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07-04-2017 Versión imprimir

 

Hasta siempre,
Alicia Agut


La bacerlonesa se subió a las tablas en los cincuenta y ya no se bajará de ellas hasta bien entrados los 2000. Cine y televisión también se alternan en la dilatada carrera de una actriz cuya dulzura y sencillez quedarán para siempre en nuestra retina



NURIA DUFOUR
La actriz barcelonesa Alicia Agut, de 87 años, ha fallecido al mediodía de este 7 de abril en el hospital madrileño de Nuestra Señora de América, donde llevaba ingresada desde el martes por complicaciones respiratorias. Mujer serena y bonancible, de extraordinario talento sobre las tablas y también para la poesía, ha sido parte esencial de la escena española desde los primeros años sesenta. Fue consejera de AISGE entre los años 2002 al 2012 y su huella también fue visible en la pantalla grande y la televisión. Soltera y sin hijos (pero con dos sobrinos), pasó los últimos cuatro años de su vida en Caser Arturo Soria, una residencia en el noreste de la capital donde hacía las delicias de sus compañeros y compañeras de partidas de cinquillo. También había ganado en un reciente certamen de cortometrajes para residencias de ancianos.
 
Casi a modo de despedida, Alicia Agut se dirigía en noviembre de 2016 a sus amigos y seguidores a través de YouTube, en una grabación que realizó su amiga Amparo Climent, también consejera de AISGE. Además de proclamarse “afortunada en la vida” por todo el afecto y cariño recibidos, recitó de memoria un poema, ¿Qué más puedo decirte?, que ella misma había escrito. Decía así: “¿Qué más puedo decirte? / Aprenderé el idioma del mar que te acaricia, / y en ecos sucesivos, repetirán sus olas una plegaria eterna / que llegará a tu oído en compases unísonos al latir de mi pecho. / Contigo quiero conocer los océanos, arrodillarme en ellos, / mirar al horizonte, extender los brazos al vaivén de las olas / y ofrecerte el más tranquilo sueño que conocen los mares”.
 
La actriz, nacida en Barcelona el 7 de septiembre de 1929, había debutado en teatro con clásicos de la escena –Lorca, Lope de Vega, Tennessee Williams, Eugene O’Neill, Jacques Deval o Shakespeare– con la Compañía Festivales de España bajo la dirección de José Tamayo. En 1977, a las órdenes de Adolfo Marsillach, colabora en el montaje de Las arrecogías del beatario de Santa María Egipciana, un texto de José Martín Recuerda sobre la heroína liberal Mariana Pineda que no había podido ser estrenado hasta la llegada de la democracia. Antes había trabajado con Miguel Narros en Anillos para una dama, obra que le valió a su director el Premio Teatral Radio España en 1974 y al montaje, el de mejor obra española. Cuatro años después se pondría bajo la dirección de José Luis Gómez en Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga, primera representación del Centro Dramático Nacional. Y en el otoño de 1985, también con Gómez, representaría en Almería (y en el mismo lugar donde ocurrieron los hechos) la tragedia que inspiró a García Lorca para escribir Bodas de sangre.
 
Con el director teatral Joaquín Vida –ayudante que fuera de Fernán-Gómez, Narros y José Luis Gómez, de los que aprendió el oficio– repitió hasta en seis ocasiones. La última, La malquerida, de Jacinto Benavente. Era el año 2000. La obra fue estrenada en el Teatro Municipal de Barakaldo en el décimo aniversario de su apertura, para posteriormente trasladarse al Fígaro de Madrid, donde permanecería una temporada completa. El texto, escrito en 1913, aborda el amor inconfesable entre un hombre y su hijastra.
 
Siete horas sobre las tablas
Otro director de escena con el que trabajaría varias veces a lo largo de su carrera fue José Carlos Plaza. En mayo de 1991, Alicia Agut participó en el montaje de las Comedias Bárbaras, de Valle-Inclán. La noche del estreno, las crónicas de la época relatan cómo, tras siete horas de representación, el público en pie ovacionó al elenco durante diez largos minutos. Juan Ignacio García Garzón, escribía sobre el reparto en su crítica de ABC: “Redondean con eficacia sus cometidos en este hermoso espectáculo vibrante de vida, de lenguaje que restalla en relámpagos de belleza”. 13 años después, regresa con Plaza en la versión que del Yo, Claudio (Robert Graves) escribiera José Luis Alonso de Santos. Agut interpretaba a la madre del titubeante emperador, un personaje inolvidable que asumía Héctor Alterio. La obra se presentó en el verano de 2004 en el Teatro Romano de Mérida, donde recibiría una de las mayores loas que se recuerdan. Después recalaría en el Albéniz de Madrid y en otras plazas de la geografía.
 
   Tres días antes de que el telón se levantara en Mérida, la actriz sufrió un accidente fortuito al caerse del escenario mientras lo abandonaba tras un ensayo. El maquillaje ocultó los rasguños de su rostro y, a pesar de las molestias que sentía en las rodillas, participó en el estreno de la obra como si nada hubiera sucedido.
 
   Dos años después, en 2006, volvería a subirse al Romano emeritense para el que sería su último montaje sobre las tablas: Ítaca, un trabajo de la compañía del Teatro Español dirigido por Francisco Suárez con texto del escritor extremeño Félix Grande. La acción nos trasladaba al Budapest de la Segunda Guerra Mundial. Allí, en una estación de ferrocarril abandonada, una familia gitana que huye de los nazis espera agónica su destino mientras se mimetiza con La Odisea, el texto de Homero, y los deseos de Ulises de regresar al hogar. Un grito contra la guerra.
 
   Entrados los 2000, la actriz catalana colabora en el debut teatral de Gonzalo Suárez con Arsénico, por favor. La obra, basada en el clásico del cine de Frank Capra, Arsénico, por compasión, provenía de un texto teatral, Cadáveres en nuestra bodega, del dramaturgo norteamericano Joseph Kesserling.  
 
La actriz fallecida, en una imagen clásica
La actriz fallecida, en una imagen clásica
 
 
En el cine, desde 1961
Si en teatro Alicia Agut ha tenido una carrera dilatada, el cine se fue colando en su día a día desde que en 1961 participara en¿Pena de muerte?, un thriller dirigido por José María Forn. Durante los setenta, su carrera cinematográfica se fue consolidando en producciones como El último viaje (José Antonio de la Loma) o Las largas vacaciones del 36 (Jaime Camino). En 1987 coinciden en cartel tres películas en las que interviene: Luna de lobos (Julio Sánchez Valdés), El bosque animado (José Luis Cuerda) y El Lute, de la mano de cuyo director, Vicente Aranda, estrenaría los noventa con Amantes e Intruso, y se despediría de la década habiendo colaborado en La flor de mi secreto de Pedro Almodóvar, Tierra de Julio Medem y 99.9 de Agustí Villaronga.
 
   Los 2000 le traen Leo, de José Luis Borau, La gran vida, de Antonio Cuadri, donde comparte plantel con Salma Hayek y Carmelo Gómez; La voz de su amo, de Emilio Martínez Lázaro o I love you baby, la taquillera comedia de Menkes y Albacete, donde compartía elenco con Emma Suárez y Juan Diego Botto. El misterio Galíndez, de Gerardo Herrero, acabaría convirtiéndose en su último trabajo para la gran pantalla.

Series televisivas
Casi a la vez que el cine, la televisión la reclama en aquellos espacios dramáticos de los primeros setenta, Ficciones y Lecciones de tocador. Participa en algunas de las grandes series de la época (Teresa de Jesús, La forja de un rebelde, Anillos de oro, Tristeza de amor), así como en la primera adaptación que de Las cerezas del cementerio, la obra culmen del alicantino Gabriel Miró, realizara TVE en 1977, donde interpretaba a la madre del atribulado Félix, el protagonista.
 
   Manolito Gafotas, El Comisario, Los Simuladores, Hospital Central, Raquel busca su sitio, Hermanas, Querido maestro,… han sido otros títulos televisivos en su trayectoria. La actriz se despide de la televisión en 2009 con un personaje central en la comedia costumbrista de José Corbacho y Juan Cruz Pelotas. Allí era Amalia, la adorable madre de Bea (Belén López) y suegra de Florencio (Ángel de Andrés López), protagonistas de la aclamada ficción de TVE.
 
   Vivió en primera persona todo lo relacionado con su profesión. Fue Vocal de la Junta General de la Unión de Actores, Consejera de AISGE y patrona de la Fundación, donde entre otros cometidos formó parte del jurado en la primera edición (2007) del Premio Paco Rabal de Periodismo Cultural.
 
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