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09-10-2019

Miércoles 16-O, a las 19.00h. (C/ Ruiz de Alarcón 11, metro Banco de España)

El actor Eusebio Lázaro presenta en AISGE su novela autobiográfica ‘Fiebre alta’

Emilio Gutiérrez Caba acompañará al autor cartagenero, conocido por el público televisivo como el Don Severino de ‘Cuéntame cómo pasó’



El actor y director teatral cartagenero Eusebio Lázaro, popular por su papel de Don Severino en la serie Cuéntame cómo pasó, presentará el próximo miércoles 16 de octubre en la sede madrileña de la Fundación AISGE su novela autobiográfica Fiebre alta, que acaba de publicar a través de Ediciones La Discreta. Lázaro, artista de extensa y prestigiosa trayectoria, estará acompañado por el actor y presidente de AISGE, Emilio Gutiérrez Caba, que ha alabado la "gran altura literaria" de la obra.


   El libro, que entremezcla elementos de prosa, ensayo y autobiografía, desgrana algunas de las peripecias vitales de Lázaro, narradas con un certero sentido de la observación. El lector no solo descubrirá los orígenes de su apellido, sino también la compleja relación de Lázaro con su progenitor; asistirá a retazos de su infancia y su despertar al mundo adulto o será testigo de su estrecha relación con el arte a través del cine, el teatro, la literatura, la pintura o la interpretación. En sus capítulos se suceden experiencias cinematográficas, como las que protagoniza junto a la actriz Emma Thompson o el cineasta Luis García Berlanga; viajes a la India o a Moscú; escenas en estandartes de la cultura como el Café Gijón y, por supuesto, multitud de alusiones a la política y la sociedad española de la segunda mitad del siglo XX y la primera década del XXI.


   Fiebre alta es un emotivo viaje por la memoria de Lázaro. Repleto de aventuras y desventuras, pero, sobre todo, de mucha pasión por la cultura y especialmente por la interpretación. Sirva como ejemplo este retrato de una de sus primeras experiencias sobre las tablas, cuando representó La última cena de Jesús con sus Apóstoles durante su niñez en un colegio religioso: 


“Yo tenía la boca llena de empanada y me tocaba hablar. La risa empezó a agolparse amenazando con asfixiarme a menos que soltara el trapo y lanzara la empanada sobre la cara del mal apóstol. La cosa era grave porque si exploto y suelto la risa con espurreo del relleno, la obrita habría tenido un final poco respetuoso. […] Esta propensión a la risa escénica me ha perseguido a lo largo de mis experiencias teatrales”. 

 

 

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