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18-12-2013 Versión imprimir

 
 
Iñaki Miramón


“El cine de romanos
lo he mamado”


El chico que tuvo a España en vilo, pendiente de si se ligaba o no a Amparo Larrañaga en ‘Media naranja’, hoy es un marqués demediado en la serie ‘Con el culo al aire’
 
 
EDUARDO VALLEJO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
El hombre que nos refugia en su casa es Iñaki Miramón (Bilbao, 1957), un tipo menudo y fibroso con aire aún de chiquillo inquieto, que se mueve con una agilidad tan sorprendente como sus esculturas (luego les cuento). Aunque ha pasado más de la mitad de su vida como vecino del Manzanares, su acento suena inequívoco a ría del Nervión. Como buen bilbaíno, acaba sus participios en “ao”, de modo que en el titular deberían leer “lo he mamao”. Como está mandao.
 
– ¿De pequeño le pirraba actuar?
– En casa de mi abuela los primos hacíamos funciones de circo, imitando a acróbatas o payasos. A mí, que era el más enano, siempre me tocaba de público. Me hinchaba a aplaudir. Nunca quise ser actor. Lo que sí me pirraba era el cine. El de romanos lo he mamado en sesiones dobles.
 
– ¿Entonces?
– Soy de probar muchas cosas. Haciendo COU en Éibar me metí en un grupo de teatro porque, la verdad, no me gustaba mucho estudiar. Solo se me daban bien las mates. Y la educación física, que me la daba un exlanzador de jabalina. Un tiarrón tremendo.
 
– Y en el teatro encontró la felicidad. Sonido de violines.
– Jolín, pues la verdad es que fue un año bellísimo. Hicimos Lisístrata y Tres sombreros de copa, con la que ganamos un premio.
 
– ¿Y el COU?
– Repetí y tuve que dejar el teatro, aunque ya estaba marcado por la experiencia. Después empecé Ciencias Exactas.
 
 

 
 
 
– Pasó de las mates en Bilbao al Arte Dramático en Madrid. ¿Cómo dio la pirueta?
– Entonces era difícil hacerse profesional en Bilbao. El caso es que además había razones sentimentales para venir a Madrid. Todo se conjugó.
 
– Aconseje a otros incautos cómo sortear el drama familiar.
– Lo mejor es empezar con un susto: “Hay algo que tengo que deciros...” y lo dejas ahí colgando unos segundos. Cualquier padre o madre, ante estas palabras, se acojona. Se preguntan: “¿Qué coño habrá hecho este? ¿Quién estará embarazada?”. Los míos no fueron una excepción. Al oírme, respiraron aliviados y me ayudaron en lo que pudieron. No hubo drama porque mis inicios en Exactas no habían sido precisamente excelsos. A mitad de curso lo dejé y me puse a trabajar en la autopista de Bilbao-Beovia para sacarme unos duros para la aventura madrileña.
 
   Miramón se formó en la Resad madrileña en las clases de Pepe Estruch o Marta Schinca. Entre primero y segundo hizo sus primeras películas (Arriba Hazaña, Tres en raya). De pronto escuchó a lo lejos el sonido de un clarín. “Tuve que irme a la mili y aquello fue un corte gordo”. A la vuelta acabó la carrera y comenzó a trabajar, sobre todo en cine (Akelarre). Pero lo que lo dio a conocer fue su papel de periodista en Página de sucesos (1985-86), teleserie que coprotagonizó con Patxi Andión a las órdenes de Giménez Rico, y el del medroso Luis en Media naranja (1986) con Amparo Larrañaga.
 
 

 
 
 
– Menudo alegrón cuando te llaman para tu primera serie, ¿no?
– Yo venía de la escuela y todo era extraordinario, por ejemplo que me pagaran dietas en Página de sucesos. Y el éxito de Media naranja ni le cuento. Hace poco encontré un móvil y llamé al dueño para devolvérselo. Un argentino. Al verme, me dijo: “Pero, ¿vos no sos el de Media naranja?”. 
 
Días de vinillo y bocata
– Hasta su despegue definitivo se intuyen años de estrecheces y bocata de mortadela.
– Con otros dos chicos que también eran del gremio compartía piso y lo que no es el piso, o sea, los paquetes que enviaban los padres. Hice un poco de todo: trabajé en la autovía, repartí guías, pasé malas rachas... Pero desde Los ochenta son nuestros no he dejado de trabajar. Un tipo me consiguió un vídeo de aquella función. Ya sabe, un conseguidor.
 
– Como Harvey Keitel en ‘Pulp Fiction’...
– No, Keitel era un resuelveproblemas o algo así. No se me olvida esa frase suya: “Buen trabajo, caballeros. Quizá salgamos de esta, pero no empecemos todavía a chuparnos las...”.
 
– No siga, que estamos en horario infantil.
– Esa frase la recordamos todos [ríe pícaro].
 
 

 
 
 
– ¿‘Los 80 son nuestros’ fue su primer protagonista en teatro?
– Sí, estábamos todos empezando: Luis Merlo, Lydia Bosch, Amparo Larrañaga... Las colas salían del Infanta Isabel, doblaban la esquina por delante de la ONCE y tiraban calle arriba hasta perderse. ¡Daba un gusto ver aquello!
 
– Con suerte, algún día llegarían al María Guerrero.
– ¿Las colas, dice usted? [socarrón]. Pedro Larrañaga vendió la moto y reunió todos sus ahorros para embarcarse en esta producción. Solo tenía presupuesto para dos o tres semanas.
 
En las tablas con mucho arte
– Uno de sus últimos papeles en teatro fue en ‘Arte’ con Luis Merlo y Alex O’Dogherty.
– Es un texto que no se acaba nunca, siempre se le encuentran cosas. La función está tan probada que no falla.
 
– Yasmina Reza tiene la fórmula para la comedia.
– Nunca se sabe qué va a hacer gracia. En Gorda, con Luis Merlo y Teté Delgado, hacía el papel de un tipo despreciable y, curiosamente, la gente se partía.
 
– Un cabroncete simpático.
– Llamémoslo así. Daba vergüenza ajena.
 
– ¿En ‘Arte’ les pesó el precedente de Pou, Flotats e Hipólito?
– No. Un actor debe hacer las cosas con sus armas y sin caer en tópicos. Las imitaciones nunca han sido buenas.
 
 

 
 
 
– Oiga, hablando de arte, ¿qué me dice de la escultura? Es una afición de peso.
– Empecé hace años, un poco a lo tonto. Estaba haciendo una función con Amparo y me iba todas las mañanas a la fundición de un amigo. Allí, a lo largo de un año, aprendí todo lo que sé. La tengo un poco abandonada.
 
   Nos muestra sus piezas, agazapadas en lugares estratégicos de la casa: un caminante, una hoja con rostro de mujer al final de una rama de árbol...
 
– Recuerdan a Giacometti, así tirando a escuchimizadas.
– Qué más quisiera yo que se parecieran, aunque fuera en el pedestal. Hace poco he visto una retrospectiva suya y me puso los pelos de punta.
 
– ¿Y alguna crítica se los ha puesto también?
– Ja, ja. Mi primer papel en una función comercial: La belleza del diablo. La hacíamos Amparo y yo con María Asquerino. La función que no funcionó [se troncha a tumba abierta]. Haro Tecglen nos puso a caer de un burro. Era un musical.
 
– ¿Pero usted canta?
– A juzgar por la crítica, no mucho [vuelve a desternillarse].
 
 

 
 
 
Y al final, todos de acampada
Miramón trabaja ahora en la serie Con el culo al aire. Él y Toni Acosta son un matrimonio aristocrático venido a menos que sobrevive en el salvaje mundo de un cámping.
 
– ¿Qué hay que darle a un personaje tan marciano para que la gente diga “vale, me lo creo”?
– Aquí funciona la dualidad Coyote-Correcaminos. A nuestros personajes, que van de listos y de sobrados, les cae siempre la roca encima. Palmamos como el correcaminos.
 
– El arquetipo del malo pringadete.
– Sí, al que pillan siempre. Pero les hemos dado un punto quebradizo para que el público no nos tenga miedo, ni asco.
 
– ¿La vida del pícaro es la que nos queda a los españoles?
– Solo le diré que creo que la idea de la serie se ha vendido a Grecia.
 
 

 
 
 
El chiste de Miramón

El niño positivo y el niño negativo. Los Reyes Magos han traído al niño negativo un tren eléctrico maravilloso. Al positivo, una mierda humeante de gran tamaño. El negativo empieza a poner pegas al tren y pregunta al positivo: “¿y a ti qué te han traído?”. El positivo responde: “¡Un caballo, pero se me ha escapado!”.
 
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