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05-10-2015 Versión imprimir

 

Ana Diosdado, emblema femenino de la dramaturgia y la tele de los ochenta



Socia de AISGE y Premio Actúa de la entidad (2013), la artista fallecida preparaba una novela sobre la vida amorosa del político Sagasta
RUBÉN DEL PALACIO
Reportaje gráfico: Alberto Roldán
El fallecimiento de Ana Diosdado, socia número 5.924 de AISGE, deja este 5 de octubre un hondo vacío entre todos quienes la conocieron y admiraron en sus facetas de dramaturga, intérprete y, en general, ciudadana adelantada a su tiempo, siempre pendiente de la mujer y de cuantos pudieran sentirse minusvalorados u oprimidos por la sociedad. Autora de obras que le sacaron los colores al franquismo y de retratos generacionales que constituyen algunos de los mejores reflejos artísticos de los años ochenta, dejó una huella imborrable en la pequeña pantalla con Anillos de oro o Segunda enseñanza. La mañana de este lunes sufrió un infarto en la sede madrileña de la SGAE, mientras asistía a una junta directiva, del que ya no pudo recuperarse.
 
 
 

 
 
 
   Su vida estaba predestinada a la interpretación: nació en la teatral Buenos Aires hace 77 años, su padre era el actor Enrique Diosdado y tuvo de madrina a Margarita Xirgu, con quien representó Mariana Pineda cuando apenas tenía cinco años. Ya en España, durante su juventud encarnó algunos personajes gracias a la compañía familiar, aunque el éxito de su novela En cualquier lugar, no importa cuándo la animó a escribir en 1970 un primer texto dramático titulado Olvida los tambores. Funcionó tan bien sobre las tablas que Rafael Gil lo llevó al celuloide.
 
   Desde entonces estrenó otras 15 obras, dos de ellas como actriz, pues fue la desorientada exbailarina de Cuplé y la mujer que sobrevivía a un matrimonio fallido en Camino de plata. La Asociación de Directores de Escena la fichó en 1994 para el montaje ¿Qué hizo Nora cuando se marchó?, donde bordó a la escritora feminista María de Zayas, y no volvió a levantar el telón hasta que el monólogo Óscar o la felicidad de existir la sedujo en 2005.
 
 
El 16 de diciembre de 2013 en el Teatro La Latina, recibiendo el Premio Actúa (AISGE) de manos de Fernando Marín
El 16 de diciembre de 2013 en el Teatro La Latina, recibiendo el Premio Actúa (AISGE) de manos de Fernando Marín
 
 
 
   Para la televisión llegó a crear y protagonizar tres series, las dos últimas de resonancias míticas. A mediados de los setenta lanzó la turbulenta historia sentimental de Juan y Manuela, pero el aplauso masivo le llegó una década más tarde con Anillos de oro, que trataba temas tan polémicos como el aborto o el divorcio. Idéntico impacto alcanzó Segunda enseñanza, una radiografía de nuestro sistema educativo que el público estadounidense incluyó entre las mejores ficciones extranjeras de 1986.
 
   Sus compañeros y compañeras del mundo de la interpretación acordaron concederle en diciembre de 2013 el Premio Actúa, máximo galardón honorífico de AISGE, por el conjunto de su trayectoria profesional. Ese mismo año ya había recibido el Max de Honor por parte de la SGAE, la entidad que presidió entre 2001 y 2007 y de la que aún hoy consta como única mujer que ha asumido esa responsabilidad en los más de 115 años de historia de la casa. Aquella noche de diciembre en el Teatro La Latina, tras recibir el trofeo Actúa de manos de Fernando Marín, la homenajeada tuvo que interrumpir sus palabras en reiteradas ocasiones porque la emoción le impedía proseguir. “Cuando éramos niños”, reveló, “Fernando y yo jugábamos por los pasillos del María Guerrero. Ahora, en cambio, la última vez que nos encontramos fue en una clínica… Pero estamos bien los dos”. La autora de Anillos de oro justificó estar tan emocionada “porque el teatro es mi vida y es estupendo encontrarse en casa”, pero encontró fuerzas para concluir con la frase más lapidaria y simbólica que se escuchó durante la velada: “No podrán con nosotros”.
 
 

 
 
 
   Diosdado era muy renuente a las entrevistas, puesto que ni su timidez ni su humildad le permitían empatizar con este género periodístico. Pero la conversación con Eduardo Vallejo en la sede madrileña de AISGE, largamente acariciada e inmortalizada por la cámara de Alberto Roldán, arrojó el lunes 16 de junio de 2014 algunos momentos mágicos, quizás los últimos de Diosdado frente a una grabadora. La artista reveló, entre otras perlas, que de niña no hablaba “ni para decir mamá” y que su primera palabra “fue gritar ‘¡Timbre!’ en el camerino de Margarita Xirgu, mi madrina”. También anunció que trabajaba sobre una novela en torno a la figura del político Mateo Sagasta, líder del Partido Liberal a finales del siglo XIX y un personaje cuya apasionante vida sentimental comenzó a desentrañar a partir de un artículo leído en el Diario de Zamora
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