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23-07-2015 Versión imprimir

 
 
Eva Yerbabuena


“Vivimos tiempos de mucho virtuosismo
y poca alma”


La coreógrafa empezó a bailar como promesa a una tía fallecida. En ‘¡Ay!’ como reflexión sobre la maternidad y la vida



BEATRIZ PORTINARI
Fotografía: Rubén Martín
Llega un momento en la vida de una mujer, sea cual sea su profesión, en el que necesita espacio, silencio y nanas. Así le pasó a la bailaora y coreógrafa Eva Yerbabuena (Alemania, 1970), Premio Nacional de Danza en 2001, que durante 13 meses se alejó de las tablas y el ajetreo vital para disfrutar de un embarazo a fuego lento. Preparaba la comida para su familia y, ¡click!, se imaginaba un movimiento de una coreografía. Después reflexionaba sobre lo que había hecho en su vida, o se preguntaba si todo estaba en orden, o tenía miedo por el bebé o leía en soledad. Y todos esos clics componían momentos de ¡Ay!, su último espectáculo. Tras el gran éxito en su estreno en el Flamenco Festival de Londres 2013 y una adaptación al aire libre en 2014 para los Veranos de la Villa, en 2015 Eva Yerbabuena regresó con ¡Ay! a Las Naves del Español como paréntesis en su gira internacional. El espectáculo le ha valido el Max como mejor intérprete en danza y una nominación a los National Awards de Gran Bretaña, pero también ha servido para hacer una introspección sobre sí misma y un balance de toda su trayectoria. Un momento de madurez en el que puede mirar hacia atrás y contemplar el camino con orgullo.
 
– Cuentan que sus inicios en la danza fue por cumplir el deseo de un ser querido.
– Así es. En mi familia no había tradición flamenca, músicos, bailes ni , pero mi tía Encarnita, que desafortunadamente murió con apenas 29 años, insistía en que me apuntaran a flamenco porque decía que yo tenía algo con esa música. Y en mi casa solo había una radio y un casete que tuvo mi abuelo años después. No sé lo que mi tía vería en mí, pero mi abuela y mi madre quisieron cumplir su deseo y me apuntaron a una escuela de verano que abría en el pueblo, en Armilla, Granada. Lo primero que aprendí fue La Rumba de Maruja Limón y unas sevillanas. Tendría yo 11 años.
 
– ¿Y qué sucedió después?
– La escuela cerraba al acabar el verano, pero la profesora quiso hablar con mis padres y decirles que ella creía ver ciertas cualidades en mí que no deberían perderse. Buscaron una escuela en Granada y a mis 16 años apareció Paco Moyano con Francisco Manuel Díaz, constructor de guitarras que me dio el nombre de La Yerbabuena. Él me habló del espectáculo que Paco Moyano estaba preparando sobre Miguel Hernández y su mujer, Josefina. Moyano quería darme el papel de Josefina y pidió permiso a mis padres porque yo era menor de edad y tenía que ir y venir de Granada y Sevilla.
 
– En esta época fue también cuando aprendió interpretación en Cuba.
– Sí. Paco Moyano había hecho una obra de teatro-flamenco A tomar café con el Ballet Folclórico de Cuba. Estaba con nosotros Juan Furet y ahí fue donde empecé a darme cuenta de lo que era una dramaturgia, la dirección de escena, cómo te dirige un director de teatro. Te das cuenta de cómo, a falta de medios, la imaginación te abre otras puertas. Fue muy enriquecedor.
 
 
 

 
 
 
‑ ¿Cómo surgió la influencia de la danza contemporánea?
‑ Recuerdo un viaje a Berlín en torno a 1997. Iba a impartir allí unas clases y nos quedamos en casa de una amiga nuestra que tenía muchas cintas de vídeo. Una de esas cintas era Carmen, de Ana Laguna y Mats Ek en el Cullberg Ballet. Fue la primera obra de contemporáneo que vi y me dejó totalmente deslumbrada. Ahí empecé a darme cuenta de que no había que limitarse en el lenguaje a la hora de transmitir algo y usar tu cuerpo como forma de lenguaje. Me hablaron del festival de Wuppertal que cada tres años organizaba Pina Bausch y allí conocí a Ana Laguna, a quien tanto admiraba; Sylvie Guillem, Marie-Claude Pietragalla… Era como vivir un sueño.
 
‑ ¿Este festival cambió su forma de definir el flamenco?
‑ Es nunca me han gustado las etiquetas. Elegí no limitarme. No quería que me encasillaran en un baile, como la bailaora de soleás porque desde el año 98 está mi trabajo ahí y las coreografías para cuerpo de baile. Tampoco me gusta el concepto “flamenco fusión” o “bailaora contemporánea”. Conocer a Pina Bausch fue un regalo porque me abrió las puertas de la mente y calmó todos los miedos; me habló de su vida, su trabajo. Y el consejo que me dio fue que hiciera lo que me dictara el corazón sin preocuparme de nada más. Y eso intento.
 
‑ En ‘¡Ay!’ hace algún guiño a Pina y a su hija Marieta.
Sí, en la Nana está muy presente Pina porque ella porque para mí fue una madre artística. Aún no he podido volver a Wuppertal porque sentí mucho su pérdida. Quería de alguna forma rendirle mi pequeño homenaje, ya que ella no llegó a conocer a Marieta, que inspiró el título del espectáculo. La niña con pocos meses no sabía hablar, pero de repente le salió del alma ese suspiro, ¡Ay!, al abrazarnos, en vez de decir “te quiero”. Su padre y mi compañero, Paco Jarana, que es el director musical del espectáculo, me dijo: “¡Nada, el próximo tiene que llamarse Ay!”. Además, es una expresión muy andaluza con muchos significados.
 
‑ ¿Por qué afrontar este espectáculo sola y qué símbolos utiliza en la escenografía?
‑ Sinceramente, después de 13 meses concentrada en mí no me apetecía rodearme de un cuerpo de baile. Es una reflexión personal que comparto con el público a través del flamenco. Tuve tiempo de parar y pensar sobre mi vida. A veces tienes miedos, alegrías; otras veces te sientas en el suelo o donde sea y cambia la perspectiva de las cosas y no todo es tan recto como tú creías, como la silla desproporcionada del espectáculo. O te apoyas en algo tan cotidiano como una mesa y se rompe ese apoyo. La escenografía tiene varias lecturas, pero prefiero dejar que el público lo interprete como quiera. Hace poco un señor pasó a saludar al camerino y su reflexión me dejó de piedra: "La vida empieza donde acaban las limitaciones”. Eso le había inspirado el espectáculo, y fue muy emotivo.
 
‑ ¿Qué opinión le merece la situación actual del flamenco?
‑ Es muy triste ver un espectáculo con buena técnica, luz, música... pero que no te conmueva. Vivimos tiempos en los que hay mucho virtuosismo pero no hay alma. Eso me preocupa. No sé a qué se debe este fenómeno, pero parece que no nos paramos a pensar qué va a suponer este movimiento, qué queremos contar. Me da pena, pero buenos intérpretes hay muchos y "artistas" desafortunadamente muy pocos.
 
 
 
Imágenes “desde arriba”
“¿Cómo nace un espectáculo? Verás, tengo decenas de cuadernos donde tomo notas. Me ayuda mi asistente, María Molina, que aguanta mis llamadas a deshoras para contarle ideas. En este momento estoy a punto de entrar en estudio para preparar el siguiente espectáculo, que quizás se llame Apariencia y habla sobre la influencia de las apariencias y la conciencia. Funciono mucho por imágenes, como si alguien me las enviara desde arriba. Tengo flashes y recuerdos. Hay mucha simbología. A partir de ahí empiezo a investigar por qué tengo esas imágenes. Estamos ahora en la fase de documentación e investigación literaria y psíquica, casi sirve de terapia. Tengo previsto hacer audiciones porque no voy a estar sola para este espectáculo. Volveré con cuerpo de baile”.
 
23-07-2015 Versión imprimir
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