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29-06-2017 Versión imprimir

 
 
 
 
 
Cuando el teatro homosexual salió del armario
 
 
 
'Homosexualidad y teatro en España', un apasionante ensayo del periodista Antonio Castro, sale a la luz con el respaldo de AISGE


MARTÍN RODRIGO DE MIGUEL
Reportaje gráfico:Miguel García Gallo
Coincidiendo con la semana del Orgullo y de la celebración en Madrid del World Pride, la Academia de las Artes Escénicas (AAEE) ha presentado este viernes 30 de junio el libro Homosexualidad y teatro en España, en cuya edición ha colaborado la Fundación AISGE. La sede madrileña de la entidad sirvió para que el académico Antonio Castro Jiménez, autor del volumen, diera a conocer los contenidos de esta ambiciosa obra en compañía de José Luis Alonso de Santos y Jesús Cimarro (presidente y vicepresidente de la AAEE), Fernando Marín (vicepresidente de AISGE) y el actor Julio Escalada, prologuista del ensayo. El volumen puede descargarse, en su integridad y de forma gratuita, en la web de la Academia (www.academiadelasartesescenicas.es), tanto en formato PDF como epub.
 
   Homosexualidad y teatro en España es fruto de un prolongado trabajo de investigación que Antonio Castro emprendió en 2006 para identificar y reseñar hasta 325 obras relacionadas con esa temática que se han representado en distintas ciudades de nuestro país desde 1929. Cuenta el autor en su artículo para el último número de la revista Artescénicas que ese mismo año se estrenó en el Teatro del Centro (hoy llamado Calderón) un drama del francés Edouard Bourdet titulado La prisionera, sobre una joven de la alta sociedad que daba rienda suelta a su amor por la esposa de un diplomático sin importarle los intentos de disuasión del entorno.

   Ya en 1931 el telón se levantaba para representar De muy buena familia, de Jacinto Benavente, donde el benjamín de una familia acomodada frecuentaba lugares de ambiente. Implicado en un crimen, se suicida ante el temor de que el escándalo salpique la excelente reputación de los suyos. "En aquella época", relata Castro, "los personajes gays no podían tener buen final en ningún caso. Benavente comparaba al suyo con un jorobado. Era una cosa tremenda".

  Los textos que consideraban una lacra la atracción por el mismo sexo dieron un giro radical gracias a la lorquiana El público. Sin embargo, aunque fue escrita en 1931, no llegó a ver la luz hasta 1987, convertida ya en referente del teatro homosexual. Durante la República sí pudieron disfrutarse algunas representaciones con personajes lésbicos, como La prisionera o, sobre todo, Muchachas de uniforme, que transcurría en un internado femenino. Pero Castro se lamentó de la escasa representación escénica, todavía, de la homosexualidad entre mujeres. "De las más de 300 obras que hemos encontrado y catalogado, solo 15 o 20 abordan el lesbianismo. Es menos de un 10 por ciento". 
 
El autor del libro, junto a Fernando Marín
El autor del libro, junto a Fernando Marín
 
¿Y en el franquismo?
Hasta los años cincuenta no llegaron desde el extranjero comedias donde se entreveían ciertas tramas con personajes gays o lésbicos. En esa nómina figuran La gata sobre el tejado de zinc caliente, Ejercicio para cinco dedos, Sabor a miel... Fernando Marín, vicepresidente de AISGE, se felicitó de haber dado vida en 1957 a un personaje de "sexualidad dudosa" en Té y simpatía, que aguantó más de dos temporadas en cartelera a pesar de que algunas ciudades la censuraron. "Cuando llegamos a Valencia", relataba Marín, "nos estaban esperando militares vestidos como para la guerra. Y fue el propio capitán general el que firmó la prohibición 'porque era una obra de maricones".
 
Marín se felicitó de que un libro tan documentado como el de Castro Álvarez sirva para testimoniar y normalizar una realidad después de "una larga época complicada y difícil". Pero alertó: "Esto no está ganado. Tenemos que seguir en la pelea". En el caso de Té y simpatía, sin ir más, colaboró involuntariamente Pepe Bódalo a su éxito. "Comenzó a decir por todas partes que era una función de maricones con la intención de dañar al espectáculo, y lo que consiguió fue todo lo contrario: avivar la curiosidad", se sonreía Antonio Castro. 
José Luis Alonso de Santos
José Luis Alonso de Santos
 

   Fue en 1975 cuando se representó abiertamente el primer argumento con hombres atraídos por otros hombres: Los chicos de la banda. Sobre las tablas del Teatro Barceló actuaba un Manuel Galiana que recuerda aquel momento con orgullo. "Yo no dudé. Hubiera pagado por poder hacer esa obra. Fuimos a un programa de TVE donde nos sugirieron que no dijéramos que era sobre homosexuales, así que tuvimos que hablar con medias tintas", comenta el intérprete en declaraciones recogidas por Castro. Con el camino más despejado, la presencia del gay acabó volviénose casi imprescindible para la comedia, como en la aclamada Sé infiel y no mires con quién. Unos 14 años permaneció en cartelera.
 
   Las propuestas con lesbianas como protagonistas son más escasas y llegaron más tarde. Tras enfoque trágico de La calumnia y el escándalo por su estreno en los sesenta, mucho ruido hizo la llegada de Las amargas lágrimas de Petra von Kant en 1985, con la explícita atracción entre Lola Herrera y Victoria Vera pese a la notable diferencia de edad entre sus personajes. Por extraño que parezca, el travestismo provocó carcajadas en la España de 1892 con La tía de Carlos. Sin embargo, la involución de la dictadura quedó patente en el juicio literario al que se enfrentó en Valladolid la actriz Ana Mariscal por haber encarnado a Don Juan Tenorio, en 1945.
 
   Manuel Gallardo, uno de los actores que ha dado vida a más personajes homosexuales sobre las tablas, también pasó por AISGE y compartió alguna anécdota hilarante. Como las tórridas representaciones de Contradanza (1980) en el Teatro Lara, con José Luis Pellicena convertido en reina travestida. "La obra empezaba en penumbra, José Luis con la falda remangada y yo montándole por detrás", relataba Gallardo. "Cuando se quitaba toda la ropa, con los nervios, se le quedaba un pajarillo pequeñito, pequeñito... Pero el palco de la izquierda, desde el que mejor se le veía, siempre era el primero en venderse. El desnudo de Pellicena era una sensación, aunque estuviera tan delgado que no tenía ni bíceps, ni tríceps, ni pajarillo ni nada...".
 
Julio Escalada
Julio Escalada
 

   Los títulos recogidos en las páginas del libro aparecen divididos por géneros: lesbianismo, musicales con gais, el SIDA en la escena... Las reseñas se enriquecen acertadamente con críticas publicadas tras la representación de los espectáculos y declaraciones de autores y actores que participaron en los montajes, además de acompañarse de abundante material gráfico. Todo ello compone una radiografía de cómo evolucionó la aceptación de la homosexualidad en las artes escénicas y la sociedad española.

   Este es ya el noveno libro de Castro y el octavo que edita la AAEE, que lo consideró "interesante por su contribución a difundir un género insuficientemente estudiado". Julio Escalada, prologuista del libro, se felicitó de que haya "huido de lo colorido para centrarse en lo científico". "Un volumen así", prosiguió, "podría haber acabado en la librería de una cadena de restauración, con portada rosa y un beso lúbrico ilustrándola, ideal para hojear mientras te tomas tus tortitas con nata. Por fortuna, su enfoque académico resultará de enorme utilidad para cualquier investigación futura".  

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