CLARA LAGO
EL TALENTO MÁS PRECOZ
Siempre he sido muy teatrera
Hija de una cuentacuentos, la protagonista de ‘El juego del ahorcado’ imitaba a las actrices frente al espejo cada vez que iba al cine
Por Sergio Garrido
Nos recibe con una sonrisa, escuchando música en su Ipod. Quizás suene una de las bandas sonoras que tanto le gustan. O alguna melodía de las que acompañan las coreografías del programa Fama, una de sus secretas debilidades. “Es que lo veo con mi madre por las tardes”, nos confiesa. Las clases de conducir le ocupan las mañanas y los fines de semana los disfruta, como cualquier chica de su edad –18 añitos–, con sus amigas.
Compartimos con ella mesa y cháchara en una cafetería cercana al gimnasio donde acude a clases de baile. La danza le gusta, eso parece estar claro. Repasa la carta, pero todavía no tiene claro por qué bebida decantarse. “Sí, soy un poco indecisa para estas cosas”, admite por lo bajinis. Lo de ser actriz, en cambio, lo lleva con paso seguro. Pocas muchachas tan jóvenes se han hecho un hueco tan holgado como promesas en ciernes del cine español.
Su primer papel protagonista, a los 12 años, llegó con El viaje de Carol y ya entonces le valió una candidatura al Goya. Hace unos meses estrenó un drama de amor adolescente, El juego del ahorcado, bajo las órdenes de Manuel Gómez Pereira, y en breve la veremos acompañando a Eduardo Noriega, Belén Rueda y Cristina Plazas en El mal ajeno, de Óscar Santos. Prefiere ir despacio con su carrera, pero se le adivina un largo camino por delante.
– Joven y ya con siete películas a tus espaldas. ¿Cómo le entró el gusanillo del cine?
– La verdad es que desde pequeña he sido siempre muy teatrera. Con siete años siempre iba al cine con mis padres y me enamoraba del personaje femenino que fuera. Durante unos días, hablaba, me movía y gestualizaba como la chica de la peli. Me sentía como una esponja, así que empecé a intuir que esto no me lo iba a tomar sólo como un juego.
– Y en ésas descubrió a Penélope Cruz en La niña de tus ojos, ¿verdad?
– Tenía nueve años cuando vi esa película y comprendí que ser actriz permitía vivir siendo muchos personajes a la vez.
– ¿Cómo se tomaron en la familia que “la niña de sus ojos” quisiera dedicarse a este mundillo?
– Ellos siempre me han apoyado y guiado para que fuera consciente de que debía cuidar mi carrera desde el principio; no aceptar cualquier proyecto a la primera de cambio, sino ser un poco selectiva. Las dos frases que más veces me han repetido mis padres son “Que no se te suba a la cabeza” y “Sigue estudiando”…
– ¿Qué le anima a seleccionar un proyecto concreto?
– El guión tiene que enamorarme, tener algo potente que me impulse a meterme en la piel del personaje. Aunque mi padre siempre es buen consejero. De hecho, él se lee el guión antes incluso que yo.
– ¿Y también le aconseja para sus actuaciones?
- ¡Qué va! Me considero una actriz bastante intuitiva. Estudié dos años de interpretación con Juan Carlos Corazza que me han venido muy bien a la hora de improvisar. Puedo aprenderme el papel en casa y ensayar delante del espejo, pero hasta que no estoy en escena, ya caracterizada y con mi compañero de reparto, no siento el personaje de una manera real. A partir de ese momento, me meto en su piel y todo me empieza a salir casi solo. Es casi mágico.
– ¿Esa magia le sirve para dar vida tanto a una niña buena de Compañeros como a la quinqui de El club de los suicidas?
– Sí (ríe). Recuerdo mis nervios el primer día de ensayo de El club de los suicidas. Me preguntaba cómo dar forma a aquella quinqui pasota, pero fue repantingarme en la silla y, de repente, me empezaron a salir frases sin que me diera ni cuenta.
– ¿No siente curiosidad por probar también la magia del teatro?
– Me encantaría. Mi madre es cuentacuentos y organizamos obras de teatro, pero nada comparable a subirse al escenario. Me aterroriza imaginarme delante del público, pero me apetece mucho probar la experiencia. Cantar, bailar y actuar. Todo a la vez.
– Lo suyo, está claro, sería un musical…
– ¡Sí! Algo como Grease o Chicago, aunque no hay nada que supere a la Liza Minelli de Cabaret.
– ¿Qué le tira más, el cine o la televisión?
– No hay que menospreciar ningún medio. A veces se tienen bastantes prejuicios hacia los actores televisivos, como si no fueran tan serios. A mí, personalmente, me gusta más el cine, pero la tele te da muchísima agilidad para interpretar. A veces el guión te lo dan la misma mañana que entras a rodar y tú has de saber defender cualquier cosa, por muy difícil que parezca. Que llegue una secuencia en la que digas “Esto jamás lo haría mi personaje”, y conseguir que lo haga de la manera más natural posible.
– ¿Y no le cansan los rodajes?
– Disfruto muchísimo en ellos, sobre todo cuando tienes que irte un par de meses fuera de casa. Resultan más cómodos los rodajes en Madrid para seguir con mi vida cotidiana, pero me gusta evadirme y rodar fuera, meterte por completo en la historia durante los dos o tres meses de grabación.
– La experiencia suena atractiva, pero siempre que reine buen ambiente, claro…
– No me puedo quejar. En El mal ajeno, por ejemplo, la unión con el equipo fue total. Recuerdo una escena junto a Cristina Plazas y Eduardo Noriega. Nada más acabarla, Eduardo nos susurra: “Os quiero de verdad”. Apenas llevábamos un día de rodaje, y que surjan buenas vibraciones en tan poco tiempo me pareció muy emotivo.
– El juego del ahorcado retrata un amor entre adolescentes. ¿Le incomodaban las escenas más subidas de tono?
– Son más difíciles y vergonzosas aquellas en las que te desnudas emocionalmente. Abrirte tanto a los demás y extraer sentimientos poderosos me parece mucho más complejo. Si en esa secuencia considero que no lo he dado todo, es cuando siento más pudor, más vergüenza. La de El juego del ahorcado, en todo caso, es una escena de amor más que de sexo.
– ¿Le molestan las polémicas eternas sobre el cine español?
– Persiste en el ambiente un cierto prejuicio incómodo, sí. Lo califican de antiguo y dicen que siempre recurre a lo mismo, pero aún no podemos estar a la altura de Estados Unidos. Para acercarnos a una industria así, lo primero sería, precisamente, apoyar nuestro cine. De lo contrario, nadie se querrá arriesgar a hacer películas.
– ¿Cómo recuerda a aquella niña de 12 años que optaba al Goya por El viaje de Carol?
– No era consciente de la magnitud que tenía aquello. El mejor momento de la gala fue cuando mi representante me llevó a conocer a Penélope Cruz. Al acabar la ceremonia, me fui a casa de unas amigas. Ellas estaban tristes porque no había ganado el Goya y yo tenía una sonrisa de oreja a oreja porque… ¡había conocido a Penélope!
De cerca
- Actriz: Meryl Streep
- Actor: Javier Bardem
- Música: Las bandas sonoras de Chicago y Grease
- Libro: Crepúsculo y El alquimista
- Comida: Cualquier cosa japonesa
- Ciudad: Tokio, Nueva York, San Francisco
- Una película: Una noche en la ópera, La duda y Thelma y Louise
- Una serie: Friends
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