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29-06-2017 Versión imprimir

 

Un sector joven, feminizado, nómada y con escasas oportunidades laborales
 
Así es la situación sociolaboral del colectivo de bailarines en España (Informe AISGE 2016)



Este informe ha sido presentado por Willy Arroyo, consejero de AISGE y responsable de Danza en la entidad, el 29 de junio de 2017 dentro de la jornada sobre el Estatuto del Bailarín, promovida por la Secretaría de Estado de Cultura
 
 
 
  1. 1.   INTRODUCCIÓN
La Fundación AISGE, entidad encargada de realizar los proyectos sociales y promocionales de AISGE (Artistas e Intérpretes Sociedad de Gestión) promovió la elaboración de un estudio sobre la situación sociolaboral de los actores y bailarines en España del medio audiovisual.
 
            El informe final fue presentado en el último trimestre del pasado año. Para la elaboración de dicho estudio se utilizaron distintos métodos de investigación social: encuesta, grupos de discusión y reuniones con especialistas de cada uno de los sectores.
 
            El análisis final es el resultado de la recogida y proceso de los  datos recabados en las 3.282 encuestas,  de la síntesis de los ocho grupos de discusión realizados por todo el territorio nacional en el que participaron más de sesenta profesionales divididos por sectores profesionales y grupos de edad; y las aportaciones de los informantes cualificados entrevistados en profundidad por último lugar.
 
            El resultado final de todo el estudio es bastante desolador ya que una de las principales conclusiones que extraemos a nivel laboral es la dificultad de estos trabajadores para subsistir de su profesión,  ya que únicamente el 8% de los trabajadores pueden vivir exclusivamente del desarrollo de su especialidad artística.
             
 
  1. 2.   CARACTERÍSTICAS DEL SECTOR DE LA DANZA
El sector profesional de la danza se despliega en una amplia diversidad de espacios laborales. Puede realizarse en una compañía o en un tablao flamenco, en una película o en un show televisivo, en un musical o en una sala de fiestas, en publicidad o en vídeos musicales, en eventos y presentaciones de productos, en un espectáculo unipersonal en una sala o en una performance en un espacio público, etcétera. Esta amplia gama de opciones puede simplificarse de forma práctica distinguiendo la danza en medios audiovisuales (televisión y vídeo, básicamente) de las actuaciones en vivo.
 
La vida laboral de las y los profesionales de la danza comparte algunas de las características que caracterizan al resto de los artistas, como la intermitencia de sus vínculos laborales, las dificultades para planificar una vida “ordenada”, o la necesidad de una formación y un reciclaje más o menos continuo. Pero, además, presenta rasgos específicos que configuran una realidad diferenciada. Uno de los más destacados es que los bailarines tienen una vida laboral corta, pues las exigencias físicas de la profesión dificultan –o directamente impiden- continuar en activo más allá de los 40 años. Para una actriz o actor de 50 años no es improbable encontrar un papel, incluso alguno de gran éxito, para una bailarina o bailarín de la misma edad ya se ha impuesto el retiro de las tablas; sólo una minoría continúa vinculado a ellas como coreógrafo pero la mayoría se ve obligada a contar con otros medios de supervivencia, ajenos a la profesión o más o menos vinculados a la misma (como las escuelas de danza). Esta circunstancia específica genera necesidades diferenciales que, más allá de las estrategias individuales para afrontarla, demandaría formas de regulación legal y laboral específicas, como por ejemplo el acceso a una prestación de jubilación acorde a la finalización de la carrera profesional del bailarín complementado con la creación de una serie de medidas que faciliten la información y el asesoramiento al profesional sobre su futuro a medio y largo plazo. Es decir, que se contemple por parte de las instituciones públicas implicadas la creación de un gabinete o despacho que informe, oriente, asesore, evalúe las capacidades y talentos del profesional con el objetivo de prepararse para un futuro en el mercado laboral.
 
Otra característica propia de la danza es su propensión al nomadismo laboral, puesto que el marco de posibilidades de empleo se mueve a escala local pero también internacional. No es extraño que se formen compañías que giren por varios países, o que se formen específicamente para actuar en el extranjero, o que se realicen casting con bailarines/as españoles para actuar en escenarios foráneos. Además, surgen con frecuencia oportunidades de empleo en regiones españolas alejadas del domicilio habitual, como las que se generan en temporada turística en hoteles de zonas costeras (cada vez menos). En este sentido, la disponibilidad permanente que es una característica propia del conjunto de los sectores aquí estudiados, adquiere una dimensión de movilidad geográfica entre los profesionales de la danza. Y esto tiene consecuencias directas respecto a la organización de la vida cotidiana.
 
La estabilidad en el empleo es una quimera dentro del sector. En la actualidad sólo existen cuatro compañías estables en todo el territorio: el Ballet Nacional de España, la Compañía Nacional, la Compañía Andaluza de Danza y el ballet de Víctor Ullate. Son las únicas que cuentan con una programación y presupuesto que permite contratar a una plantilla estable. El resto de espectáculos en vivo se basa en el esfuerzo aislado de coreógrafas y coreógrafos individuales, que están sometidos al grado de éxito comercial que puedan alcanzar sus propuestas. El otro gran campo de empleo es el audiovisual en el que tampoco existen elencos estables y donde las opciones laborales de los profesionales de la danza ha disminuido con los años. Atrás quedan los años en los que existía plena ocupación de los profesionales de la danza en el medio audiovisual.
 
 
 
3. DISTRIBUCIÓN TERRITORIAL DE LOS ENCUESTADOS
 
El conocimiento que nos ofrece la encuesta acerca de las y los profesionales de la danza es limitado. Esto se debe a que nuestro censo de referencia es el de asociados de AISGE, entidad gestora de derechos de imagen generados en el sector audiovisual. Por tanto, aquellos bailarines que sólo han trabajado en otros medios quedan fuera de nuestro alcance. No obstante, hemos recabado información sobre la situación en otros medios, siendo habitual, que una vez finalizada la etapa televisiva del bailarín este continua desarrollando su actividad en espectáculos en vivo.
 
Las personas socias de AISGE que se dedican exclusivamente a la danza no llegan a 400, mientras que otras 500 se desempeñan tanto como bailarines/as como en calidad de actriz / actor. Este segundo grupo es uno de los que conforma el segmento de profesionales pluridisciplinares, que en nuestra encuesta han quedado encuadrados en la categoría de “varios” y no podemos contabilizar estrictamente en ninguno de los cuatro sectores estudiados (audiovisual, teatro, doblaje y danza). Incluso considerando a este segundo grupo exclusivamente como bailarines las únicas comunidades con un volumen significativo de profesionales serían Madrid (490 socios), Andalucía (90) y Cataluña (82). Aunque tenemos respuestas de encuesta de casi todas las comunidades conviene considerar con prudencia los datos que no corresponden a las tres autonomías mencionadas.
 
Teniendo en cuenta esta salvedad, los datos de encuesta indican que los profesionales de la danza –los vinculados a AISGE- se concentran fuertemente en Madrid (el 63% del total), seguidos a gran distancia por Cataluña (14%) y Andalucía (8%). Más atrás aparecen núcleos más reducidos en Galicia (5%), Comunidad Valenciana (4%), País Vasco (3%) o Asturias (2%).
 
La hiper concentración en Madrid repite la pauta encontrada entre actrices y actores del audiovisual, pues en esta comunidad se encuentran las grandes productoras y cadenas de televisión que contratan a profesionales de la danza. En Cataluña la gran mayoría de bailarines reside en Barcelona y un 1% Girona. En Andalucía destacan Sevilla (6%) y Málaga (2%). En Galicia la provincia de A Coruña (4%); en la Comunidad Valenciana el principal centro es Valencia (3%) y en Euskadi  la provincia de Vizcaya (2%).
 
 
4. OCUPACIÓN Y DESEMPLEO
 
 
Aunque el desempleo alcanza un volumen muy significativo (en torno al 40%), la ocupación en el sector de la danza está entre las más elevadas entre las profesiones artísticas analizadas; según la encuesta el 52% ha tenido ocupación habitualmente a lo largo de los últimos tres años y el 50% la tiene en la actualidad.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
Sin embargo, las cosas parecen bastante diferentes si nos fijamos en los distintos subsectores en que transcurre la vida profesional de los profesionales de la danza. El porcentaje de personas desocupadas es máxima en el audiovisual (48%). Algo menor en salas y teatros (41%) y bastante menor en “otros espectáculos” (30%); es decir, la desocupación es menor cuanto peor es la calidad del empleo; en otros términos, es más fácil conseguir un “bolo” en eventos y presentaciones publicitarias que en un espectáculo musical en televisión.
 
5. DÍAS TRABAJADOS Y RETRIBUCIONES
 
 
Entre el 15% y el 16% de bailarinas y bailarines no consiguió trabajar ningún día en la profesión en los dos años anteriores. Algo más de la cuarta parte (25%-27%) lo hizo solamente entre una y cuatro semanas durante el año. Es decir que el 40% se mueve en registro de infra-empleo en cuanto al volumen de horas. Otro 15% tampoco puede decirse que consigue trabajar frecuentemente puesto que sus registros se mueven entre uno y tres meses por año.  Por tanto, las y los profesionales que tienen una inserción laboral de suficiente entidad son el 21-23% que trabaja de 4 a 6 meses al año y, sobre todo, otro 20-23 % que lo hace durante siete o más meses. En definitiva, algo menos de la mitad consigue empleo durante cuatro o más meses.
 
Esta fragmentación en cuanto a los tiempos de trabajo se traslada a las remuneraciones profesionales obtenidas a lo largo del año. Las dos terceras partes (65-69%) tienen ingresos por debajo de la línea de la pobreza y más del 50% gana menos de 3.000 euros al año, lo que equivale a doce mensualidades de 250 euros. Entre la pobreza y el “mileurismo” se encuentra un 16%. Por tanto, los ingresos sólo permiten vivir de la profesión al 20% restante, aunque apenas el 1% supera los 2.500 euros mensuales (o 30.000 anuales).
 
Nuevamente, los ingresos varían de forma notable según el subsector de trabajo. Si analizamos los ingresos medios por día trabajado observamos una enorme diferencia entre los obtenidos en el segmento audiovisual (en torno a 500 euros), en salas teatrales (unos 114 euros) y en otros espacios (65 euros diarios). Aunque estas cifras son aproximadas, pues los profesionales calculan los días trabajados de forma aproximada, es evidente la gran diferencia de ingresos que pueden obtenerse en los distintos subsectores.
 
 
 
 

 
 
 
6. CONTRATOS Y SALARIOS DE CONVENIO
 
 
Los convenios colectivos en vigor en todo el territorio estatal establecen la obligatoriedad para las empresas de firmar contratos con los bailarines contratados, dándolos de alta en el régimen correspondiente de la Seguridad Social. Sólo quien sea propietario de una pequeña compañía o quien trabaje en espectáculos unipersonales podría legítimamente emitir facturas como trabajador por cuenta propia. La encuesta indica que el 16% suele trabajar sin contrato y que otro 14% lo hace como autónomo. Por tanto, en torno al 70% es empleado habitualmente bajo la fórmula de contrato escrito.
 
Conviene recordar la fecha de entrada en vigor de los primeros convenios estatales que incluyen a los profesionales de la danza: comienzos de 2012 el de salas de espectáculos y baile, finales de 2015 el del audiovisual. Durante las dos décadas anteriores no existieron convenios estatales y en muchas comunidades tampoco se contaba con pactos o convenios de ámbito local.
 

 
 
En este contexto no resulta extraño que casi la mitad (48%) de los profesionales desconozca cuáles son los salarios de convenio. El resto se reparte casi por igual en dos grandes grupos: el 22% cobra habitualmente por debajo del salario de convenio, mientras que el 23% recibe sólo el mínimo establecido. 
 
 
 
7. SEXO Y EDAD: SECTOR JOVEN Y FEMINIZADO
 
Hay una superioridad numérica del sector femenino (56% vs. 44%). Sin embargo, la superioridad numérica no garantiza mejores condiciones laborales. Por el contrario, las cifras de desempleo son mayores entre las mujeres (47% los tres últimos años, 43% en la actualidad) que en el caso de los hombres (34% y 36%, respectivamente). Ellas tienen con más frecuencia un empleo distinto al de bailarina (el 51% frente al 43% de los hombres), lo que sugiere que su inserción laboral en la danza es más precaria. Aún así presentan porcentajes más elevados de paro en sentido estricto (profesional y no profesional): ellas un 16%, ellos un 13%.
 
También las mujeres consiguen menos días de trabajo a lo largo del año: más de la mitad (52%) no supera las cuatro semanas por año, situación en la que se encuentra el 33% de los hombres bailarines. Si nos atenemos sólo a los ingresos profesionales las bailarinas se encuentran mucho más frecuentemente bajo los ingresos de pobreza (72%) que sus compañeros varones (55%). Los ingresos medios por día trabajado son mucho mayores para ellos (428 euros) que para ellas (135 euros). En cambio, si consideramos el conjunto de ingresos personales (profesionales y otros) existe mayor equiparación entre ambos sexos. En otros términos, las mujeres compensan sus desventajas económicas dentro de la profesión con ingresos procedentes de otras fuentes.
 
Ellas también son las que con más frecuencia trabajan sin el preceptivo contrato laboral: 20% vs. 10%. Aunque son ellos los que más a menudo cobran mediante facturas (20% los hombres, 9% las mujeres).
 
Las mujeres son las que más desconocen los salarios de convenio (57% vs. 36%) y las que menos a menudo perciben remuneraciones por encima a los mínimos de convenio (3% ellas, 13% ellos).
 
En cuanto a las edades, en nuestra muestra está sub representado el grupo de menos de 25 años (apenas representa el 3% del total), probablemente por la dificultad de acceso a actuaciones en el medio audiovisual a edades tempranas (actuaciones que dan acceso a ser miembro de AISGE). 
Los resultados de encuesta muestran que el nivel de desocupación aumenta a partir de los 35 años: 48% vs. el 27% de los más jóvenes durante los últimos tres años; 48% vs. 35% en la actualidad.
 
Aunque las posibilidades de bailar disminuyen con la edad, llama la atención que los mayores de 45 años son los que menos frecuentemente tienen otro empleo fuera del entorno de la danza (el 42% vs. el 50% de los más jóvenes que, además, trabajan con más frecuencia en oficios sin ninguna relación con la danza). La combinación entre empleo profesional y no profesional hace que el paro en sentido estricto sea mayor a partir de los 45 años (20%), más que antes de los 35 (16%), aunque la cifra menor corresponde al grupo de 35 a 44 años (7%).
 
Los días trabajados durante el año también disminuyen con la edad: mientras el 51% de los mayores de 35 años no superan las cuatro semanas de empleo, entre los menores de 35 años los afectados son sólo el 25%. Además, la pobreza afecta más a los mayores de 45 (el 76% gana menos de 6.000 euros anuales con la danza) que a los menores de 35 (el 58%). Pero las diferencias por grupos de edad desaparecen cuando consideramos el conjunto de ingresos, sean profesionales o de otro origen, lo que indica que los bailarines de mayor edad compensan sus desventajas profesionales con ingresos de otro origen.
 
Que las ventajas de los menores de 35 años son sólo relativas se pone de manifiesto al conocer que son los que más habitualmente trabajan sin contrato (el 24% vs. el 12% de los bailarines de más edad).
 
El hecho de que los convenios colectivos del sector sean relativamente recientes explica que los salarios de convenio sean mucho más desconocidos por los mayores de 45 años (el 65%) que entre los menores de 35 (el 28% no los conoce).
 
En definitiva, la edad marca una fisura en las posibilidades laborales de bailarines y bailarinas. A partir de ciertos límites, variables en función de la condición de cada persona, se hace imposible desempeñar ciertos papeles y se vuelve imperativo volcarse hacia otras modalidades de trabajo (“te reinventas”, “busco lo que sea”), dentro o próximas a la danza.
 
 
 
 
 
 
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