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24-04-2013

Málaga, plataforma del talento
  y altavoz para la denuncia


El XVI Festival de Cine intenta combatir el desánimo del sector cultural con una remesa de filmes plurales y eclécticos
 

 
NANO AMENEDO
Reportaje gráfico: Celia Teijido 
El cine español se debate entre la esperanza y la desolación, y la decimosexta entrega del Festival de Málaga sirve estos días como el termómetro perfecto para tomarle la temperatura al paciente. Por un lado, muchas de las películas que desfilan por la sección oficial son acogidas con aplausos en los pases de prensa y reflejan una nueva hornada particularmente ecléctica y plural: del espectáculo de pura acción y adrenalina (Combustión) a la denuncia social (Diamantes negros), el cine de autor (Ayer no termina nunca), la comedia sentimental (Somos gente honrada) o producciones que combaten las limitaciones del bajo coste (Ilusión, Casting) con una elevada dosis de compromiso con el séptimo arte. Pero luego está la tozuda realidad de las hojas de cálculo, unos números con los que no parece haber manera de cuadrar las cuentas. Y la rueda de prensa de la Federación de Productores (Fapae) resultó particularmente desalentadora en este sentido: si comparamos las entradas vendidas entre el 1 y el 21 de abril de 2012 e idéntico periodo de este año, el retroceso es de un 45 por ciento. Y este severo retraimiento en taquilla augura malos tiempos para la lírica.
 
 

Ambiente en la calle de la Alcazabilla, engalanada con alfombra roja junto a los cines Albéniz

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   Unos y otros productores se aferran a las virtudes cinematográficas de sus propuestas, pero no siempre pueden sustraerse al pesimismo. Adolfo Blanco, productor ejecutivo en la última película de Isabel Coixet, fue particularmente crudo: “la subida del IVA y la piratería son una putada, pero antes de eso ya estábamos viviendo un descenso preocupante en la frecuentación de los cines. Y la causa última de esa pérdida está en la educación”. A su juicio, es difícil revitalizar el interés del público por nuestra filmografía “cuando la televisión pública solo ofrece fútbol y corazón, fútbol y corazón”, e incluso avaló “una correlación entre nuestros bajísimos índices educativos y la baja asistencia a las salas”.
 
   Algo más esperanzado se mostró, pese a todo, el popular presentador televisivo Andreu Buenafuente, que a través de El Terrat ejerce como coproductor de Somos gente honrada, de Alejandro Marzoa. Al preguntarle sobre la incidencia de la crisis en la creación cinematográfica exclamó: “Solo saldremos de esto con buenas historias. Ahora es cuando hay que meterse a hacer más películas y acumular más orgullo que nunca. Pasará la crisis y quedarán estas obras”. 
Y Daniel Castro, director, intérprete y coguionista de Ilusión, admitió que había renunciado “a un trabajo de guionista bien remunerado” por meterse de lleno en este proyecto, que ha sacado adelante desde los más nítidos postulados del low cost: con apenas 20.000 euros de presupuesto. “Yo me centré en hacer una película que estuviera bien y me gustara. Lo cierto es que tengo amigos haciendo pelis de distribución convencional, y no consiguen estrenar…”.
 
 
 

En la Plaza de la Merced se agolpan los carteles de los largometrajes a concurso

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   A este paso, no será fácil seguir asistiendo a estrenos que apuntalen la viabilidad del sector. A la quiebra de la distribuidora Alta Films (“una noticia terrible, un desastre”, exclamó el actor Álex González) se le suman el eterno aplazamiento de la Ley del Mecenazgo, una nueva Ley del Cine que aún está por ver y, sobre todo, ese ivazo que convirtió las entradas a las salas españolas en las que sufren una mayor carga impositiva de toda Europa. Según Juan Ramón Gómpez Fabra, presidente de la Federación de Exhibidores (FECE), “en breve el Ministerio de Hacienda no va a recibir dinero, sino solicitudes de aplazamiento del pago del IVA”. Y es que las cuentas no salen: en estos casi cuatro primeros meses del año, la recaudación ha descendido un 13 por ciento (de 182 millones a 159 millones de euros) y la asistencia a cines, un 16 por ciento.
 
   ¿En qué medida el gravamen del IVA está detrás de unas cifras tan desfavorables? No lo podremos saber con exactitud salvo que el Gobierno recule y corrija su política impositiva, lo que, pese al clamor de todos los trabajadores de la cultura, no parece figurar entre sus prioridades. Pero existe un dato, el de Canarias, que puede resultar bien significativo. En este archipiélago no se aplica el IVA sino un impuesto especial para las islas, el IGIC, que en el caso de las salas asciende al 7 por ciento. Y desde el 1 de septiembre, la fecha en la que el ivazo entró en vigor en el resto del Estado, la taquilla canaria ha experimentado una subida del 5,1 por ciento, con un incremento en la afluencia a los cines superior a los diez puntos porcentuales.
 

Las banderolas del festival son una constante por todo el callejero malacitano

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Algunos bares aprovechan el tirón del festival para ofertar "tapas de cine"

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El viejo Cine Victoria, cerrado mucho tiempo atrás, fue en 1953 escenario de la única edición del primer festival de Málaga

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