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12-09-2017 Versión imprimir
Cap de Barbaria
Cap de Barbaria
 

EL LOCALIZADOR


Formentera (Islas Baleares)

El edén balear
de Julio Medem


Antes reinaban las sargantanas o lagartijas autóctonas. Hoy el escenario de ‘Lucía y el sexo’ es el paraíso para miles de italianos de torsos hercúleos. Pero también para perderse en calas de ensueño


GUILLERMO ESTEBAN
(@GuillEsteban)
Julio Medem exprimió Formentera para ambientar gran parte de Lucía y el sexo (2001). El cineasta vasco muestra en la película un lugar del Mediterráneo paradisíaco y desértico, gobernado por playas de arena blanca y aguas turquesas que se funden en el cielo. Una isla de bolsillo descubierta por los hippies en los años setenta. Fácil de recorrer, en moto o en bicicleta, rodeada de higueras y colonizada por lagartijas cobijadas entre las piedras. Un islote, s’Espalmador, donde bañarse en lodos medicinales. Y el melancólico faro del Cap de Barbaria que ya quisiera Wes Anderson incorporarlo en sus películas. La Formentera de Medem era la vía de escape de Lucía (Paz Vega), un agujero donde caer y resetear su vida. La isla, en la realidad, es un reclamo para un sinfín de turistas. La población se ha duplicado en los últimos 15 años. En los 2000 había 6.000 habitantes; ahora la pueblan 12.100.
 
   En el arranque del filme, Lucía propone a su novio, Lorenzo (Tristán Ulloa), una escapada. Le llama por teléfono desde el restaurante de Madrid donde trabaja como camarera. “Pido unos días y nos vamos por ahí, a tu isla. Y así me la enseñas. ¿Qué te parece?”. Lorenzo se niega a ir a esa isla que, aunque no se mencione en toda la película, es Formentera. La isla que nos descubrió el director hace 16 años está invadida por italianos, que sustituyeron en masa al turismo familiar alemán a mediados de los ochenta. Es fácil identificarlos: torsos esculpidos en gimnasios, bronceados y bañadores arremangados hasta la pelvis, estilo Cristiano Ronaldo. El italiano parece el idioma oficial si agudizas el oído. El verano se esfuma y los residentes vuelven a retomarla. Como suricatos que se asoman desde las cuevas y preguntan: “¿Se han ido ya los italianos?”.
 
 
Beso Beach
Beso Beach
 
 
 
Se vende islote
El desembarco en Formentera se hace desde Ibiza. La travesía es breve, 11 millas, hasta el puerto de La Savina, desde donde se puede iniciar el recorrido. El pequeño puerto se encuentra atestado de bicicletas y motos de alquiler. La capital, Sant Francesc, se ubica a tres kilómetros. En este lugar marinero, su iglesia, una fortaleza defensiva del siglo XVIII situada en la plaza, debería ser parada obligatoria.
 
   En la isla hay un puñado de playas para disfrutar o practicar submarinismo. Cala Saona ofrece vistas de los acantilados de Punta Rosa y saluda a Ibiza en el horizonte. Ses Illetes, considerada una de las mejores playas del mundo, es la más popular. Al principio se encuentra Beso Beach, el rincón más cool. Luces de leds que dibujan la frase “No hay verano sin beso” cuelgan en la fachada de su restaurante. La playa del Migjorn, más discreta y menos masificada, es otra de las predilectas entre los viajeros. No hay que perder de vista a las sargantanas, lagartijas autóctonas que se han adueñado de la isla y devoran como velociraptores los restos de comida despojados por turistas incívicos.
 
 
Ses Illetes
Ses Illetes
 
 
 
   El islote de s’Espalmador, al norte de Formentera, aparece en Lucía y el sexo y en el anuncio de Estrella Damm de 2009. El precio de alquiler del Citroën Méhari, vehículo que se ve en la película y en la publicidad de la cerveza, se ha disparado. Está de moda. Al islote, a la venta por 22 millones de euros, se llega en barco (o a nado) a través del estrecho del Pas des Trucadors. Es una extremidad más de Formentera y en sus aguas fondean lujosos yates de millonarios que dañan la posidonia. La presencia de los barcos ha sido denunciada frecuentemente por ecologistas. Hace unos años era habitual darse baños de lodo en s’Espalmador, porque se les suponen características medicinales. Guillermo de Inglaterra se embadurnó en 2006 con estos lodos supuestamente terapéuticos. Eran un atractivo turístico más hasta que se demostró que contienen sustancias perjudiciales para la salud y las autoridades prohibieron la práctica. La Guardia Civil puede multar con hasta 1.000 euros a quien sorprenda untándose de este barro.
 
Julio Verne y Pink Floyd
El faro del Cap de Barbaria se encuentra en el suroeste de la isla y mide 17,5 metros. Los turistas emulan la fotografía del cartel de la película de Medem en el que sale Paz Vega subida a una Mobylette con el faro de fondo. El paraje lunar, guiado por una carretera estrecha, ha sido restringido este año para vehículos a motor a fin de evitar aglomeraciones. A escasos metros del faro, un gran agujero conduce a una gruta fabulosa que termina en un balcón frente al mar. El punto más alto de la isla, el faro de La Mola, está flanqueado por acantilados de 120 metros. Sirvió de inspiración a Julio Verne, que describía una Formentera cubierta de nieve en su novela Héctor Servadac, publicada en 1877. En las inmediaciones se localiza el Molí de La Mola, un viejo molino harinero que fue portada del álbum More, de Pink Floyd. Los miércoles y los domingos, La Mola alberga un mercadillo artesanal.
 
 
Es Caló des Mort
Es Caló des Mort
 
 
 
   En Formentera reina el postureo. Todos anhelan besarse en el banco de la playa Beso Beach y publicar la instantánea en sus redes sociales con el hashtag: nohayveranosinbeso. Todos quieren selfis en la isla más paradisíaca de las Baleares que, por cierto, nunca se agota ni se acaba. Todos desean que sus seguidores sepan que toman un mojito en el Blue Bar o en el Pirata Bus. Este local era un viejo autobús de línea reconvertido en bar hasta que una ordenanza en 1983 obligó a retirar el vehículo y un chiringuito de madera lo sustituyó. Los atardeceres de Formentera se despiden en los faros o desde cualquier chiringuito, empuñando un mojito o un cóctel, con banda sonora de música clásica.
 
   La gastronomía de la isla es excelente, pero hay que ser cauto con los precios. El restaurante Juan y Andrea, en la playa de Ses Illetes, tiene fama de figurar entre los más caros. El precio de una ensalada mixta ronda los 40 euros y una cerveza puede alcanzar los nueve, como si de la pócima mágica que beben Astérix y Obélix se tratara. Sus cuentas se volvieron virales por sus precios astronómicos. Ca na Joana, situado en una de las casas típicas más antiguas de Formentera, en Sant Francesc, sirve buena comida mediterránea.
 
   Formentera es una isla de contrastes. De hippies y ricos. Caramelo para famosos, aunque les resulte complicado pasar inadvertidos. Deportistas, cantantes, modelos, diseñadores, empresarios, actores y actrices. Todos sucumben y se dejan caer por la isla en verano. Uno de los últimos visitantes ilustres ha sido Joan Laporta. El abogado y expresidente del Barça anduvo a principios de septiembre por el chiringuito de Beso Beach. Copa y puro en mano, claro, y dándolo todo.
 
 
Atardecer en Es Pujols
Atardecer en Es Pujols
 
 
 
   La isla se vuelve íntima, mínima, fuera de temporada. Las playas se contemplan semidesérticas, habitadas solo por residentes o pescadores. El mejor periodo para visitarla es a finales de septiembre o principios de octubre. Formentera, ese “trozo de tierra que flota como una balsa”, no ha vuelto a verse igual desde el estreno del largometraje de Medem. El faro del Cap de Barbaria ya no es el faro de Barbaria, sino “el de Lucía y el sexo”. Los barros de la playa de s’Espalmador son los lodos en los que se revuelcan Paz Vega y Tristán Ulloa. La película, ese azulado objeto de deseo, sirvió de campaña publicitaria en la gran pantalla. Lucía y el sexo se convirtió en un resumen de lo mejor de Formentera: los highlights, un disco de grandes éxitos.
 
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