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29-10-2012

Fallece a los 75 años Gonzalo Cañas,
actor, titiritero y espíritu libre
El conquense poseía el teatro de autómatas más antiguo de España, que ha donado al Ayuntamiento de Madrid
 
NANO AMENEDO
El actor Gonzalo Cañas Olmeda, titiritero de oficio y convicción y un rostro conocido en el cine popular español de los años sesenta, ha fallecido esta madrugada en el Hospital de Guadarrama (Madrid), víctima de una insuficiencia renal. Natural de Cuenca, donde había nacido el 7 de julio de 1937, Cañas compartió pantalla con artistas como Lina Morgan, Rafaela Aparicio o Tony Leblanc. Socio número 2.075 de AISGE, entidad en la que ingresó en octubre de 1998, dedicó lo mejor de sus últimos años al teatro de autómatas y disponía del ejemplar con más solera de toda España, fechado en los años veinte del siglo pasado.
 
   Gonzalo Cañas creció marcado por la indeleble herida de la guerra: su padre murió fusilado en Cuenca antes de que su madre diera a luz. La tragedia familiar persuadió a Gonzalo, ya desde bien pequeño, a la búsqueda de la felicidad a través de un espíritu libérrimo. Y lo consiguió con creces, según contaban esta mañana los allegados que le velaban en Guadarrama. Vivía de alquiler en una pequeña finca en Los Molinos, también en la sierra madrileña; se jactaba de no haber firmado jamás un contrato laboral y pasó sus mejores años como titiritero, un oficio gracias al que forjó una gran amistad con personajes como Paco Porras, célebre en el parque de El Retiro. Aunque Cañas prefería definirse como “tiritero”, tal y como se denominaba a este oficio en las páginas de Don Quijote.

   Licenciado en la RESAD, en el cine debutó con un pequeño papel en Cerca de las estrellas (1962), pero un año más tarde su popularidad se disparó gracias a Confidencias de un marido, junto a Rafaela Aparicio y Enriqueta Carballeira, y La máscara de Scaramouche, la cinta de Antonio Isasi-Isasmendi, en la que encarnaba a Pierrot. Bohemio como siempre fue, Cañas no llegó nunca a familiarizarse con la gran pantalla y fue espaciando sus apariciones: pudimos verle en La frontera de Dios (1965), con Julia Gutiérrez-Caba y Concha Velasco, o Soltera y madre en la vida (1969), para el lucimiento de Lina Morgan.

Seguramente la más relevante de sus interpretaciones tuvo lugar en 1968, bajo las órdenes de Pedro Olea, para Días de viejo color, con guion de Antonio Giménez Rico. Después de El sobre verde (1971), con Tony Leblanc, apenas volvió a actuar frente a la cámara, más allá de Mala yerba (1991) y varias decenas de programas televisivos. También cultivó el teatro e incluso fundó una efímera compañía, La Tarumba, para montar el lorquiano Retablillo de Don Cristóbal.
 
Un paseo de cinco meses
Los títeres se convirtieron en su forma de subsistencia, pero siempre considerándose un genuino verso libre. “Se casó muchos años atrás, de manera fugaz, y no quiso volver a sentirse atado nunca más”, rememoraban ayer sus amigos, entre los que figuran actores como Alberto Alonso. En cierta ocasión, departiendo en Madrid con una mujer a altas horas de la madrugada, en la conversación surgió la belleza de la población gaditana de Tarifa. “Ah, la verdad es que nunca he estado allí”, admitió la amiga. “¿Y por qué no vamos ahora, andando?”, le propuso Cañas. Así, los dos se embarcaron en un paseo de ida y vuelta y cinco meses de duración, entre pueblitos y árboles frutales, al que el ahora fallecido se refería como una de sus experiencias más gozosas.

   El oficio de titiritero le permitió otros viajes iniciáticos y sin planificación alguna, como sus contactos con colonias hippies en la India. Y en 1992 emprendió el que sería su gran proyecto de los últimos años cuando compró a José María Simó, un feriante de Águilas (Murcia), la barraca Hollywood, el teatro de autómatas más antiguo que se conservaba en España, construido por el valenciano Antonio Plá en los años cuarenta. Cañas se enfrascó en su rehabilitación, recuperó sus 35 personajes uno a uno, restaurándolos por su cuenta y consiguió llevar este teatro mecánico de gira por toda España, Francia, Bélgica y otros países europeos.

   La última vez que los autómatas de Cañas cobraron vida fue entre el 23 de diciembre de 2011 y el 8 de enero de 2012, en el centro cultural de Conde Duque (Madrid). Entre las últimas voluntades del artista figura, precisamente, que su casi centenario teatro sea donado ahora al Ayuntamiento de Madrid. El entierro de Gonzalo Cañas tendrá lugar este martes, 30 de octubre, en el cementerio de Cuenca.

 

El teatro de autómatas de Cañas, a su paso por París

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Personajes de la orquesta de la barraca "Hollywood", que restauró Cañas

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