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06-10-2016 Versión imprimir

 

Los estrenos del 7 de octubre



‘Jota de Saura’



INVOCANDO LA MAGIA DEL BAILE
 
 
 
ALBERTO ÚBEDA-PORTUGUÉS
Casi seis décadas lleva en activo el aragonés Carlos Saura ofreciéndonos siempre un cine distinto, a contracorriente, personal, y eso es un mérito enorme en un país que descuida a los creadores de cultura. Presentada en el Festival de Toronto, Jota de Saura es un nuevo acercamiento del autor de La caza al musical, con una dignidad, una frescura y una potencia que para sí la quisieran muchas figuras en ciernes.
 
   Saura nos invita a visitar con intención narrativa, de historia escondida, la rica variedad de jotas que hay en el folclore de Aragón y en otras zonas de España. La colaboración de artistas de la talla de Sara Baras, Miguel Ángel Berna, Carlos Núñez o Carmen París derriba los prejuicios que tuviéramos sobre un fenómeno popular que está en la esencia del pueblo. Se suceden jotas de Calanda, de Andorra, homenajes a Paco Rabal en su encarnación de Goya bajo la dirección de Saura; a José Antonio Labordeta, recordando en una emotiva canción la herida nunca cerrada de la Guerra Civil, y también tenemos una jota moderna que se encuentra con el jazz de manera sublime.
 
 
Sara Baras y Miguel Ángel Berna
Sara Baras y Miguel Ángel Berna
 
 
 
   El talento y belleza de la gaditana Sara Baras ya destelló con Saura en Iberia y Flamenco, flamenco. “Ver actuar a Sara es uno de los espectáculos más hermosos a los que uno pueda asistir. Todos conocemos que es grandiosa bailando flamenco, pero ahora también descubrimos que en la jota es igualmente muy poderosa”, afirma el director sobre una artista que ha triunfado en montajes internacionales como los de Carmen, La Pepa o el más reciente, Voces.
 
   “Uno de los sueños de mi carrera era trabajar con Carlos Saura, y con Jota lo he cumplido”, explica el zaragozano Miguel Ángel Berna, triunfador en coreografías como Amares y Bailando mi tierra. “Para realizar la película”, admite el cineasta, “tuve la suerte de apoyarme en la sabiduría y las ideas de Miguel Ángel. Es un innovador absoluto que rompe moldes en la jota. Yo quería que ese espíritu se aplicara a la película y se acercara así a la gente ajena a esta danza, huyendo del componente regional, aunque no reniego de él”. Por su parte, Berna está convencido de que “hay muchos jóvenes a los que les gusta la jota, aunque no se publicite”.
 
   El número que protagonizan Baras y Berna adquiere un componente “sentimental” y de “cortejo”, en palabras del realizador: “Es un encuentro entre dos modos de concebir el baile. Miguel Ángel parece que domina a Sara en ese hechizo de giros y movimientos, pero inesperadamente se rompe el encanto y cada uno se impone al otro, poniendo de relieve sus respectivas personalidades”.
 
 
 
Berna y los espejos
Berna y los espejos
 
 
 
   Vitalidad, energía, pasión las encontramos también en las colaboraciones del gaitero Carlos Núñez, el violinista libanés Ara Malikian, el coreógrafo Amador Castilla o el guitarrista flamenco Juan Manuel Cañizares. “Carlos me pedía que, desde mi educación jonda, tomara ritmos y cadencias de la jota para incorporarlas a un tema nuevo. Un trabajo difícil pero gratificante”, afirmó este músico, que tocó durante mucho tiempo con Paco de Lucía.
 
Más allá del documental musical
“Nunca he tenido la intención de hacer documentales musicales. Me interesa la cultura que esa música a la que me acerco genera para hallar caminos poco transitados o heterodoxos mostrando el arte de sus intérpretes y bailarines”, reflexiona el gran director sobre una obra ya muy considerable de filmes musicales que, además de los arriba citados, incluye títulos como Tango o Fados. “Siendo oscense, era necesario también plasmar la jota, y lo he hecho con artistas maravillosos, que lo han dado todo para conformar un espectáculo, creo, de gran esplendor estético”, comenta Saura, Goya al mejor director en 1991 con ¡Ay, Carmela!. “Puede sorprender pero la jota se cultive en lugares tan insospechados como Filipinas, México o Argentina. No cupieron en la película, pero da idea de la importancia de esta música”. En una cinta que busca la belleza incansablemente tanto en el material rodado en estudio en Los Ángeles de San Rafael (Segovia) como en imágenes de archivo que se relacionan con la jota, se intercala un fragmento de Nobleza baturra, de Florián Rey, para recordar el magisterio de Imperio Argentina. “Era un genio. Lograba fundirse con la melodía de manera que su voz parecía un instrumento más, de rara perfección”, destaca el cineasta.
 
   Hay momentos en Jota de Saura en que dan ganas de introducirse en la pantalla y ponerse a brincar. Así sucede en la secuencia final, donde músicos, bailarines y gente de fiesta gozan en un caos báquico que nos desborda. La jota, igual que el flamenco o el tango en anteriores oportunidades, es un pretexto de Saura para introducirnos en esa extraña ceremonia de felicidad que a menudo desencadenan la música, la danza y la expresión de los intérpretes que se sienten arrebatados por la magia que invocan. Una búsqueda de la alegría y la trascendencia por la que nos sentimos recompensados.
 
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