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23-06-2015 Versión imprimir

 

Marujita y cierra España


Grande del cine de los cincuenta y la revista de los sesenta, la artista sevillana se erigió en un emblema generacional



GERMÁN TEMPRANO
Hubo una generación de españoles que si no acabó alistado en la Legión no fue porque Marujita no pusiera de su parte. Entre su Soldadito español y su Banderita (nada que ver, a juzgar por el diminutivo, con la de los mítines de Pedro Sánchez), su furor patriótico era altamente contagioso. Principalmente se inoculaba en esas películas de sábado tarde que solían amenizar la digestión de los cocidos al menos en las casas de menos posibles. En esa España en blanco y negro contrastaba aún más, por ejemplo, el azul intenso de su vestido de charleston cuando cantaba que ella no se iba ni muerta al Uruguay ante la atenta mirada de un Tony Leblanc, con quien debutara en el cine en 1948 con la película La cigarra. De alguien nacida en el barrio sevillano de Triana y de padre tramoyista era difícil esperar que saliera una registradora de la propiedad. Por ello, entre la genética y la geografía procuraron que con tan solo seis años debutara en una obra infantil. Nacida en Sevilla en 1932 como María del Dulce Díaz Ruiz, Marujita hizo de todo. Como dicen de algunos futbolistas, es posible que en ningún género fuera la más destacada pero tampoco en ninguno era para sentarla a los cinco minutos en el banquillo. Socia número 1.532 de AISGE, nos ha dicho adiós para siempre este martes 23 de junio.
 
   En la década de los cincuenta, más en cine, y de los sesenta, ya más volcada en la revista, fue de hecho una gran estrella. Ese españolismo del que tanto presumía se volvió en no pocas ocasiones en su contra cuando, al calor de la democracia, era tendencia aplicar el análisis sociopolítico incluso a quienes no habían tenido más cometido en su vida que entretener a la gente, que no era poco en esa época oscura. Ya en los últimos años cayó en las redes de otro tipo de entretenimiento menos edificante al calor de una turbulenta y transparente vida privada que, en buena parte, sepultó su pasado más artístico. Sus matrimonios y relaciones difícilmente dejaban indiferentes. Primero se casó con Espartaco Santoni –cuyo bronceado era sección fija en las revistas del corazón– con quien constituyó la productora cinematográfica MD, y en 1964 con el gran bailarín Antonio Gades, con dos padrinos de campanillas, Luís Escobar y Lucía Bosé. Y una fugaz duración: apenas 20 meses.
 
 
En 'La casta Susana'
En 'La casta Susana'
 
 
 
   En su carrera cinematográfica concurre una paradójica circunstancia, ya que Marujita Díaz tuvo un pequeño papel en una gran película como es Surcos, de José Antonio Nieves Conde, obra de culto inspirada en el neorrealismo italiano. El resto de su dilatado currículo lo absorben en buena medida comedias folclóricas como El sueño de Andalucía o la ya mencionada La cigarra, aunque sus mayores éxitos vendrían con películas como Pelusa, La casta Susana, Y después el cuplé o La cumparsita. En efecto, fue tal su polivalencia que hasta se atrevió con el tango. En el año 1961 obtiene el premio a la mejor actriz concedido por el Sindicato del Espectáculo por su papel en ‘Pelusa’, una película de ambiente circense dirigida en 1960 por Javier Setó y que representaría a España en el Festival Internacional de Viña del Mar. Dos años antes ella había hecho lo propio en el Festival de Cine Español en América celebrado en Caracas.
 
   Si en los cincuenta el cine es la principal ocupación de Marujita Díaz, y el motivo de que su fama se multiplique, una década después toma el relevo el teatro musical en el que desarrolla también una intensa y exitosa carrera. En este género su eclecticismo posibilita que alterne desde la revista más clásica a la zarzuela más castiza con títulos como A todo colorLa princesa Alegría, Las cuatro copas, La fierecilla domada, Bésame Catalina, Caridad de noche, Chorizos y polacos, Madrid, Madrid, Agua, azucarillos y aguardiente, La verbena de la Paloma o Revista, revista, siempre revista.
 
 
Interpretando 'Soldadito español'
Interpretando 'Soldadito español'
 
 
 
   Más allá de sus dos hits ya mencionados, Banderita y Soldadito español, y más por motivos raciales que musicales, la carrera de Díaz como cantante fue amplia en repertorio aunque muy limitada en trascendencia. Bien es cierto que la competencia era mucha y buena. Eso no le impidió, en muchas ocasiones con más voluntad que acierto, abordar retos tan ambiciosos como la copla (Mi jaca) o el tango (A media luz, Mi Buenos Aires querido o El choclo), aunque fue más proclive a temas de revista (Luna de España, La Lola, La novia de España), versiones de cuplés de principio de siglo (Si vas a París papá, Señores, venga alegría) o piezas de zarzuela como Soldado de Nápoles.
 
   En todo caso, pese a su menor impacto musical, hay todavía quien recuerda el impacto emocional que le supuso ver a Marujita envuelta en la roja y gualda, al estilo de la libertad guiando al pueblo de Delacroix, entonando el Banderita en esa edición del programa Cantares de Lauren Postigo en el que compartió escenario con Paquita Rico. Después de esa ya lejana aparición en televisión (en 1976 presentó el programa Música y estrellas, dedicado a la revista), las más recientes, en las que seguía obsequiando al espectador con el jugueteo de sus ojos, también resultaron impactantes aunque por motivos bien diferentes. Su relación con el cubano Dinio marcó un punto de inflexión quizás por aquello de que, como decía la profesora de la serie de televisión, llegar a la fama cuesta pero querer mantenerla a toda costa seguramente mucho más. Descanse en paz Marujita.



Germán Temprano (León, 1962) es periodista, escritor y autor del blog ‘Jaula de grillos’. Entre sus novelas figuran ‘Un día cualquiera’ o ‘Fundido en negro’
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