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Héctor Melgares


“Se apuesta muy poco por caras desconocidas porque esto es un negocio”
 
 
De la naturaleza polifacética de Héctor Melgares (Madrid, 1984) da buena cuenta la coproducción Por la sombra, su primer largometraje como cineasta y un paso más para su trayectoria interpretativa, en cuya preparación transoceánica lleva tiempo inmerso. Le secunda en la realización Diego Silva Acevedo, quien ya le dirigió en un corto acerca del cáncer de mama titulado Helena. Diversos medios de Madrid y Bogotá recogen la sinopsis de la futura cinta: los Campos no conocen más mundo que su barrio madrileño de toda la vida, hasta que se ven en la necesidad de viajar a Colombia, lo que les enfrenta a un inevitable choque cultural. El vídeo promocional se filmó hace unos meses como preludio de un rodaje que echará a andar en marzo.
 
   La Unión de Actores reconoció en 2015 el prestigio de Melgares al nombrarle actor revelación gracias a la obra Calígula, que le dio la oportunidad de pisar los principales escenarios del país en una gira iniciática. Su Escipión figuraba entre los escasos amigos que mantenían hasta el final su lealtad al emperador Calígula, enloquecido por la muerte de su amante y hermana, lo que le conducía a ejercer su poder de forma desmedida. Experimentaba la barbarie por si en ella residía la salida a la infidelidad. Y ese afán destructivo conllevaba el rechazo hacia allegados que le apreciaban de verdad. Todo en balde, porque seguía sin hallar bálsamo a ese infierno personal que no tardaba en amenazar el porvenir del Imperio, para disgusto de la élite. La indignación generalizada provocaba su asesinato.          

Cine por un tubo
Su vinculación con el séptimo arte viene de lejos y se circunscribe sobre todo al formato breve. En 2010 encabezó una pieza de época, Las aventuras del topógrafo Grossevich, donde su personaje cartografiaba las costas de Siberia oriental. Después de ser abandonado sin dinero ni ropa por los soldados que le acompañaban en la ruta, los pobladores de una remota región le auxiliaban y acogían en su comunidad. Cuando el vergonzoso comportamiento de los militares salía a la luz, estos se veían obligados a localizar al explorador, quien para entonces rechazaba volver a su ciudad natal: ya practicaba las costumbres de los indígenas y no se adaptaría a la civilización. Convencido de que su felicidad plena estaba en los bosques, emprendía otra vez camino hacia ellos, pero encontraba poco más que los esqueletos de sus allegados. Todos habían muerto a causa de una epidemia. En La entrevista fue un joven que llegaba a Madrid deseoso de oportunidades, aunque no se presentaba a un exhaustivo proceso de selección para un empleo, sino al que convocaba una chica con el propósito de encontrar al novio perfecto.
 
 

 
 
 
   A partir de 2011 fueron sumándose a su larga nómina de cortos El último estreno o Rise, pero aún sigue estando disponible en Internet Cámaras y acción. En ese título pone cara a Quique, que harto de estar durante años en el paro después de la universidad, le plantea a un amigo una película sobre un atraco. Ese argumento ficticio se torna real cuando el espectador descubre que detrás de los supuestos ensayos con actores se esconde un riguroso plan para asaltar un banco. De ese mismo año data En busca del 3D, que le puso en la piel de un apasionado de la imagen tridimensional, hasta el punto de pasar el día en la habitación con el libro El ojo mágico. Intentaba crear sus producciones audiovisuales en 3D, sin que sus técnicas funcionasen ni utilizando artilugios caros. Por entonces coincidió en Abkara (Origen) con Antonio Esquinas, quien con el tiempo se convertiría en testigo privilegiado de su carrera. Tony A. Rodríguez los había fichado para esa comedia en torno a un arqueólogo que hallaba en México una roca de valor incalculable y sufría por ello el acoso de unos malhechores. Se trataba de la piedra Abkara, a la que se atribuían propiedades sobrenaturales, como la de la inmortalidad para su poseedor si se juntaba con otro fragmento enterrado en Nepal. Ese poder explicaba la importancia de mantenerla fuera del alcance de cualquier demente, una misión que terminaba antojándose algo complicada.
 
   En 2012 apareció en el teaser del ambicioso proyecto La noche de todos los santos, un thriller político-fantástico en torno a la injusticia histórica que supuso la Guerra Civil y que no se reparó con la llegada de la democracia, para cuya financiación se recurrió al crowdfunding. Su nombre formó parte de un cartel en el que también figuraban intérpretes tan consagrados como Carlos Álvarez-Nóvoa, Pedro Casablanc, María Alfonsa Rosso, Alfonso Lara, Iván Massagué, Alexandra Jiménez, Elena Furiase, Bernabé Fernández, Alberto Ferreiro… Su Alex de Te quiero estaba muy entregado a su chica y un coche le atropellaba precisamente la única mañana que había salido de casa sin declararle su amor. Menos edulcorada resultaba la relación que mantenía en Ni contigo ni sin ti su personaje de Lucas, poco aficionado a la limpieza del hogar, motivo por el que no paraba de recibir continuas broncas de Ana. No la soportaba durante sus sermones, pero tampoco imaginaba la vida en su ausencia. Al género de la comedia romántica también pertenece su trabajo junto a Andrea Dueso o Aure Sánchez en Fito y Pitchi.
 
 

 
 
 
   En 2013 comenzó a cultivar su faceta de cineasta con Spanish Horror Story, sobre la espantosa noche que pasaba un chaval tras ver una película de miedo, aunque el mayor susto se lo llevaba al toparse de buena mañana con un anuncio: aquel de la Lotería de Navidad en el que Raphael y Montserrat Caballé unían sus voces. Más tarde se embarcó en el guion y la dirección de Adiós Nassuomi, al que seguiría Mental, con Manuel Brun y Lucía Álvarez de protagonistas. Formaban una pareja bien avenida pese al inquietante carácter del hombre, que después de su jornada de trabajo alternaba en el ordenador imágenes de partidos de fútbol con vídeos de violentas actuaciones policiales durante manifestaciones. Y es que él era un agente antidisturbios.
 
   A comienzos de 2014 vio la luz El viaje de Robles, la historia de un chico deseoso de escribir guías turísticas. Ese sueño hacía que se interesase por el concurso La vuelta al mundo, y en su presentación casera ante la cámara se definía como una persona muy activa, hasta que reparaba en el impedimento de moverse en silla de ruedas. Eso no le arrebataba, contra todo pronóstico, la esperanza de salir victorioso. Su Darío en La chica del pañuelo rosa se confesaba una persona egoísta antes de que una muchacha le cambiase la vida. Y es que su pierna escayolada le parecía un problema menor al enterarse del cáncer que la consumía a ella, de quien había ido enamorándose sin intuir esa enfermedad. Solo tras su fallecimiento entendía que él conservaba lo más preciado, la vida, y que debía disfrutarla con su ejemplo siempre presente: sin tanta queja.
 
   El verano de aquel año lideró junto a Antonio Esquinas la Ciudad de trampas, cuyas entregas relataban en tono cómico el día a día de dos sicarios al servicio de una organización mafiosa. Su Carlos tenía la memoria bastante mermada por culpa de las sustancias que fumaba, charlaba con sus víctimas antes de dispararlas para dar humanidad a un oficio tan cruel… y siempre se quejaba de tener que limpiar la sangre al cometer cada crimen. El tándem que formaba con su compañero Bill parecía inseparable, pero incluso a él se le quitaba de en medio al descubrir que había acuchillado salvajemente a su apreciado cuñado. El autor de esa trilogía de cortos, Arturo Sánchez Almena, decidió reunirlos después para la webserie de corte apocalíptico Evolution 417. Le tocó entonces ser un informático viudo al que sus amigos llevaban de escapada campera para animarle un poco, aunque durante la excursión sucedía algo que solo dejaba unos cuantos supervivientes en el planeta. Tampoco dudó en repetir con ellos Tony A. Rodríguez, esta vez para la disparatada Un lío de pelotas, sobre dos ladrones de pacotilla salidos de la cárcel con intención de asaltar un vehículo donde otros delincuentes transportaban millones de euros robados. Al final se quedaban con el botín tras superar numerosas trabas. Próximamente estrenarán el cortometraje La película mágica, en el que ambos ejercen como guionistas y directores, además de interpretar sendos papeles.
 
 

 
 
 
   Su primer papel en un filme de larga duración se lo debe a José Manuel Montes y Esteban Ciudad, que en 2015 estrenaron sin apenas presupuesto Fuera de foco, un retrato de artistas con dificultades para abrirse paso en sus respectivas disciplinas y su consiguiente frustración. Por sus secuencias pasaba una actriz dispuesta a tirar la toalla, un guionista ilusionado con su ópera prima, un músico traicionado por su novia o un pintor incomprendido. Contra la vocación de este cargaba su Andrés, un arquitecto acostumbrado a ganar dinero con su labor. Lo modesto del proyecto no fue un problema para multitud de profesionales, desde Beatriz Rico a Roberto Álamo pasando por Anita del Rey.

Genialidad más allá del teatro comercial
 
Antes de coronar la cumbre con Calígula cerró el telón entre aplausos en múltiples ocasiones. El escritor y periodista Eduardo Jover figura como un autor recurrente en su andadura teatral, pues suyas son las obras El Tenorio apócrifo y La hija de la panadera. En esta encarnaba a un actor guaperas que convivía con un estudiante de Veterinaria bastante vago, ambos muy dados a organizar fiestas en su piso, sin que les importase escuchar luego los discursos de otro compañero amante del orden. Por si los tres fueran pocos, se les unía la dicharachera prima del futuro veterinario. Y él se dedicaba a cortejarla en los ratos libres que le dejaba su entrenamiento con el saco de boxeo para estar en forma de cara a los castings. Su currículum lo completan El tejado de los idiotas, el espectáculo poético-operístico Amados, El viaje de la señora Soho
 
En busca del trampolín televisivo
 
Los espectadores de Cuéntame le vieron en 2011 gracias a su papel de Tote, un operador de cámara que echaba una mano en la película vampírica Glóbulos rosas, pero las continuas desavenencias con el director acababan costándole el despido. Su iracunda marcha hacía que Carlos Alcántara (Ricardo Gómez), el productor del filme, asumiese también ese puesto. En sus secuencias para la veterana serie le rodearon Nao Albet, Elena Rivera, Santiago Crespo… Un año más tarde se estrenó en la página de Antena 3 Justos por pecadores, una webserie en cuyos breves episodios interpretaba el papel del ambicioso César. Ayudaba a la muerte a agilizar su trabajo, siempre ralentizado por la necesidad de evaluar rigurosamente los pecados del difunto para darle un veredicto justo: cielo o infierno. Y mientras su jefa se hacía más empática a base de charlas con los humanos, él sustituía paulatinamente los sentimientos por una despiadada eficiencia. Excepto con la lujuriosa mujer que le abordaba en el despacho, a la que concedía un rápido pasaporte al paraíso a cambio de sexo. Su última aventura televisiva le paseó por distintos sketches del programa José Mota presenta en la primavera de 2015.       
 
 
Con el equipo de 'Por la sombra'
Con el equipo de 'Por la sombra'
 
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Se acuerda del momento particular en que decidió ser actor?
− Vengo de una familia de cómicos y ese mundo me rodea desde mi nacimiento. Por eso siempre lo tuve asimilado. Ese entorno me gustaba, me divertía, me entretenía. Mis abuelos y sus hermanos fueron actores, pero mis padres, tíos y primos también lo son. Y escritores, pintores, cantantes… Artistas en general. No podía acabar en algo que no estuviera relacionado con el arte.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− No creo que lo comentara con la típica frase de “Mamá, quiero ser actor”. Pero sí recuerdo lo que dije en casa a los 13 años, después de haber tenido relación con el teatro a través de clases en el instituto: “Mamá, quiero hacer un casting”. Y así estuve durante semanas. Un día me comunicó que me habían seleccionado para una prueba en una serie de Telemadrid que se titulaba La otra familia. Me aprendí el texto, acudí a la prueba y allí me atendió el director de casting Luis San Narciso, con quien disfruté mucho de la experiencia. Semanas más tarde llamaron para informarme de que me habían escogido. ¡Salté de alegría porque no me lo esperaba! Buenos momentos al rememorar aquel primer acercamiento al mundo de la televisión.  
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Tener gente buena a mi alrededor. Amigos y amigas que me apoyan y me dan ánimo para seguir luchando en esta profesión tan bonita y dura que hemos elegido. Personas fantásticas que aceptan sin pestañear mis proyectos e ideas locas. Gracias a ellos mantengo la fuerza y perseverancia necesarias para no venirme abajo en los muchos momentos en que no hay trabajo y recupero la esperanza de que las cosas se cumplen si uno lucha. ¡Siempre sonrisas y positividad!
 
 
Foto: Miguel García-Gallo
Foto: Miguel García-Gallo
 
 
 
− ¿Cuál de los papeles que ha recibido le ha dejado más huella?
− Aquel Escipión que interpreté hasta el año pasado en el montaje Calígula. Era un personaje lleno de dificultades y matices, tanto por la lucha interna con sus emociones como por su relación con el protagonista, un Calígula increíble a quien dio vida Javier Collado. Siempre lo recordaré.
 
   Fue una suerte participar en esa fantástica obra del gran Albert Camus versionada y dirigida por Joaquín Vida, que además me dio la oportunidad de hacer mi primera gira por los teatros más grandes y bonitos de toda España. Aprendí muchísimo junto a los excelentes compañeros del reparto, que llevan toda la vida en el oficio: Collado, José Hervás, Alejandra Torray, Fernando Conde, César Sánchez, Aurora Latorre, Juan Antonio Gálvez, Xabier Olza, Virginia Pascual, Ángel García Suárez…
 
   Como broche final a esa aventura experiencia que duró dos años, en marzo de 2015 la Unión de Actores me distinguió con el premio a mejor actor revelación. No me lo esperaba, nunca pensé en algo así. ¡Gracias a todos y todas por valorar mi labor!
 
Si el teléfono dejase de sonar definitivamente, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− El teléfono no suena. Empecemos por ahí. Y eso le ocurre a la mayoría de los intérpretes. De hecho, AISGE publicó no hace mucho tiempo un informe sobre el nivel de paro que azota nuestro colectivo, de aproximadamente un 72 por ciento. Pues yo pertenezco a ese porcentaje. Se apuesta muy poco por caras desconocidas porque esto es un negocio: el marketing y el beneficio económico mandan. Como en todo, por desgracia.
 
   Disfruto como actor y ojalá pueda seguir dedicándome a ello, pero me interesan muchas otras cosas y no pienso dejar de hacerlas: escribir guiones, dirigir cine, editar y montar, la producción, la fotografía… Casi todo en mi trayectoria me lo he buscado yo, muchos de mis trabajos han surgido de otros. A veces me salen proyectos a raíz de actuar en cortometrajes de alumnos de escuelas de cine y en otras ocasiones cuentan conmigo los amigos que hago por el camino. Así está el tema. ¿Castings? ¿Qué es eso? [risas]. Cualquiera fliparía si contara cuánto tiempo llevo sin hacer pruebas. Aprovecho para dejarme caer: ¡Hey, aquí estoy, amigos!
 
 

 
 
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− No. Conozco muy bien este oficio, y es una carrera de fondo. Las cosas llegan cuando tienen que llegar, hay que tener paciencia y ser optimista, sin permitir que el desánimo se lleve las ganas de luchar. Sí he vivido momentos duros de no saber qué hacer: no recibes una llamada ni te convocan a una sola, pero ‘los olvidados’ vemos cómo se estrenan continuamente nuevas series y largometrajes. ¡Sigamos luchando!
 
− ¿Cuál considera que es el principal lastre del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− La falta de ayudas y la piratería. Pero el problema más preocupante es que el Estado no apoya nuestro celuloide, los gobernantes de este país son unos catetos que no valoran la importancia del celuloide. La cosa mejorará cuando vean que, además de cultura, es lo que les gusta a ellos: un business. Sintámonos orgullosos de la maravillosa ficción que producimos en España. Que q uiten ya el IVA al 21 por ciento e implanten un tipo superreducido. Así se abarrotarían los cines, los teatros, las salas de conciertos, los auditorios… ¡Eso sí generaría pasta, que no se enteran!
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
Willow. De pequeño fui a verla con mi madre y lloraba cuando los malos se llevaban a la princesa Elora Danan. Nunca me canso de repetir esa película.
 
− ¿A qué serie está enganchado?
− La última fue la colombiana Pablo Escobar: el patrón del mal, capaz de cosechar éxito mundial. También sigo Vikings, The Walking Dead, Breaking Bad, Homeland, Cuéntame, Narcos
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer este oficio?
− He procurado quedarme con muchos. ¿Uno de ellos? “No tengas prisa, esto es una carrera de fondo. Haz todo lo te propongan, sobre todo si estás empezando. Rueda cortometrajes sin parar con escuelas de cine, con universidades, con tus amigos. Haz teatro. Si tienes inquietudes más allá de la actuación, ve a por ellas también. Escucha a los que llevan mucho tiempo en esto y luego haz lo que te dé la gana”. Eso hago yo, pero cada uno vive de una manera. Y de mi cosecha añado lo siguiente: ríe mucho, la interpretación es un juego. En el momento en que deje de serlo, es que la cosa no va bien. No dejes que te coman la cabeza en las escuelas ni te tomes muy en serio lo que te digan en los comienzos de tu carrera, ten una opinión propia, que este es un mundillo de buitres y la envidia está presente en mucha gente que trata contigo. Esfuérzate en cuidar a tus amigos y compañeros de proyectos, porque nunca sabes cuándo te los vas a encontrar de nuevo o si necesitarás su ayuda. Sonríe. Disfruta. Haz lo que te aporte felicidad. Rompe las normas. Juega”.
 
 
 

 
 
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− La perseverancia. Y creo que no soy egoísta en el escenario.
 
− Ahora que no nos escucha nadie, ¿cuál es el próximo proyecto que se trae entre manos?
− Este 2016 será fantástico porque vienen muchas cosas. Vuelvo a las órdenes de Joaquín Vida con un gran texto, Un enemigo del pueblo (Henrik Ibsen), cuyo estreno en Madrid está previsto para el mes de septiembre. Y haré gira por todo el país en compañía de grandes nombres: Juan Gea, Guillermo Montesinos, Luz Olier, José Hervás, Manuel Brun, Mar Bordallo, Juan Antonio Molina…
 
   Preparo al mismo tiempo mi proyecto estrella del año, la coproducción Por la sombra, pues en su inminente rodaje participa equipo colombiano. Estoy ilusionado porque se trata de mi ópera prima, pero también por codirigirla con el cineasta Diego Silva Acevedo, que es uno de mis mejores amigos. En su Colombia natal hemos desarrollado la preproducción durante tres meses con Siete Studios, la productora en la que trabajan mis hermanos del alma Tatiana Silva y Julio Castellanos, quienes nos han acompañado durante la filmación de algunas secuencias incluidas en el teaser promocional. Esta historia dramática con importantes dosis de comedia y acción contará en su elenco con reputados actores y actrices de ambos lados del Atlántico: Tina Sainz, Juan Pablo Shuk, Guillermo Montesinos, Juan Jesús Valverde, Eva Marciel, Antonio Esquinas, Fernando Barona, Juan Carlos Arango, Natalia Sprenger, Anderson Ballesteros, Pablo Vega, Harold Córdoba… Igualmente formidables son los técnicos, que aúnan profesionalidad y humanidad, siempre tienen una sonrisa. Hemos formado una familia de gente experimentada y jóvenes prometedores para que la película pueda ser una realidad muy pronto.       
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Alcanzar la estabilidad laboral con proyectos creativos por los que cobre un sueldo.
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Vuestra labor es fundamental. No solo por la firme defensa de los derechos de propiedad intelectual, sino también por la labor asistencial con los artistas desfavorecidos. Solo puedo decir cosas positivas. ¡Gracias, compañeros!
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