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28-06-2016 Versión imprimir

 
 
Los escritores de las 625 líneas

Al habla con nuestros más destacados guionistas televisivos


NURIA DUFOUR
Los 33 títulos del curso televisivo no habrían sido posible sin su concurso. Cuatro de nuestros mejores guionistas analizan cómo es la ficción para la pequeña pantalla
 
 
 

 
 
 
JAVIER OLIVARES


“La ficción se enfrenta a ser autocrítica”

– Con usted o Albert Espinosa, la industria parece estar integrando el término showrunner. ¿Saldrá el guionista del anonimato?
 
– Tener visibilidad sigue siendo la lucha del guionista español. Creo que somos excepciones que no confirman la regla. Tenemos un déficit evidente al respecto en relación con la ficción de calidad extranjera.

– ¿Cumplen la misma función que el productor ejecutivo?
– No es lo mismo. En una serie hay varios productores ejecutivos, y el showrunner es uno de ellos. Su labor es global, aúna las tareas de todos para que lo que se vea en pantalla sea lo más parecido a lo que creó. Atendiendo a los medios de los que dispone, por supuesto.

– Como historiador, ¿qué opinión le merece la corriente televisiva de ambientación histórica?
 
– Hay que diferenciar una serie histórica (Isabel o Carlos) de una de época (Amar en tiempos revueltos, Seis hermanas, Velvet, Víctor Ros…) o de aventuras fundamentada en la historia (El Ministerio) o en la época (Águila Roja). Son códigos distintos; válidos todos ellos, pero distintos. Lo importante es no confundirlos, no viajar por el tiempo en vano contando una historia que, en realidad, se contaría igual en otra época. Eso es un error. Y a veces da una imagen excesivamente errónea de épocas que, desde luego, no fueron maravillosas. Por lo demás, el trabajo de producción es excelente, propio de una industria que produce mejor que nadie con menos dinero.

– ¿Por qué episodios tan largos en las cadenas generalistas?
– Para alargar un producto y ocupar todo el prime time. La publicidad por encima de todo. A veces, las series son lo que se emite entre publicidad y publicidad. Y TVE, que no la tiene, juega como si la tuviera en vez de romper el hábito. La medida ideal es 56/60 minutos.

El Ministerio del Tiempo, de la que usted es autor, ha demostrado que hay público para perfiles más específicos.
– Se ha fragmentado el público aún más, se ven las series de otra manera y hay quienes se olvidan de ello, poniendo todos los huevos en la misma cesta, la de los audímetros. Necesitamos reciclar conceptos. Nunca hay que aburrir, pero no se trata solo de entretener. 

– ¿A qué desafíos se enfrenta la ficción?
– A ser autocrítica. Debe dejar de repetir que estamos en la edad de oro de nuestra ficción. No lo estamos. A nivel narrativo, esa edad de oro pasó en TVE antes de que nacieran las privadas. Las televisiones públicas inglesa, sueca, danesa… hacen obras de arte. A quienes se creen que estamos en la cima del mundo les recomiendo que vean River, Line of Duty, Happy Valley, Cuffs, Jonathan Strange & Mr Norrel, Okkupert, 1992, Gomorra, Deutschland 83, Fauda o Jordkstott, por citar títulos de los dos últimos años. Aunque tal vez cuando las vean dirán: “esto no lo va a entender la señora de Cuenca”. No sé por qué no lo va a entender si lo entienden las señoras de Sheffield, Burdeos, Malmoe o Tel Aviv. Nuestras señoras no son más tontas que nadie. De hecho, crecieron viendo Los gozos y las sombras, Anillos de Oro, a Armiñán, al Mercero de La Cabina y a Chicho Ibáñez Serrador. Han visto mejor televisión que quienes las desprecian.
 
 

 
 
 
EDUARDO ZARAMELLA


“Tardaremos en producir en los ansiados 55 minutos”


– Llegará el día en que el guionista deje de ser prácticamente anónimo.
– Estoy seguro. Cada vez hay más creadores guionistas que a la vez son productores de su serie. El objetivo es conseguir una situación similar a la de EE UU y otros países. También es cierto que en los medios se habla más de los escritores de las series, seguramente gracias a la influencia de la repercusión mediática que han conseguido los showrunners norteamericanos.

– Con el cambio en el consumo televisivo, ¿se reducirá la duración de los capítulos?
– Ahí soy menos optimista. Creo que aún se tardará en que se pueda producir en los ansiados 50-55 minutos. 

– ¿Cuál es la asignatura pendiente de la ficción?
– Buenos productos de género fantástico y corte político, tipo House of Cards Borgen, aunque La embajada puede ser un buen comienzo. La buena noticia es que ha aparecido una serie como El Ministerio del Tiempo, que ha creado legiones de seguidores. Aunque las audiencias no sean muy elevadas, la penetración en determinados públicos y en las redes sociales es descomunal.

– ¿Qué balance le merece la actual temporada?
– Bastante positivo. La ficción española cada vez es más interesante y busca abordar un abanico mayor de géneros y argumentos.
 
 

 
 
 
MACU TEJERA



“Se percibe mayor interés por nuestro trabajo”


– Existe una anécdota en Hollywood sobre Robert Riskin, el guionista de Capra. Un día dejó sobre la mesa del director 120 folios en blanco y exclamó: “aquí tienes, Frank, ¡dale a esto el toque Capra!”. ¿Da rabia que pocas veces trascienda el nombre de quien llena esas hojas en blanco?
– La figura del guionista va adquiriendo visibilidad poco a poco. Se percibe un mayor interés por nuestro trabajo y hay una mayor presencia de creadores en medios, foros y encuentros, pero sigue costando mucho que aparezcan nuestros nombres en la prensa.

– Usted forma parte del equipo de guionistas de Amar es para siempre. ¿Se fabula mejor ambientando las historias en el pasado? 
– No, no tiene que ver con el momento en el que esté situada la historia. Es cierto que el pasado, cercano o remoto, proporciona una perspectiva sobre la época de la que tal vez no dispongamos al contar una historia de nuestros días. Esa perspectiva da cierta libertad, pero también puede implicar lo contrario, que tu exigencia a ceñirte a un rigor histórico te empuje a no tomarte ciertas licencias creativas.

– ¿Y la ficción actual?
– Hay que apostar más por ella, seguir conquistando el mercado internacional con proyectos de calidad y aumentar la difusión y promoción de lo que hacemos.
 
 

 
 
 
CRISTÓBAL GARRIDO


“Ha sido una temporada a remolque de las anteriores”


– ¿Llegará el día en que el guionista deje de ser casi anónimo?
-No lo creo. ALMA, el sindicato de guionistas, lo definió bien tras la polémica de los Goya en la que no dejaron pasar por la puerta principal a los guionistas nominados: queremos ser reconocidos, no conocidos. Con que haya, como en EE UU, cuatro o cinco puntas de lanza para recordar que los guiones no se escriben solos, estupendo.

– ¿Cuál es la asignatura pendiente de la ficción?
– Aunque suene raro, la comedia. Se han hecho avances narrativos y formales. Sin embargo, en comedia no ha habido una gran evolución. Ahora que la figura del showrunner comienza a despuntar, quizá consigamos crear una comedia más diferente y con cierta personalidad.

– Usted trabaja en Velvet y Gran Hotel. ¿Se fabula mejor ambientando las historias en el pasado? 
– Ni mejor ni peor. Estas series de época, a través de sus decorados y vestuario, consiguen darle al producto un encanto muy concreto. Trasladan al espectador a un universo diferente que no le resulta ajeno.

– ¿Qué balance hace de la temporada?
– Ha sido bastante heredera y a remolque de las anteriores. Los éxitos de audiencia ya eran conocidos y no ha habido grandes estrenos como en su día lo fueron El tiempo entre costuras o El Príncipe. Tendremos que estar pendientes de qué pasa el año que viene y, sobre todo, cómo influyen Movistar y Netflix en el tablero de juego.
 
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