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31-05-2016 Versión imprimir

 

Los estrenos del 3 de junio


‘Quizás’


ENTRE LA FELICIDAD Y LA DESGRACIA
 
 
 
 
ALBERTO ÚBEDA-PORTUGUÉS
Con la ayuda de las aportaciones de amigos y familiares, Manuel Bollaín ha visto cumplido su sueño de dirigir un largometraje tras toda una vida dedicada, entre otras cosas, a su pasión: el cine. Quizás desgrana con interés las vicisitudes de cinco personajes muy actuales que se balancean peligrosamente entre la felicidad y la desgracia.
 
   Simón (Juan Antonio Molina) se cita con la abogada Laura (Marta Rubio) para regularizar su situación legal porque no desea seguir viviendo, aunque no se atreve a suicidarse. Helen (Débora Izaguirre), amiga de Laura, está muy angustiada esperando que surja un donante para el trasplante de corazón que necesita su hermano. Otro amigo de la jurista, Pablo (Adolfo Obregón), psiquiatra, está tratando a un paciente que le anuncia que va a cometer un asesinato. Laura y Pablo fantasean con una idea que resuelva estos casos.
 
 
 
Débora Izaguirre y Juan Antonio Molina
Débora Izaguirre y Juan Antonio Molina
 
 
 
   “La película está concebida con ambición, tiene mucho recorrido. Creo que hemos conseguido algo muy digno”, comenta el jiennense Juan Antonio Molina, que ha destacado en la serie Arrayán  (Canal Sur), en piezas teatrales como El divorcio de Fígaro y en el filme Esta noche, no, de Álvaro Sáenz de Heredia. También andaluza, Débora Izaguirre tiene reciente el montaje del director teatral Juan Carlos Corazza de Hijos de Shakespeare, además de intervenir anteriormente en las cintas Schubert, de Jorge Castillo; y Lola, la película, de Miguel Hermoso. En 2012, estrenó la obra Extremities, en la que coincidió con Molina, ambos dirigidos por Pedro Casablanc. Izaguirre forma parte igualmente del espacio escénico ETC, que comanda Adolfo Obregón, su compañero de reparto en Quizás. Un intérprete cántabro de filmes tan populares como Mar adentro, de Alejandro Amenábar; y Siete mesas de billar francés, de Gracia Querejeta, con colaboraciones episódicas en las series Vive cantando o Sin identidad.
 
   “A diferencia de otras películas de Manuel, Quizás es bastante coral. No hay ningún personaje entre los protagonistas que tenga más importancia que los demás. De esta manera se ha conseguido que el proyecto nos pertenezca a todos”, afirma la catalana Marta Rubio, que trabajó con Bollaín en los cortos Te odio, te quiero y Dudas y dados, y en filmes tan elogiados como La isla interior, de Félix Sabroso y Dunia Ayaso. En el plano teatral, impactó con Carne viva, de Denise Despeyroux; y tuvo un gran éxito con Camas y mesas, donde también figuraba Molina. Cierra el quinteto Pedro Maestre, dando vida con un trasfondo de humor a un hombre cuya máxima aspiración es convertirse en psicópata. Maestre colaboró en los largometrajes El club de los suicidas, de Roberto Santiago; y El tiempo de Plácido Meana, de Kike Narcea; y en la webserie de Narcea Guiris, guiris.
 
 
Adolfo Obregón y Marta Rubio
Adolfo Obregón y Marta Rubio
 
 
 
Los retos de una película
Aunque la verdadera profesión de Manuel Bollaín es ingeniero aeronáutico, su relación con el cine ha sido muy cercana. “Desde que tenía 15 años he hecho cortos de manera más o menos profesional”, explica este hombre de 73 años, tío de la aclamada realizadora Icíar Bolláin. “El rodaje de una película plantea siempre retos importantes, y más con medios tan ajustados como los que hemos tenido. Sin embargo, estoy satisfecho de los resultados”.
 
   Como deja claro en la entrada de su blog Lo que aprendimos del cine americano (http://manuelbollain.blogspot.com.es), Bollaín posee un fino sentido del humor. En ese artículo, hay perlas tan regocijantes como esta: “Un hombre no se inmuta mientras recibe una paliza de campeonato, pero se queja cuando una mujer intenta limpiarle las heridas”. En Quizás también hay rasgos distintivos de ese humor. “Por lo general, en mis películas me gusta más provocar la sonrisa que la carcajada”,  señala.
 
   Combinando el drama, el thriller y la comedia negra alrededor de unos personajes bien trazados, Bollaín ofrece una cinta de tonos suaves y una cierta melancolía en la que nos sentimos a gusto. El que no haya contado con un gran presupuesto no es determinante para apreciar el calado y las buenas intenciones de un filme creado por un devoto amante del séptimo arte.
 
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