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28-09-2016 Versión imprimir
El coordinador del Área Asistencial de la Fundación AISGE, Iván Arpa; el director general de la entidad, Abel Martín; la presidenta de AISGE, Pilar Bardem, y el sociólogo Walter Actis, autor del informe (Foto: Enrique Cidoncha)
El coordinador del Área Asistencial de la Fundación AISGE, Iván Arpa; el director general de la entidad, Abel Martín; la presidenta de AISGE, Pilar Bardem, y el sociólogo Walter Actis, autor del informe (Foto: Enrique Cidoncha)
 

Solo el 8,17% de los actores españoles pueden vivir de su profesión
 
– Del total de artistas españoles, el 8,17% ingresan más de 12.000 euros anuales. Superan los 30.000 solo el 2,15%
 
– El 57% de nuestros intérpretes no consiguen empleo en el sector
 
– De los actores y bailarines que sí trabajan (43%), más de la mitad no supera los 3.000 euros de ingresos anuales.
 
– Quienes logran alguna ocupación complementaria se dedican en su mayoría a docencia, labores comerciales u hostelería: nada que ver con el gremio artístico
 
– Las mujeres sufren una tasa de desocupación 6 puntos por encima de los hombres, cobran menos y trabajan sin contrato en más ocasiones
 
– Las regiones con mayor tasa de paro entre los actores son La Rioja, Asturias y Castilla y León
 
 
 
[Madrid, 29 de septiembre de 2016] Los actores y actrices españoles que tienen trabajo en el sector artístico son menos de la mitad del colectivo. Y de entre el total de artistas, poco más del 8 por ciento pueden llegar a fin de mes gracias a su talento interpretativo. Así lo refleja el Estudio sociolaboral del colectivo de actores y bailarines en España, un trabajo que la Fundación AISGE ha venido realizando a lo largo de todo este año 2016 a partir de más de 3.000 encuestas. Nunca se había realizado en nuestro país un trabajo tan amplio y exhaustivo sobre la profesión artística: los datos recabados son tan abundantes que reducen el margen de error a niveles mínimos.
 
A lo largo del último año, solo el 43 por ciento de los intérpretes realizó algún trabajo sobre los escenarios o frente a las cámaras, un índice de ocupación que representa un drástico retroceso respecto a los estudios anteriores. En concreto, los actores con trabajo en el sector eran el 66 por ciento allá por 2004, un índice que bajó hasta el 63 por ciento en el caso de 2011.
 
La gravedad de la situación va más allá. No solo sucede que una mayoría de actores no tiene empleo en su sector. A ello se le suma que quienes sí logran subirse a un escenario o pisar un plató obtienen unos ingresos muy modestos, a menudo ínfimos. Del total de actores y actrices españoles, solo el 8,17 por ciento cobran 12.000 o más euros anuales y, en consecuencia, pueden vivir de esta profesión. Si colocamos el listón en quienes cobran 30.000 o más euros del año y disfrutan de cierta holgura económica, resulta que hablamos de apenas el 2,15 por ciento del colectivo.
 

 


   La fiabilidad de todos estos datos es muy alta. El Estudio sociolaboral del colectivo de actores y bailarines en España que ha preparado la Fundación AISGE se nutre de un total de 3.282 encuestas a actores y bailarines afincados en España. Esta muestra representa el 39 por ciento del colectivo de artistas e intérpretes.
 
   Se trata de la tercera ocasión en que AISGE y su Fundación (consagrada al respaldo de los intérpretes audiovisuales españoles: actores, bailarines, dobladores y directores de escena) realizan una investigación sociolaboral de estas características, única en nuestro país. Las dos ediciones anteriores datan de los años 2004 y 2012. El mayor alcance de este estudio permite por primera vez diagnosticar aspectos como las diferencias entre actores en función de su comunidad de residencia o de su sexo. Y las conclusiones son también claras en ese sentido: la tasa de desocupación es seis puntos mayor entre las actrices que entre los actores.
 
   El sociólogo Walter Actis, experto en la materia y responsable ya de los dos informes anteriores, ha dirigido este nuevo Estudio sociolaboral y rubrica sus más de 320 páginas, a las que se les suman varios anexos. La investigación de Actis constata que no solo ha bajado la tasa de ocupación, sino también los ingresos que obtienen aquellos artistas que sí logran trabajar. Entre los que cobran por su trabajo como actores, más de la mitad (el 53 por ciento) no supera los 3.000 euros anuales. En concreto, el 29 por ciento obtuvo menos de 600 euros durante todo el año (una media de 50 euros mensuales), mientras que otro 24 por ciento se quedó en la franja entre los 601 y los 3.000 euros. El desplome es evidente en este sentido: quienes obtenían menos de 3.000 euros al año eran el 34 por ciento en 2002 o el 45 por ciento en 2010.
 

 

   Estas cifras definen un panorama muy complicado para los intérpretes profesionales, puesto que la tradicional intermitencia y precariedad de sus empleos se ha agravado notablemente tras la crisis económica. Las indagaciones de la Fundación AISGE muestran que la situación se ha agravado durante al menos los tres últimos años, en un contexto de “callejón sin salida”: paro cada vez mayor, trabajo cada vez más precario y pocas soluciones alternativas o complementarias fuera del gremio interpretativo.
 
   De entre quienes sí trabajaron como actores durante 2015, el 46 por ciento lo hizo durante menos de 30 días a lo largo de todo el año (30 por ciento en 2002, 42 por ciento en 2010). Por eso no hay manera de que a los intérpretes españoles les salgan las cuentas. Como se ha reseñado, poco más de 2 de cada 100 integrantes de la profesión obtiene unos ingresos superiores a los 30.000 euros anuales como fruto por su talento artístico. Para complicarlo todo aún más, se incrementa el porcentaje de trabajadores sin contrato (“en negro”): eran el 6,2 por ciento en 2011, pero han subido hasta el 11,7 por ciento durante este último año.
 
   Ante esta grave situación de precariedad, los actores y actrices españoles buscan otras fuentes de ingresos: el 46 por ciento tiene habitualmente un empleo al margen de la profesión artística. El 13 por ciento encuentra ocupaciones más o menos relacionadas con el sector y el 33 por ciento, en trabajos que nada tienen que ver con los platós o los escenarios.
 

 


   Los empleos ajenos al sector más habituales entre nuestros actores son, por este orden: docente, comercial, camarero, administrativo, autónomo, enseñanza de idiomas, hostelería, sanidad, teleoperador, traducción y azafato. Aquellos que pueden ocuparse en alguna actividad medianamente “afín” son quienes imparten cursos de interpretación o danza, o desempeñan tareas de producción, terapias de técnicas corporales, locución, música o canto, guion o dirección artística.
 
   Pese a estos esfuerzos por complementar sus ingresos con otras actividades, el diagnóstico general resulta preocupante. El 32 por ciento de nuestros artistas acreditan unos ingresos globales (interpretación más otras ocupaciones) inferiores a los 600 euros al mes, lo que les coloca por debajo de la llamada “línea de pobreza” (665 euros mensuales). De ese 32 por ciento, el 7,5 recibe o ha recibido la prestación contributiva de desempleo, otro 7 por ciento obtiene subsidio y el 4 por ciento está acogido a alguna de las ayudas que ofrece el departamento asistencial de la Fundación AISGE. Los servicios sociales públicos apenas atienden al 1,3 por ciento. El respaldo de AISGE está permitiendo anualmente aliviar la situación de más de 700 familias de profesionales del sector.
 
 
Precariedad entre las mujeres
 
La situación, ya de por sí preocupante, lo es todavía más si centramos el foco en las mujeres. Para empezar, en la tasa de desocupación como artistas, que se eleva al 51,6 por ciento entre ellas y desciende hasta un 45,4 por ciento entre los varones. Y para proseguir, en todas las demás variables. Las actrices trabajan menos días al año que los hombres, cobran menos, se enfrentan con mayor frecuencia al problema de trabajar sin contrato y sufren una inserción laboral más débil.
 
 

 


   Son ellas, más en concreto, quienes predominan en el segmento de ingresos inferiores a 600 euros anuales (35 por ciento por un 24 por ciento entre los hombres). En cambio, las mujeres empiezan a escasear en franjas de ingresos un poco más favorables. Solo el 26 por ciento de actrices perciben más de 6.000 euros al año, un porcentaje que en el caso de los actores alcanza el 39 por ciento.
 
   En cuanto a las que se ven en la tesitura de trabajar sin contrato, son el 13,8 por ciento por un 9,9 por ciento entre los hombres. Y las que trabajan, trabajan menos. Las que no superaron las exiguas dos semanas de trabajo durante 2015 fueron el 19,6 por ciento del total, un porcentaje que se redujo al 14,3 por ciento en el caso de ellos.
 
Jóvenes: trabajan más pero cobran menos
 
El estudio Situación sociolaboral del colectivo de actores y bailarines en España permite también, por la amplitud de la muestra, sacar conclusiones sobre la situación de los profesionales en función de su franja de edad. Y a este respecto el paisaje es, de alguna manera, ambivalente. Los menores de 35 años trabajan más que los de las generaciones anteriores, pero, en contrapartida, los ingresos que están obteniendo nuestros artistas emergentes son sensiblemente más humildes que los de sus colegas de más edad.
 
   Por lo pronto, la tasa de ocupación artística va descendiendo con la edad, según se colige del informe. Trabajan en el sector artístico el 48 por ciento de los actores menores de 35 años, pero este índice se reduce hasta el 43 por ciento si nos fijamos en los mayores de 45 años. Además, el grupo de mayor edad es el que recurre menos a otras ocupaciones (40 por ciento frente a 50 por ciento). Es decir, el recurso a otro empleo complementario es una tendencia relativamente reciente, que afecta más a los profesionales jóvenes.
 

 


   Los jóvenes tienen mayor tasa de empleo y trabajan más días al año. Sin embargo, su situación dista de ser favorable. Los jóvenes predominan en el tramo de ingresos de 600 a 6.000 euros, mientras que el grupo de edad intermedia (35 a 44 años) lidera el tramo de 6.000 a 18.000 euros y los mayores de 45 son mayoría en la escala superior, ese exiguo porcentaje que cobra más de 30.000 euros al año. Es más, el análisis conjunto de ingresos mensuales (empleos artísticos o ajenos, prestaciones sociales, rentas…) da como resultado que los más abocados a la pobreza son los jóvenes: un 39 por ciento. Los más veteranos, gracias a las mejores condiciones laborales y a la percepción de otros ingresos, mejoran algo su posición.
 
 
¿Dónde viven nuestros artistas?
 
El estudio promovido por la Fundación AISGE y la propia base de socios de la entidad nos permiten por vez primera realizar un análisis detallado de la profesión desde una perspectiva territorial. Más de la mitad de los artistas censados (el 53 por ciento) residen en la Comunidad de Madrid, mientras que Cataluña asume el 18 por ciento del colectivo. Andalucía es el hogar del 8 por ciento de los intérpretes españoles, mientras que la Comunidad Valenciana, Euskadi y Galicia acogen en cada caso al 5 por ciento de estos profesionales.
 
 

 


   Si cruzamos estos datos con las cifras generales de población podemos extraer alguna conclusión curiosa. Por ejemplo, que en España disponemos de 1,8 artistas de la interpretación por cada 10.000 habitantes, pero este índice se incrementa con creces (6,9 por 10.000) en la caso de la Comunidad de Madrid. Solo otras dos comunidades superan, por muy poco, la media estatal: Cataluña (2,0) y Euskadi (1,9). Asimismo, hay 1,5 artistas por cada 10.000 gallegos, mientras que todas las demás regiones se encuentran por debajo al umbral de una persona de la profesión por 10.000 habitantes.

 


   A su vez, podemos analizar desde una perspectiva territorial el fenómeno del desempleo en la profesión, el más relevante de cuantos confluyen en este estudio sociológico. La desocupación más elevada en el mundo profesional se registra en La Rioja, Asturias y Castilla y León, con niveles superiores al 60 por ciento en los tres casos. También es muy mala (por encima del 50 por ciento) la situación en, por este orden, Navarra, País Vasco, Andalucía y Comunidad Valenciana. Las comunidades con una situación laboral algo más halagüeña son Extremadura, Castilla-La Mancha y Baleares, todas ellas en torno al 33 por ciento como tasa de desempleo en el sector interpretativo.
 
 
 
 
¿Hipoteca? ¿Y eso qué es?
 
Al pormenorizado análisis estadístico se le suma, en este trabajo del sociólogo Walter Actis para la Fundación AISGE, una serie de entrevistas con representantes sindicales del sector. Para mayor abundancia, se incluye también la información procedente de ocho grupos de discusión entre profesionales del sector que analizaron cómo era la realidad cotidiana en su trabajo. Con carácter confidencial, la Fundación AISGE reunió a más de 50 de sus socios y socias en un total de ocho reuniones de trabajo. La sede de Madrid acogió una reunión de actores jóvenes (20 a 30 años), otra de maduros (50 a 60) y una tercera de bailarines (25 a 35 años). En Barcelona se reunieron actores de 25 a 35 años y de 40 a 50 años, así como bailarines de 40 a 49. En la delegación de AISGE en San Sebastián se dieron cita varios actores de 25 a 35 años. Por último, la sede sevillana fue testigo del encuentro de un grupo de actores entre 45 y 55 años. En todos los grupos participaron profesionales de ambos sexos.
 
   Las intervenciones arrojan un ingente volumen de apreciaciones sobre el sector, pero, en términos generales, corroboran que las remuneraciones “bajan”, aumentan los trabajos no pagados y, en consecuencia, “cada vez es más difícil vivir del oficio”. La percepción nítida de los profesionales es que por las mismas tareas se cobra en la actualidad mucho menos que en épocas anteriores. Y ello, entre algunos jóvenes, se traduce en la necesidad de regresar al hogar paterno. “No paro de trabajar: cortos, teatro… Y no gano un duro”, confiesa un participante en el grupo de actores jóvenes de Madrid. Y una chica le contesta: “El problema es que, cuando pillas un trabajo, no te da suficiente como para vivir todo el tiempo que vas a estar sin trabajo (…). Mi pareja y yo somos actores, vamos a pique. Nos estamos planteando que uno de los dos pase a tener una cosa segura, porque, de lo contrario, no podemos hacer crecer una familia”.
 
   Entre los jóvenes se genera, además, un fuerte debate en torno a la participación en proyectos creativos sin recursos y la explotación laboral. Se trata de una dinámica peligrosa, puesto que los actores, de alguna manera, pueden acabar como cómplices del deterioro de sus propias condiciones de empleo. “Yo hago un montón de cosas que no cobro, pero un montón. ¿Y voy a decir que no? Bueno, es lo de siempre: ¿dónde está el límite?”, revela una mujer del grupo de San Sebastián. A lo que otra compañera refrenda: “Cuántas veces hemos hecho cortos que no hemos cobrado. Pero los técnicos cobran. A este paso, se van a hacer eternamente cortos en los que los técnicos cobran y los actores no”.
 
   La situación, en definitiva, es difícil en el momento de la elaboración de esta Situación sociolaboral del colectivo de actores y bailarines en España, y poco halagüeña de cara a los años que se nos avecinan. En cualquier caso, siempre quedarán dos factores: el talento y el humor. El que demostraron en un momento dado los integrantes del grupo de discusión de Sevilla. “Yo no tengo hijos”, detallaba una joven, “pero imagino que ahora le debería a todo el mundo si tuviese hijos e hipotecas y todo ese tipo de cosas”. Y un chico le respondió: “¿Hipoteca ¿Eso qué es, un pueblo de Barcelona?”. Las risas se apoderaron de la mesa.
 
 
 
 
 
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