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26-10-2018

“A todos los actores nos vendría bien un curso de producción”


FRANCISCO PASTOR

Natural de Varsovia, Verona anunció a sus padres que se quedaba en Madrid tras haber dado varias vueltas por el mundo. Aquí creció como artista gracias a la escuela y al grupo de teatro Réplika, y también trabajando en la serie SMS. A sus 33 años continúa enganchado al oficio. Asegura que se ha presentado a todas las ediciones del Notodofilmfest, que le ha premiado en alguna ocasión como realizador. Fue en esta última convocatoria cuando por fin convenció su faceta interpretativa. “Me convertí en productor por imperativo, no por placer. Los intérpretes deberíamos ser siempre un poco realizadores. Este es el festival de los que no esperamos a que nos llamen. A todos los actores nos vendría muy bien un curso de producción o gestión cultural”, sostiene.

   Alrededor de 35 piezas ha producido desde que coincidiera por primera vez con su ya amigo Fernando González Gómez. Downunder (2017), con Maggie Civantos, va camino de convertirse en un filme. Y Verona se reconoce en un buen momento después de coincidir con Luis Tosar o Toni Acosta en la recién estrenada Yucatán. A la racha contribuye la adaptación teatral de Alguien voló sobre el nido del cuco, que representa este otoño en el coliseo Fernán Gómez madrileño.


   En contraste con lo dulce de los triunfos, Dos vidas, el título con el que ha triunfado en el Notodofilmfest, conmueve porque narra una historia amarga: dos antiguos compañeros del colegio se encuentran por la calle una noche. Él va con su mujer e hijos. Ella ejerce la prostitución. Sus vidas apuntaban caminos diferentes ya desde que coincidieron en clase. Porque aquella joven pretendida por todos eligió al chico duro… y sueña con una existencia mejor. “Me pareció una historia sencilla y triste. Algo que le podría ocurrir a cualquiera”, sentencia Verona. Él conoció la interpretación en los mismos años de colegio a los que alude la obra. Y agrega: “Temí que no sorprendiera, pero la magia afloró en el rodaje, creo que se convirtió en un trabajo muy bonito. Un cuento de Navidad que nos está trayendo muchas alegrías”. Una versión ampliada de Dos vidas –de seis minutos, en vez de los tres y medio que permite este festival– cosecha menciones por todo el país.

   Aunque Verona ha conocido también la crisis en sus tres lustros de carrera. “Empecé cuando la economía iba bien. Actuábamos, hacíamos giras. Luego llegó la nada. Conté con el apoyo de mi pareja, que también es actriz, de la familia y los amigos. Ahora hay, de nuevo, un despertar”, apunta. Y se reconoce preocupado por las condiciones en las que a veces se ofrece empleo a los artistas: “Aún estamos trabajando muy por debajo del precio del mercado. Para mí sí tiene sentido actuar bajo según qué premisas si se trata de algo que creamos nosotros mismos. Pero al hablar de trabajo por cuenta ajena, es otra cosa. Pienso en el público, pues si ofrecemos un espectáculo que carezca de nivel, perderá la confiar en nosotros”.

   A menudo subsiste gracias su labor como productor, así que acude de nuevo a una receta: crear más, porque el trabajo llama al trabajo. “Este certamen es la gran referencia para los cineastas en ciernes. La visibilidad que da a nuestros trabajos es increíble. Este premio me ha dado mucha vida después de décadas de entrega a los cortos”, admite. Para él hay dos marcas clave en el calendario: el día que concluye el plazo de entrega de piezas y la fecha en la que se conocen los nominados a los galardones. En la jerga habitual del artista se cuela lo que, según él, es una coletilla entre los realizadores jóvenes: “A ver cuándo nos hacemos un notodo”. Verona no duda en que volverá a presentarse el próximo año.

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