twitter facebook instagram
Inicio Aisge
Noticias Entrevistas Cursos
 
Entrevistas
10-10-2013 Versión imprimir

 

Francesco Carril
 

 
“La imaginación es el arma más poderosa del actor y el teatro”
 


Es un habitual de las tablas, pero ha triunfado en su debut ante la cámara, ‘Los ilusos’, con diálogos improvisados y un personaje que creó junto a Jonás Trueba. El premio del Festival de Toulouse certifica su buen tino
 


FRANCISCO PASTOR
Reportaje gráfico: MANEL AGUADO COLL
Para cuando Francesco Carril quiso darse cuenta, formaba parte de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y al tiempo dirigía sobre la escena a su propio grupo. Atrás quedaban años (ahora tiene 27) estudiando por todo el mundo e hincando el codo en la Real Escuela Superior de Arte Dramático. Unas tardes con Jonás Trueba, que acababa de debutar con Todas las canciones hablan de mí, le pusieron la guinda a su pastel: también el cine se interesaba por su trabajo. Al volver a casa después de formarse en el extranjero, este madrileño de ascendente italiano tenía miedo de que la industria cultural española no buscara en él más que un ayudante o un docente. Sin embargo, hoy se encuentra sobre las tablas y frente a la cámara. Se confiesa un enamorado de cambiar los diálogos sobre la marcha y fomentar los debates durante los ensayos, pero aún no ha sentido la tentación de escribir. “Demasiado complicado”, arguye. Por ahora no le faltan alicientes, desde luego: su estreno ante la gran pantalla, con Los ilusos, le está trayendo tanto reconocimiento como el que venía obteniendo cada vez que se abría el telón.  
 
Con Jonás Trueba, en el rodaje de 'Los ilusos'
Con Jonás Trueba, en el rodaje de 'Los ilusos'
 
 
– Su primera experiencia con el celuloide ha sido galardonada en Buenos Aires y en Toulouse. ¿Una anécdota o la promesa de una nueva vida?
– Espero que el comienzo de una etapa en la que haga muchas más películas. Hasta ahora solo había actuado en teatro y este contacto me ha hecho aprender a querer el cine. Siempre había sido un cinéfilo, pero tenía cierta reticencia: pensaba que rodar no me iba a gustar, que le faltaría algo a eso de actuar frente a una cámara. Pero he descubierto que tiene cosas muy buenas y estoy deseando que vengan muchos más largometrajes a mi vida.
 
– Grabaron con una cámara de 16 milímetros y en blanco y negro. ¿Les había entrado la nostalgia?
– Aunque parezca mentira, esta decisión devino de una cuestión muy práctica. Teníamos presupuesto cero, pero, sobre todo, queríamos estar cómodos, y rodar en color traía demasiadas complicaciones, por la luz y la cámara. Los 16 milímetros y el blanco y negro fueron la respuesta. En esta ocasión, nuestra motivación fue técnica, no estética.
 
– Han estado de gira con la película para verla siempre junto al público. ¿Buscaban una experiencia de alguna manera cercana al teatro?
– Nosotros decimos de broma que hacemos bolos: hay muy pocas copias de la película y las llevamos nosotros mismos por las ciudades. Es una vivencia muy bonita porque llegamos, presentamos la obra, nos presentamos nosotros y nos quedamos a debatir después con los espectadores. Hemos podido escuchar ya la opinión de gente de culturas muy diferentes. Y sí, se parece al teatro en que lo hacemos entre todos. Aunque claro, ¡no salimos al escenario a interpretar la película!
 

 
 
– Trabajaron sin guion, sin prisas y, prácticamente, entre amigos. ¿Querían reinventar la manera de producir cine?
– Dice Jonás, y me gusta mucho oírselo, que aun con todo el dinero del mundo este largometraje se habría dirigido igual. No pretendíamos abanderar el cine anticrisis ni las producciones low cost. Más bien al contrario: hemos hecho lo que queríamos y en las condiciones en las que queríamos. Jonás escribía algunas escenas y teníamos ensayos, aunque sin guion; y cuando lo había, lo discutíamos y lo cambiábamos. El recuerdo que me llevo es que supone un lujo trabajar con la gente a la que quieres. Debería ser siempre así.
 
– La crítica recibe esta obra no solo como un homenaje al cine, sino a la ciudad de Madrid. Después de tantas vueltas por el planeta, ¿está usted tan encandilado de ella como el ‘iluso’ al que interpreta?
– Es una ciudad que me gusta muchísimo, la verdad. Como hemos presentado la película por países de todo el mundo, hay gente que quiere venir a Madrid desde Francia, Polonia o Argentina. Solo hemos retratado una parte muy pequeña y concreta de la ciudad, pero el público se queda con ganas de conocerla.
 
– Claquetas, rótulos que dan paso a las distintas historias y voces en ‘off’ que anticipan las maniobras de la cámara. Guarda ciertas similitudes con el teatro que realiza con su compañía, Saraband, ¿no?
– Sí. La manera de trabajar de Jonás es muy parecida a la que tengo yo sobre las tablas; no solo en la parte estética, sino en lo que hay detrás. El director no es un tipo inalcanzable, sino uno más: tanto él como los actores nos encontramos al mismo nivel. Dialogamos, opinamos, y eso es fundamental para que el resultado sea de todos. Tanto en esta película como en los montajes de Saraband el proceso es artesanal, sin prisas ni agobios. Creo que este es uno de los puntos fuertes para que Los ilusos haya quedado tan bien y esté gustando tanto. 
 

 
 
– El mismo año que fundó su propio grupo fue admitido en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. ¿No pensó que se había metido en un lío?
– Por suerte contaba con otros dos socios, Paloma Zabala y Julio Hidalgo, que está conmigo en el reparto del Clásico. Para sacar adelante las dos cosas hemos tenido que andar, muchas veces, haciendo malabares o encontrando sustitutos, ya que en ocasiones teníamos que estar con Saraband en Londres o en Roma y con la Compañía en Madrid. Sin embargo, para mí era necesario tener mi espacio y trabajar con mi gente, y esa es una de las cosas a las que no podría renunciar.
 
– En uno de sus viajes por el mundo se detuvo especialmente en la técnica Chéjov. ¿Qué es lo que más le gusta de este método?
– Que me permite trabajar con la imaginación, una de las armas más poderosas que tienen el actor y el teatro. Esa es, para mí, la clave. También me dio la oportunidad de alejarme de métodos basados en el daño, que te hacen partir de asuntos personales y de tu vida más privada. Con el Chéjov, puedo estar cada noche a la misma altura. Y así es como hay que trabajar en teatro: estando siempre arriba, independientemente de tu estado de ánimo.
 
– Mientras recoge premios por una pieza de cine cuelga el cartel de localidades vendidas con ‘La vida en tiempos de guerra’…
– Qué puedo decir, ¡yo estoy encantado! La del Teatro Lara ha sido una etapa muy bonita. Hemos estado allí seis semanas, llenando la platea y haciendo lo que me gusta junto con mi gente. Si me encuentro muy bien es porque estas dos pequeñas victorias han venido de proyectos que, para mí, han sido muy personales. La vida en tiempos de guerra se ha alimentado mucho de Los ilusos. Cuando Jonás vio mi obra me dijo que le resultaba muy cinematográfica; de hecho, es lo más cinematográfico que he dirigido hasta ahora.
 

 
 
– ¿Qué le atrajo de ‘Mejor historia que la nuestra’, de Lucía Carballal, la siguiente obra que montará?
– El texto trata sobre qué sucede cuando se nos pone en una situación en la que no sabemos cómo actuar. Cuenta la historia de una familia que se reúne para pasar los últimos días de vida del padre, y así hablamos de la muerte y de cómo ayudar a alguien cuando se muere, que son cosas para las que no estamos preparados. Me parece muy interesante. Lo mejor es que Lucía está viniendo a los ensayos y siendo parte de los cambios que tienen lugar cuando llega la puesta en escena. Además, tengo la suerte de contar con el mismo reparto que en La vida en tiempos de guerra, al que se ha unido el actor Chema Muñoz.
 
¿Y no se plantea sentarse un día a escribir un texto completamente suyo?
– No, no, no. Escribir es una de las cosas que me parecen más difíciles en este mundo, así que ni siquiera me lo planteo.
 
– Recogió el nombre para su compañía de teatro de una película de Ingmar Bergman. ¿Es ese el tipo de cine en el que le gustaría trabajar en el futuro?
– Ojalá. Reúne muchas cualidades que me gustan, ya que, más allá de cineasta, es un filósofo. También utiliza la música con muchísima maestría. No hay director que se enfrente como él a los problemas esenciales del ser humano. Claro que es mi referencia, y me gustaría mucho hacer ese tipo de cine.
 
 
Tres favoritos
Del teatro – El Macbeth de Declan Donellan
Del cine – En otro país, de Sang-soo Hong
De la televisión - A dos metros bajo tierra, de Allan Ball
10-10-2013 Versión imprimir
© AISGE 2017   Webmaster   Condiciones de uso   Política de privacidad
Inicio