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FERNANDO TIELVE

“Tod y Toby me provocaban
 unas lloreras de mucho cuidado”


 
No ha perdido el tiempo. Es la conclusión a la que uno llega tras repasar la extensa trayectoria que este madrileño ha trazado con solo 26 años. Su debut interpretativo le llegó cuando aún era un niño. Y por todo lo alto. Guillermo del Toro le hizo protagonista, junto a los consagrados Marisa Paredes y Federico Luppi, de la exitosa El espinazo del diablo. Tuvo que retroceder entonces hasta la España de 1939 e ingresar en un precario orfanato donde conocía a un fantasma ansioso de venganza. El autor mexicano iniciaba así un ciclo de historias ambientadas en la posguerra que seguiría con El laberinto del fauno, ganadora de tres Oscar, para la que obtuvo un discreto papel de guerrillero. Vivió una adolescencia tan gris como esa Barcelona de los cuarenta que retrataba El embrujo de Shanghai, dirigida por Fernando Trueba, pero se evadía imaginando la apasionante historia de un héroe republicano en China. Otra sangrienta dictadura abordaba Imagining Argentina, que encabezó un Antonio Banderas capaz de localizar a los desaparecidos de Videla con solo mirar sus fotografías. En Los fantasmas de Goya fue el hermano menor de la mismísima Natalie Portman, que daba vida a Inés Bilbatúa, la musa del aclamado pintor. Y Rabia, el filme que salió victorioso del Festival de Málaga hace tres años, le permitió actuar junto a Concha Velasco.
 
   Algunos espectadores le recordarán como el nieto de ese viejo desinhibido que asistía a las clases sexuales de La vida empieza hoy o locamente enamorado de su vecina ciega en Seis puntos sobre Emma. Su filmografía, además de superproducciones, incluye títulos sin pretensiones comerciales. Experimentó el ambiente okupa de Londres mientras rodaba Unmade beds, que llegó a circular por la Berlinale o Sundance. Aunque el objetivo de su personaje era buscar a su padre, que le había abandonado de pequeño, acababa descubriendo la felicidad gracias a una turista belga a la que conocía entre resaca y resaca. La capital británica también acogió 14 días con Víctor, una reflexión sobre los límites éticos del arte, donde trabajaba como modelo para un artista excéntrico que convertía su cuerpo en lienzo de macabras creaciones. Hace poco ha presentado Lose your head, el viaje a Alemania de un gay español que sucumbe a los encantos de un ucraniano muy enigmático, pues se le atribuye la desaparición de un joven griego.

 
 
   Su amplio bagaje cinematográfico lo completan nada menos que veinte cortometrajes. En El hombre del saco intentaba protegerse de una extraña presencia que le asustaba cada noche y Niño vudú le hizo vivir un verano iniciático en la Mallorca hippy de 1968, donde sus primos le invitaban a perder la inocencia de su infancia para empezar a hacer cosas de adultos, como emborracharse o tener sexo. Olvidó los guiones dramáticos gracias a la disparatada comedia Yo can, en la que lideraba una banda de gánsters, ocupación que estaba dispuesto a abandonar por el amor de una chica zoófila. Con Pasionaria regresó a las postrimerías del franquismo para dejar embarazada a una Aida Folch que, pese a los prejuicios de aquella época, abortaba clandestinamente porque quería estudiar Medicina y ser una mujer independiente. Mi otra mitad, la historia de amor entre dos jóvenes que sufrían una extraña deficiencia visual, le llevó de nuevo hasta la Berlinale. En Agua! empleaba la natación como válvula de escape a la opresión de sus padres y sufrió la cadena de rupturas sentimentales de Rotos. Chris Downs, asistente de Ridley Scott o Steven Soderbergh, le trasladó con The end of the world a un planeta devastado por una crisis económica global que provocaba guerras y hambre. Pero quien más ha explotado su talento es el mexicano Jaime Fidalgo, a cuyas órdenes ya ha despachado Soundtrack, Marioneta ciega y Animal within. Esta última pieza, que recreaba el mítico plano buñueliano con su ojo, le convirtió en víctima de un hombre extremadamente sádico.
 
   Más escasos han sido sus papeles televisivos. Pasó como episódico por la serie familiar A las once en casa y un lustro después apareció en Bichos raros, el telefilme sobre dos chicas gaditanas que asesinaron cruelmente a una compañera de instituto, grabado para denunciar la polémica Ley del Menor. La popularidad le llegó durante su estancia en El internado, un misterioso colegio del que no logró salir vivo. Y con la serie online Are you app?, donde encarna a un relaciones públicas de discoteca muy ligón, está plasmando los cambios que las nuevas tecnologías han provocado en las relaciones humanas.
 
   Voy a triunfar y Años de agua fueron los textos con los que se estrenó sobre los escenarios, dentro del Maratón de Monólogos que organizó la Asociación de Autores de Teatro en 2006. La compañía manchega Algarabía le permitió representar ante el público infantil el título más célebre de Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer, y volvió a contratarle para recorrer el país con Príncipe y Mendigo. Conoció el teatro alternativo como protagonista de Lección de piano, a la que siguió Los que besan bien, un montaje de temática sexual cuya escena más tórrida le tocó defender junto a Ignacio Montes. 
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿En qué momento decidió ser actor, y por qué?
− No recuerdo mi vida sin la actuación. Con cuatro años ya asistía a clases de sevillanas y cuando terminó el curso actuamos para los familiares en el Teatro Alcázar de Madrid. A los siete tuve la suerte de que una profesora del colegio nos iniciara en teatro durante un curso y nos permitiera montar El sueño de una noche de verano. En ese momento pensé: “¡Esto me motiva mucho más! Mamá, sácame de sevillanas y apúntame donde corresponda, que quiero hacer otros personajes además de Puck!”.
 
− ¿Quién fue el primer amigo/a al que se lo contó, y qué le dijo?
− ¡Se lo comuniqué a toda mi clase con un discurso desde la pizarra, cual examen oral! [Risas] Siempre fui al colegio Pintor Rosales y pertenecía a un grupo muy unido, pero ese año pasábamos al instituto y nuestros caminos se separaban. Una semana antes del fin de curso comenzaba el rodaje de El espinazo del diablo, mi primer filme, así que me despedí diciendo que iba a pasar un verano de cine. No era consciente de nada, fue muy bonito. 
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
Intentaría dedicarme a infinidad de oficios distintos, cambiando cada dos por tres, como si fuesen guiones. Esta profesión me ha enseñado que un proyecto de cine, televisión o teatro nunca es igual que el anterior. Por eso me costaría estar toda la vida en un mismo lugar.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− Eso nunca se me pasa por la cabeza mientras ruedo. Sí lo pienso cuando siento lo incierto que es todo, pero se me olvida porque esa incertidumbre me provoca un cosquilleo en el estómago.
 
− ¿Cuál cree que es el principal problema del cine español, si es que ve alguno?
− El miedo paraliza a cualquiera, aunque hay mucho valiente suelto.
 
− ¿Se le ocurre alguna solución imaginativa para paliarlo?
− La confianza es la mejor solución, creo que lo mejor está por llegar.
 

 
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Spielberg o a Woody Allen?
− ¡Esta pregunta me hace sudar! [Risas]
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió, que le dejó al borde mismo de la lágrima?
− Los primeros fueron personajes de Disney, sobre todo Tod y Toby, que me provocaban unas lloreras de mucho cuidado. Como intérprete, Johnny Depp: en Eduardo Manostijeras me tenía totalmente cautivado.
 
¿Qué frase de película le gusta aplicar como leit motiv personal?
“Prefiero ser un optimista loco antes que un pesimista sensato”, de El genio del amor.
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
No suelo repetir, me interesan más las historias que no he visto antes.
 
− ¿Le agrada volver a verse en las producciones en las que ha participado?
− Depende. Me gusta cuando ya ha pasado tiempo o las he visto varias veces y tengo perspectiva para seguir la historia. Pero si el trabajo está reciente, me resulta difícil: estoy atento a muchas cosas y lo veo todo descontextualizado.
 
− ¿Cuál fue la última película que no fue capaz de ver hasta el final?
− Solo he abandonado la sala una vez y ha sido hace poco. Llevaba un día de muchísimo estrés y no se me ocurrió otra cosa que pasarme por la Filmoteca para ver Misterioso asesinato en Manhattan. La primera escena, en la que Woody Allen no deja de hablar, me agobió aún más y tuve que salir. No fue culpa de la película; simplemente no era el momento.
 
¿Cuál es el primer consejo que le ha dado alguien cercano –ya sea del ámbito profesional o personal– para ejercer mejor la interpretación?
− “No olvides que quien tienes delante también está luchando”. Me lo dijo un buen amigo hace tiempo.
 
− ¿Intuitivo o metódico? ¿En qué porcentaje?
− Intuitivo con un aliño de método.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
− Estoy escuchando Fitzpleasure, de Alt-J, pero la banda sonora de mi vida es la ecléctica lista del iPod. Lo mismo suena Alberto Iglesias que The Knife, Beethoven, Yma Sumac… ¡O vete a saber! Es un caos musical que me va sorprendiendo.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− Ahora estreno en la Berlinale Lose Your Head, una cinta alemana dirigida por Stefan Westerwelle. Y estoy grabando la serie para Internet Are you app? Lo que todavía no está firmado lo llevo con total discreción.
 
− ¿Qué le gustaría hacer dentro de cinco minutos?
Iré a Microteatro por Dinero para ver la obra de unos compañeros. 
 
− ¿Y dentro de cinco años?
− Prefiero no anticiparme tanto, es más sano.
 
− ¿En qué otra época de la historia le gustaría haber nacido?
− En alguna etapa de la prehistoria. No estaría mal vivir en un planeta virgen.
 
Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− La alegría que nos dais a los actores cuando pagáis los derechos de imagen que generamos. ¡Sois los Reyes Magos del verano! [Risas] También destaco los cursos de formación, de gran calidad y a precios muy razonables, o la defensa constante de nuestros intereses. ¡Muchas gracias! A modo de sugerencia, sería bueno ampliar horizontes en el plano internacional
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