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27-01-2014 Versión imprimir

 
 
  
 
El 73% de los actores españoles no pueden vivir de su trabajo
 
 
– El 44 por ciento de los artistas jubilados necesitan de un complemento de la Fundación AISGE para llegar a fin de mes
 
– El 55 por ciento de los trabajadores del sector ganan menos del salario mínimo (645 euros mensuales)
 
– La duración máxima de las jornadas laborales no se respeta en la cuarta parte de los casos
 
 


Casi el 73 por ciento (72,9%) de los actores y actrices españoles no logran vivir exclusivamente con los ingresos que les reporta esta actividad profesional. Además, la crisis ha propiciado que el 65 por ciento de nuestros intérpretes ni siquiera logre trabajar más allá de tres meses al año. Estos datos se desprenden del Estudio y diagnóstico sobre la situación sociolaboral de actores y bailarines de España, que la Fundación AISGE ha elaborado por segunda vez (su predecesor se remonta a 2005) y que se basa en 1.201 pormenorizadas encuestas realizadas a otros tantos intérpretes repartidos por todo el Estado español.

 


   Las entrevistas se realizaron a lo largo de 2012 por parte del Colectivo IOÉ, una empresa especializada en estudios sociológicos, bajo la supervisión del área asistencial de la Fundación AISGE. El abundante material recopilado se procesó durante 2013 y se ha traducido en un informe de casi 160 páginas, el trabajo más exhaustivo sobre la situación real de actores y bailarines que se ha realizado nunca en España. En total se entrevistó a 639 hombres y 562 mujeres, todos ellos socios de AISGE, escogidos por criterios proporcionales de edad, procedencia geográfica y grupo profesional: 729 actores, 356 actores de voz (dobladores) y 117 bailarines. Esta macroencuesta presenta un margen de error del 3 por ciento.
 
   Frente al estudio realizado por la Fundación AISGE en 2004–05, la nueva edición cuenta con el interés adicional de comprobar en qué medida la crisis económica general se ha dejado notar en un sector concreto y específico como es el audiovisual. Todos los parámetros económicos analizados permiten asegurar que las incertidumbres propias del oficio interpretativo (con ingresos muy discontinuos, por su propia naturaleza) se han agravado sensiblemente con la coyuntura económica que sufre el país. En pocas palabras: los actores tienen menos oportunidades de trabajar y, cuando lo consiguen, suele ser en peores condiciones que en años precedentes.
 
   En concreto, solo el 27 por ciento de los entrevistados reconoce haber contado con empleo “suficiente” a lo largo de los últimos 15 años. Quiere ello decir que más de las dos terceras partes de estos trabajadores se encuentran en situación de precariedad laboral (paro o subempleo). Más en concreto, el 55 por ciento de los actores y bailarines no alcanzan el salario mínimo interprofesional (en estos momentos, 645,30 euros mensuales) con sus trabajos en el sector.
 

 
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   Sin ingresos de otra índole o alguna forma de apoyo familiar, estos profesionales se encuadrarían por debajo del umbral de la pobreza. Sin ir más lejos, los gastos de vivienda son superiores a los ingresos por sus actividades como artistas en el 21 por ciento de los encuestados. Solo uno de cada cinco intérpretes españoles admite disfrutar de una situación “desahogada” en lo económico.
 
 

 
 
 
Desempleo y ayudas
 
De entre las personas que se encontraban en paro en el momento de realizar la consulta, un 28 por ciento no recibe ningún tipo de prestación. Es más: el 15 por ciento de los profesionales en paro carecen de cualquier ingreso propio, por lo que para la subsistencia dependen íntegramente de la solidaridad de familiares o amigos.
 
   Llegados al momento de la jubilación, el mayor porcentaje (42 por ciento) se acoge a ella cuando alcanza la edad preceptiva: 65 años. Sin embargo, un 34 por ciento de jubilados lo son “por necesidad”; esto es, porque no encontraron oportunidades laborales para continuar en activo. En el caso contrario, un 19 por ciento de los artistas se mantienen en activo después de los 65 porque cuentan con “buenas perspectivas laborales”.
 
   Los artistas jubilados españoles han cotizado una media de 28 años. El importe medio de sus pensiones es de 919 euros, pero la diferencia entre sexos es significativa: 994 euros para los varones y solo 778 para las mujeres. Además, las variaciones en los ingresos son enormes según los casos: hay un 21 por ciento de artistas a los que les queda una jubilación superior a los 1.200 euros, pero el 16 por ciento de ellos se encuentra con una jubilación por debajo de los 400 euros mensuales.
 

 
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   En todo lo relativo al cuidado a la tercera edad, la labor asistencial de la Fundación AISGE ha pasado de ser relevante a constituir el principal sustento para cientos de actores y bailarines españoles. El dato comparativo resulta esclarecedor. Allá por 2005, cuando se elaboró el primer estudio sociolaboral, el complemento que otorga la Fundación AISGE alcanzaba al 17 por ciento de los jubilados. Llegados a 2012, esta prestación alcanza al 44 por ciento de nuestros mayores. La bolsa de solidaridad asistencial de la Fundación AISGE se elevó en 2012 a 2,62 millones de euros, una cantidad con la que se pudieron mejorar las condiciones de vida para un total de 685 beneficiarios. Las ayudas de la Fundación AISGE se conceden bajo criterios de justicia, equidad y proporcionalidad, y siempre tras la evaluación previa de un equipo de trabajadores sociales.
 

 


Condiciones laborales

Los cuestionarios que ha procesado el Colectivo IOÉ hacen hincapié, en varias de sus preguntas, a las condiciones de trabajo y empleo con que se encuentran los profesionales de la interpretación en España. La situación no es mala en términos absolutos, pero abundan las condiciones abusivas. Por ejemplo, y aunque un 87 por ciento de los encuestados trabajan habitualmente con un contrato de por medio, existe un 6 por ciento de empleados sin ningún tipo de contratación (es decir, trabajan “en negro”). Y un 38 por ciento reconoce haber recibido “presiones”, al menos en una ocasión a lo largo de su carrera, para “aceptar condiciones de trabajo con las que no se estaba de acuerdo”.
 
   La duración de la jornada laboral suele respetarse, pero el porcentaje de incumplimientos es significativo: no se respetan los máximos del convenio de televisión en el 27 por ciento de los casos, y en un 22 por ciento si hablamos de espectáculos en vivo y de cine.
 
   En lo relativo a las cantidades percibidas por los trabajos artísticos, las respuestas son particularmente dispares. La mayoría (42 por ciento) cobra el salario mínimo de convenio, pero un 13 por ciento admite que sus emolumentos son inferiores a los mínimos estipulados. Estos abusos suelen sufrirlos, en particular, bailarines, mujeres y menores de 35 años. Los afortunados que cobran “más” o “bastante más” que las tarifas de convenio son el 21 y el 2 por ciento, respectivamente. Por categorías, resultan privilegiados los mayores de 50 y 60 años, los varones y los residentes en la zona Centro de la península.
 
   Por si todo ello no fuera suficiente, el 23 por ciento denuncia “problemas habituales” a la hora de conseguir que la empresa le inscriba de alta en la Seguridad Social. Es más, el 7 por ciento asegura que “nunca” lo ha conseguido. Además, se extiende la figura de los “falsos autónomos”, aquellos trabajadores por cuenta ajena a los que la empresa les obliga a cotizar como si fueran por cuenta propia. En esta situación se encuentran el 27 por ciento de los consultados en el sector de la publicidad, el 22 por ciento en espectáculos en vivo y el 15 por ciento en doblaje y audiovisual.
 
   Todos estos datos apuntan en una misma idea: la imagen de oropel, alfombra roja y vida desahogada que algunos ciudadanos han ido formándose sobre los profesionales de la interpretación se corresponde, en realidad, con un porcentaje ínfimo (apenas un 2 por ciento) de este sector profesional.
 

 
Una nueva manera de trabajar

El cuestionario preparado por IOÉ para los 1.201 consultados incluía también algunas preguntas de carácter más genérico que numérico o porcentual. Con ellas se pretendía determinar la percepción del mercado laboral actual entre los profesionales. En líneas generales, casi todos entienden que la crisis ha propiciado un cambio en el modelo de negocio y, especialmente, que podemos dar por finalizada esa “edad dorada de la televisión en España”, en la que se conseguían buenas condiciones de trabajo y unas remuneraciones adecuadas. La palabra más repetida entre los encuestados para definir el panorama presente es “restricciones”. Y las quejas o consideraciones más recurrentes son estas:
 
  • Las productoras televisivas demandan producir más cantidad de tomas en menos tiempo. Las nuevas tecnologías, eso sí, han agilizado y modificado los procesos de trabajo.
  • Los sindicatos y representantes de actores consideran “evidente” que las condiciones laborales son ahora más precarias que en una década atrás. Las productoras matizan, por su parte, que solo se ha producido una “transformación” en el proceso y que las series no pueden concebirse como “películas por capítulos”, sino más bien como “productos continuos”.
  • Nunca se habían demandado tantos actores y actrices jóvenes como ahora. El envés de esta realidad es la generalización de lo que, en argot, se ha dado en conocer como actor kleenex: aquel intérprete novel, con escasa formación y experiencia, cuyo paso por el mundo de la interpretación tiende a ser cada vez más pasajero.
  • Los representantes de actores se ven como una figura cada vez más necesaria, aunque suscitan opiniones a veces contrapuestas. El 69 por ciento de los actores consideran “conveniente” disponer de representante artístico, pero en la actualidad solo lo tienen un 37 por ciento de los participantes en el estudio. No solo eso: cuatro de cada diez actores (42 por ciento) jamás han tenido representante. Para enmarañar aún más esta evaluación, los productores audiovisuales tienden a considerar a los representantes como “una intermediación innecesaria y contraproducente”.
  • Por último, las relaciones no siempre son cordiales entre los representantes y los directores de casting. Estos valoran a aquellos porque “agilizan el trabajo de selección de actores”. En cambio, muchos representantes tienden a conceptuar a los directores de casting como “posible competencia desleal”, sobre todo porque ejercen como intermediarios con un acceso privilegiado a los directores de la serie o película.


 
El reparto de AISGE como fuente complementaria de ingresos

Las dificultades coyunturales que padece el sector, tal y como las radiografía el Estudio y diagnóstico sobre la situación sociolaboral de actores y bailarines de España, refuerzan el papel decisivo de la gestión colectiva como elemento para que las carreras de muchos actores y bailarines españoles resulten viables. Tengamos en cuenta que AISGE repartió en el ejercicio 2012 un total de 23,99 millones de euros entre los titulares de derechos cuyas obras gozaron de difusión audiovisual. Para muchos actores y actrices, el reparto de AISGE (que se establece con criterios matemáticos de proporcionalidad, según la emisión de las obras) se ha convertido en el complemento económico imprescindible para continuar desarrollando una carrera en el mundo de la interpretación.
 
   En el caso concreto de 2012, el 88 por ciento de los 9.529 socios españoles de AISGE percibieron algún ingreso por la comunicación pública de sus obras. Las cantidades son muy variables, lógicamente, y modestas en algunos casos. En concreto, hasta los 8.000 euros anuales de ingresos contabilizamos en torno al 48 por ciento de los casos, mientras que el 12 por ciento ingresó de 8.000 a 12.000 euros; el 19 por ciento, entre 12.000 y 24.000 euros y el 21 por ciento restante, por encima de los 24.000 euros. Los ingresos varían ligeramente si disgregamos los datos por sexos, siempre a favor del sexo masculino. Quiere ello decir que los varones conservan una cierta ventaja sobre las mujeres en términos de empleabilidad.

 


   En términos de edad, el 43 por ciento del dinero repartido en 2012 fue a parar al grupo de artistas intérpretes entre los 35 y los 49 años. El segundo grupo más cotizado es el de los jóvenes (menores de 35 años), que aglutinaron casi el 23 por ciento de las cantidades distribuidas. A los artistas comprendidos entre 50 y 59 años les correspondió el 18 por ciento de los ingresos, quedando el 16 por ciento restante para los mayores de 60 años. 
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