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15-04-2015 Versión imprimir
Yolanda Serrano y Eva Leira junto a Edu Cardoso, moderador del coloquio
Yolanda Serrano y Eva Leira junto a Edu Cardoso, moderador del coloquio
 


El personaje se escondía en un actor desprevenido


Las directoras de ‘casting’ Eva Leira y Yolanda Serrano, solicitadas en las principales producciones españolas, reivindican las pruebas en las que escuchan y conocen en lo personal a los intérpretes


FRANCISCO PASTOR
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Un turno de palabra resalta levemente sobre los demás, al menos, en cuanto de honesto y humano lleva consigo. “¿Saben ustedes cómo me llamo?”, pregunta un actor de mediana edad, entre otro centenar de intérpretes, a las directoras de casting Eva Leira y Yolanda Serrano. Él se encuentra en penumbra y a diez filas de asientos de ellas, de pie y bien iluminadas. Pero no es una pregunta retórica, y sus interlocutoras le responden; en efecto, y aunque el actor resultara anónimo para el gran público, ellas conocen su nombre. Porque de eso es, entre otras cosas, de lo que trata el método que ha llevado a estas profesionales a colaborar con la productora El Deseo o a que sean reclamadas para las apuestas más elevadas del cine español. Las últimas, a ver si les suenan, Ocho apellidos vascos, El Niño y La isla mínima…
 
 
Eva Leira
Eva Leira
 
 
 
   Aquellas dos jóvenes que se conocieron para La flaqueza del bolchevique (2003) llevan trabajando juntas estos 13 últimos años y también podrían nombrar las obras de teatro en las que han visto a algunos de los actores que tienen enfrente. Este 14 de abril, en la sala de actos de la Fundación AISGE, hubo que hacer acopio de sillas para acoger a todos los congregados. Aunque ellas no estaban allí para darse ningún baño de masas. En un debate moderado por el cortometrajista Eduardo Cardoso y presentado por una de las patronas de la entidad, Amparo Climent, las cineastas se dirigen a un grupo de intérpretes indignados, pluriempleados y hastiados de encontrar siempre los mismos nombres en los carteles de la Gran Vía madrileña. Y, sobre todo, con muchas ganas de obtener respuestas.
 
Media hora para escuchar al actor
“Hay edades para las que ya no se escriben papeles, y no sé por qué. El público se está perdiendo cosas muy interesantes”, comenta Leira. Entre los más de cien intérpretes allí reunidos hay soleras y experiencias muy variadas; y la edad es, precisamente, uno de los criterios que su socia y ella prefieren olvidar al buscar la voz y el gesto que encaje en el personaje. “Queremos oír hablar al actor”, reiteran, una y otra vez, cuando los artistas les preguntan cómo presentarse a una prueba. Serrano fue actriz y lo dejó, precisamente, ante la ansiedad que provocaban aquellas esperas e incertidumbres. Quizá por ello procura ahorrar ilusiones a los remitentes de los centenares de propuestas que su oficina recibe al día.
 
 
Yolanda Serrano
Yolanda Serrano
 
 
 
   Cada persona guarda, para la pareja de profesionales, una peculiaridad; algo que, al ponerse frente a la cámara o pasar una evaluación, muchos eligen esconder. Esa esencia es la que ellas se ven capaces de encontrar no solo en los videobooks que tantas veces les envían, sino en las entrevistas: esas en las quieren conocer a la persona, descifrar sus silencios, admirarles cuando discurren a partir de la nada y observar cómo reaccionan ante una pregunta peculiar. No importa que la grabación parta de la nublada cámara de un móvil o se desarrolle en el plano mejor encuadrado. Tampoco si esta la envía un actor anónimo desde su cuenta personal o el representante mejor relacionado, anotan quienes empujaran a Dani Rovira en Ocho apellidos vascos o apuntalaran el reparto de El tiempo entre costuras.
 
   No es sencillo elaborar un reparto y evitar caer en la omnipotencia ante quienes quieren ser elegidos, pero todo consiste en ver al personaje en el otro y desterrar más consideraciones que esa. El trabajo de Serrano y Leira no es ponerse en la piel de quienes sintieran alguna punzada cuando El niño eligió a un Jesús Castro sin experiencia previa como actor. Esto no cambia que sepan tratar bien a los intérpretes y se aseguren de que estos no se marchan antes de mostrarle todas sus caras. “Y que nadie piense que Hollywood es muy diferente, porque es más duro, más vertical y, lo peor de todo, con la apariencia de la sonrisa”, advierte Serrano. Durante las pruebas, dedica media hora a cada desconocido.
 
 
Un actor toma la palabra entre el público congregado en la Fundación AISGE
Un actor toma la palabra entre el público congregado en la Fundación AISGE
 
 
 
La creatividad, siempre desde el texto
“Cada producción es diferente y nos pide un método propio. Esta industria requiere de la creatividad de todos”, recuerda Leira. Su trabajo empieza cuando acaba el guion, y nunca antes o después. Lo que no esté allí, en la literatura, les concede una plena libertad para encontrar al personaje; y a veces, las indicaciones llegan en una servilleta. Entonces, buscan los papeles principales. Solo más tarde, los demás. Nada de reclamar a la pareja del protagonista antes de haber dado con la piedra angular de la historia. “Esto no se trata de rellenar casillas”, reiteran las cineastas.
 
   Allí empieza la libertad de los actores, a quienes quieren ver vivir los giros de la trama del personaje y encontrar propuestas diferentes, pero nunca más allá del guion. “La naturalidad llega cuando el texto está bien aprendido”, clama Serrano, aunque entre risas, al recordar alguna prueba. Las definiciones, en definitiva, están de más. “Los matices son finos y, al compartirlos con otro, se pierden. Las personas somos contradictorias. Yo sé que mi hermana es egoísta o que mi amigo es manipulador, pero ellos no. Hay que dejar hablar al texto”, afirma Leira. Ella confía en su intuición para recuperar a quien vio hace años sobre las tablas o para descifrar, también, el gesto de quien declama dos líneas en el capítulo de una serie: “Hay trabajos muy duros en los que los demás no toman en serio ni tratan con respeto al artista, e intentamos aprovechar también lo que vemos en esos contextos”.
 
 
 
Una asistente toma notas durante las intervenciones de Leira y Serrano
Una asistente toma notas durante las intervenciones de Leira y Serrano
 
 
 
   Enfrente del público en la escenografía del soliloquio, a la pareja le toca recordar verbalmente de qué lado están. Cuando se deciden por un protagonista, este se convierte en su apuesta y su destino camina siempre de su mano. En El secreto de Puente Viejo, el equipo había elegido un reparto entonces anónimo. “Nos decían que les habíamos dejado una serie sin fotografía para las promociones. Estábamos muertas de miedo”. Sin embargo, se respetó su propuesta y hoy, cuatro años después, el espacio resiste en las tardes de la pequeña pantalla. Otra cosa es vencer las reservas de según qué autores a ir más allá de las caras que les resultan familiares; y los oyentes no parecen convencidos, asimismo, de que los productores estén dejando de imponer los nombres.

   Es cierto que las socias evitan los consejos concretos, ya que cada director de casting es un mundo; y así lo lamentan unos cuantos de los concitados. Esa prueba en la que el responsable de la firma se encuentra a solo unos metros es, para muchos, un sueño inalcanzable. Algunos de los intérpretes reunidos, más que pedir consejo a Leira y Serrano, se conforman con lanzarles su nombre al aire y darles las gracias por su tiempo y su trato. Aunque la memoria de las directoras sea infinita, según recuerdan ellas mismas, la copa del embudo es muy grande y su cuello, muy pequeño. Y en esos gestos de saludo y simpatía que tanto les gusta descifrar a ellas se intuye, también, la esperanza de que algo cambie algún día.
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