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23-01-2017 Versión imprimir

 
"Mi salvación de la frustración". Así calificaba Rikar Gil su andadura por el mundo del corto después de levantar la estatuilla de mejor actor en el Notodofilmest de 2014 gracias a la pieza Impulso. Por ese entonces nos concedió una entrevista, y de aquel único cara a cara nos llevamos una idea: eso de ser solo una promesa de la interpretación se le quedaba pequeño.
 
   Venía con un currículum cuya cumbre ocupaba el aclamado filme 10.000 noches en ninguna parte, y aunque se nos ha marchado prematuramente, en estos dos años le acompañó la alegría de lidiar con una agenda sin tregua. Porque la tarde de su muerte se disponía a representar encima de las tablas el consolidado montaje Una noche como aquella, pero en el último Festival de Málaga había presentado la película Julie, además de conducir su itinerario televisivo desde El Ministerio del Tiempo a El caso. Crónica de sucesos pasando por La Riera. "¡Todo el mundo debería ganar alguna vez un premio!", exclamaba en un alarde de generosidad. Y él no solo lo ganó por su labor; también se lleva consigo el trofeo del cariño más sincero de sus compañeros. A continuación, la charla íntegra: 

 
 
La vida según el ganador del Notodofilmest
 
 
FRANCISCO PASTOR
El barcelonés Rikar Gil se dedica al marketing mientras cuenta las horas para embarcarse en su siguiente pieza. Si se tratara de un largometraje, como aquelllas 10.000 noches en ninguna parte que rodó a las órdenes de Ramón Salazar, su abuela se enteraría la primera. Mientras tanto, el sueño es el camino, una certeza aprendida en las escuelas de interpretación. “Antes solo quería gustar a los demás, así que estaba lleno de miedos, pero allí aprendí a verme”, relata.
 
 
¿Ha roto el techo de cristal con este premio?
– Mi metáfora, más que el cristal, son los escalones. Me meto, abro círculos, a veces llego a un rellano, parece que me paro, pero eso ayuda más. En este oficio hay etapas maravillosas y desmotivadoras, de no saber qué hacer, y esto da energía. ¡Todo el mundo debería ganar alguna vez!
 
En Impulso le toca hacer de friki.
– Y lo preparé, sobre todo, pasándomelo muy bien. No tuve que desarrollar el personaje más allá de unos conceptos básicos sobre un chico temeroso de la vida, muy apocado e inseguro. Lo metí en una batidora y me salió él.
 
– Ha crecido ante la cámara. ¿Qué consejo les daría a compañeros con menos experiencia audiovisual?
– A mí las cosas me salen bien cuando disfruto con ellas. El grado de naturalidad acaba eligiéndolo el director, pero la esencia es pasarlo bien. Si te emocionas, si sientes empatía con el personaje, todo funcionará.
 
– Cuentan con una vasta formación. ¿Cuándo se llama uno actor?
– Recuerdo que al principio me daba vergüenza decir que era intérprete. Lo puse en el currículum con muchas dudas, un par de años después de empezar. Creo que somos actores cuando lo sabemos nosotros y dejamos de plantearnos qué dirán los demás.

– ¿Son distintas la industria cultural madrileña y la catalana?
– He trabajado poco en Cataluña porque cuando acabé en mi primera escuela vine a Madrid. Y me quedé. Sí sé que en Barcelona hay un producto cultural propio, bueno y cuidado, arropado por toda Cataluña. Pero tiene un escudo: entrar y salir de esa burbuja es complicado. Madrid es más abierto.
 
¿Depende de uno mismo que una trayectoria vaya bien o mal?
– En absoluto. Hay algo personal, aunque es pequeño: sé si lo estoy dando todo, si estoy siendo sincero conmigo mismo. Lo demás, lo más grande, depende de las cadenas y de las ventas, de que nos conviertan en un producto.
 
– El cortometraje: ¿un camino hacia alguna parte o un valor en sí mismo?
– Para mí es la salvación de la frustración. Yo quiero hacer cine, y como no llego, voy haciendo cortos. Me ayudan a aprender, tiro hacia adelante, conozco gente y salen otros trabajos. No por ello soy menos selectivo, no acepto cualquier propuesta.

– ¿Qué vale más, un galardón en el Notodofilmfest o un trabajo con Ramón Salazar?
– Las dos experiencias valen mucho, pero son distintas. Si habláramos de otro director, no sabría responder, pero Ramón es de las personas con las que mejor he trabajado. El Notodofilmfest es un reconocimiento bonito, porque aunque es pequeño fuera de este mundo, el festival parte del gremio. 10.000 noches en ninguna parte fue un subidón interno, mientras que el premio es un aplauso de los otros.
 
– ¿Qué pasaría si no se cumple el sueño?
– Si los sueños no se cumplen, que sea porque los haya ido cambiando según avanzaba hacia ellos. El sueño es ese: todo lo que ocurre mientras tanto.
 
Cinco confesiones de Rikar

Un recuerdo que le haga feliz: una luna llena desde un acantilado de Formentera
Una persona a la que admira: a la gente luchadora
Una causa que defiende: el autoconocimiento
Una película que le ha enseñado algo: cualquiera de Lars von Trier
Una música con la que obsesionarse: la de Bob Dylan y la de David Bowie

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