además de actor y director, es guionista, montador y productor ejecutivo del filme. “Tenía una idea poética de nuestro amor, de recuerdos de fotos en blanco y negro que evocaban instantes dolorosos y tiernos, un tiempo efímero y triste que fue la excusa para esta trilogía”, confiesa el cineasta. También es autor de títulos como Un millón de amigos, Haz de tu vida una obra de arte y el documental Las huellas de Dylan.
 
Novias y cómplices
Al margen de la mencionada Magaly Santana, Merinero ha contado con al menos dos novias. O dos cómplices que son actrices. Somos los espectadores quienes juzgamos qué es lo más adecuado que sean. “Para descubrir si verdaderamente quedaban rescoldos del viejo amor entre Magaly y yo, intenté darle celos, y para eso busqué a dos actrices que no guardaban relación con aquel amor. A ellas las conocí posteriormente como intérpretes de mi filmografía o siendo parejas mías”, explica el director.

   Como en la primera parte de la trilogía, Capturar, interviene en la cinta Angélica Revert, quien había participado también en la segunda película de la carrera de Merinero: Agujetas en el alma. Los telespectadores la han visto en series como El comisario, Ana y los 7 y Hospital Central. Engrosa el elenco Montse Berciano, presente igualmente en Capturar, cuyo personaje en Cortar está muy ilusionado ante la llegada de extraterrestres. El realizador ha trabajado además con Carolina Clemente, actriz de las otras dos partes de Las 1001 novias y de series como Sé quién eres Pulsaciones. Y destaca la colaboración inestimable en calidad de intérprete, directora artística, sonidista y demás cometidos de la hija de Merinero: Carmen.

Angélica Revert y Carmen Merinero

Angélica Revert y Carmen Merinero

 
“He manipulado sentimientos de las actrices y míos. No sé con qué propósito. Quizá sea el de saber por fin qué esconde la cámara que nos mira y traduce aquello que filmamos. Tal vez encuentre la respuesta en la próxima película, con un proyecto menos convulso que el de esta trilogía”, resume Merinero. Le gusta referirse a este tríptico como “películas vivas” y un “selfi cinematográfico”.

   Si en Capturar tenía la intención de valorar sus pasados amores, en Alumbrar necesitaba algo más que un idilio pasajero, algo que pudiera purgarle de otras relaciones. En cambio, en Cortar se siente cómodo jugando con las palabras, los gestos e incluso los besos. Porque solo entiende así la vida: buscando, encontrando, perdiéndose. Esperemos que su curiosidad y su espíritu irredento sigan despiertos para hacer el cine con el que otros no se atreven. Aun contando con más presupuesto.

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