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11-04-2019

Fiesta de cumpleaños póstuma 

para el gran Alvarito

 

Los ilustres amigos de Álvaro de Luna se reúnen en el Círculo de Bellas Artes para celebrar la figura del añorado actor



Foto final con allegados, familiares y amigos de Álvaro de Luna 

 

FERNANDO NEIRA

Reportaje gráfico: Marie Renard

Tuvo que ser Manuel Vicent, voz autorizada como todas, quien sacara a toda la concurrencia del error. “Estáis hablando de Álvaro de Luna pero decís mal el nombre. Él fue y será siempre Alvarito…”. Y todas sus amistades reunidas en la sala Valle Inclán del Círculo de Bellas Artes se regocijaron en sus asientos. Porque hubo mucha emoción en el homenaje que los más allegados celebraron por la memoria del actor, pero muchas más sonrisas (y risas) que lágrimas en lo que debería haber sido –y de alguna manera fue– la fiesta del 84 cumpleaños del inmortal Algarrobo y aún más inolvidable ser humano.

 

   Era 10 de abril, el mismo día que Álvaro de Luna Blanco había venido al mundo en aquel Madrid prebélico de 1935. Y aunque su ausencia se hacía inevitablemente dolorosa, Álvaro estuvo muy presente en las voces y las palabras de algunos de los muchos hombres y mujeres que le quisieron y admiraron, y con los que compartió pasiones artísticas, compromisos e inquietudes sociales. La Fundación AISGE se sumó a la organización de este cumpleaños póstumo y, con todo, festivo, en una cita que no se quisieron perder ni el presidente de la entidad, Emilio Gutiérrez Caba, ni los consejeros Maite Blasco y José Manuel Cervino, junto a otros actores tan ilustres como Héctor Alterio, Juan Margallo o Juanjo Artero

 



De izquierda a derecha, Emilio Gutiérrez Caba, Juan Margallo con José Manuel Cervino y Maite Blasco

 

 

   Álvaro era, entre otras muchas cosas, “íntegro, sencillo, humano, servicial, humilde, sonriente y cariñoso”, según la lista de epítetos que le atribuyó María Teresa Fernández de la Vega, presidenta del Consejo de Estado y exvicepresidenta del Gobierno en los tiempos de Zapatero. “Ahora que nos rodea tanto desencanto y desconfianza, agradecemos con orgullo que Álvaro nos incluyera en el círculo de sus afectos. Era imposible no quererle”, se sinceró. La vicepresidenta actual, Carmen Calvo, no pudo acudir en persona a la cita, pero le hizo llegar a Carmen Barajas, viuda del artista, una carta particularmente emotiva. La leyó e hizo pública Andrea, una de las dos hijas de la pareja. “No hay mapas suficientes para dibujar el recorrido de su ausencia”, escribió Calvo. “Álvaro estuvo a las duras y a las maduras, y con la cabeza bien alta, porque para los compromisos hace falta valentía”. 

 

   Otros destacados nombres de la familia socialista, desde Alfredo Pérez Rubalcaba a Pedro Solbes, se dejaron ver entre los asistentes, mientras Javier Moscoso, ministro de Presidencia en el primer gabinete de Felipe González, fue el siguiente invitado a tomar la palabra por el maestro de ceremonias del encuentro, el periodista Antonio San José. “Llenar una sala con amigos de Álvaro es fácil”, avisó el jurista, que recordó cómo De Luna comenzó su trayectoria como especialista en películas de romanos, jugándose el pescuezo, y nunca más literalmente, en las escenas en que tigres y leones atacaban a los mártires cristianos. “Álvaro tenía una muletilla”, añadió Moscoso. “Cuando veía a un amigo, exclamaba: ‘Este es un 10’. Nunca le bajó la nota a nadie, ni siquiera hasta un 9. Pero el único 10 que yo he conocido era él…”.




Eduardo Madina

 

   También disfrutó de la amistad del protagonista de La barraca El prado de las estrellas el exdiputado Eduardo Madina, que rememoró su llegada desde Bilbao a Madrid en 2004, aún veinteañero, y el impacto que le supuso conocer a “un santo laico” como él. “Me gustaría vivir en una España que se pareciera a él, a su amor por la cultura y por este país”, enfatizó. Ojalá que los dirigentes españoles le estudien y sigan, y que dentro de 30 años todos sepamos que en este país hubo un gran actor y persona llamado Álvaro de Luna”. Fue una idea en la que incidiría poco después la periodista Nativel Preciado. “En este año decisivo para el progreso, ojalá no volvamos atrás y vivamos con el orgullo y dignidad que conocimos en la época de Álvaro”. 

 

   La tarde transcurría entre gestos afables y emotivos, pero las sonrisas se agrandaron cuando el novelista Manuel Vicent, con quien tantas tardes (y tantas paellas) compartió De Luna junto a la costa de Denia, hizo uso de la palabra y avisó aquello de que “el verdadero nombre” del homenajeado era Alvarito. “Los diminutivos causan extrañeza en las personas grandes, pero para ser pacífico se necesita ser muy fuerte. Y yo vi a Alvarito levantando a pulso un R18 para que le pudieran cambiar una rueda. O ayudando a extinguir un incendio, junto a su gran amigo Sancho Gracia, en la cocina de una casa donde estaban jugando al póker. Los dos apagaron las llamas, pero antes ya habían desalojado por el patio de luces el fregadero y el lavavajillas…”.

 


Manuel Vicent

 

   Algunas imágenes de papeles míticos y divertidas apariciones en TVE salpimentaron la ceremonia, en la que fue muy aplaudida la presencia de Juanjo Artero, recuperado ya de algunos problemas de salud. Arturo, que fue hijo de Álvaro durante las representaciones por toda España de El hijo de la novia, llevaba escrita su intervención para no dejarse nada en el tintero, pero aun con esas le resultó imposible evitar que la voz le temblara de pura emoción. “Conocí al mejor compañero y conversador, al mejor aliado de paellas. Compartimos el dolor por el expolio a nuestro país: ¡menudos cabreos nos cogíamos juntos viendo las noticias! Y nadie me dio tanta confianza, tantas alas para afrontar los retos. ‘¡Galán, que eres un galán!’, le gustaba decirme. Siempre que pienso en él le veo sonriendo…”.

 

   La escritora y periodista radiofónica Reyes Monforte, viuda de Pepe Sancho, también aportó vivencias y remembranzas de los tiempos compartidos. Incluso de la primera vez en que, ya como esposa de Sancho, conoció la casa de los De Luna en Denia. “No dejé nada de paella, porque habría sido un pecado hacerlo, pero fue imposible participar en la conversación: con Alvarito y Pepito no había manera de meter baza…”, se carcajeó. En realidad, el locuaz y torrencial Álvaro solo se quedó sin palabras el día que bautizaron un teatro valenciano con el nombre del amigo Sancho. “Me explicó lo difícil que era hablar de alguien a quien amas, dejar de escuchar su voz y sus anécdotas. Hoy lo entiendo mejor aún en ausencia de él. Y me viene a la cabeza Machado: Álvaro era, en el buen sentido de la palabra, bueno”.

 


María Teresa Fernández de la Vega con Carmen Barajas, viuda del artista; Alfredo Pérez Rubalcaba, con Pedro Solbes y la viuda; y el presentador, Antonio San José

 

   El acto debía haberlo cerrado el cantautor Luis Pastor con un poema dedicado al amigo común de todos los allí presentes, pero el mal servicio ferroviario entre Extremadura y la capital se interpuso en esa voluntad originaria. Pero los versos no cayeron, ni mucho menos, en saco roto: les puso voz en precioso recitado Juan Antonio Corbalán, que dio así paso al vino con que los asistentes siguieron recordando a Alvarito. Ausente para siempre desde el 2 de noviembre pasado, pero ayer más presente que nunca en las palabras y los corazones.



Juanjo Artero, vástago de Álvaro de Luna en 'El hijo de la novia', saludado por el exbaloncestista Juan Antonio Corbalán
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