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Jacinto Bobo
 
“Me encantaría leer en el periódico algo que pusiera en jaque al sistema”
 
 
 
Este sevillano de 27 años debutó ante la cámara gracias a La historia del primo David, un cortometraje de 2006 sobre los constantes fracasos de un mujeriego. Quedaba con una chica a través de un chat porno y, aunque todos sus allegados desconfiaban de los encuentros acordados por Internet, aparecía una rubia de escándalo. Sin embargo, ella tenía pensado un trío en el que también participaría su novio, boxeador profesional. Ese era el enésimo imprevisto de la semana, después de encontrarse a un travesti y dos lesbianas. Él encarnó a Alberto, un amigo del protagonista, a quien reprochaba su desesperación. Aun así, se ofrecía a acompañarle a una nueva cita, pero ambos terminaban escapando del piso por el desagradable físico de la inquilina. Tanto desengaño le hacía tener miedo al género femenino, hasta el punto de plantearse su reconversión en monje. A finales de 2008 intervino como guionista y actor en Plan de fuga, ganador del certamen almeriense 24 Horas de Cine, donde competían títulos filmados en un solo día. Mostraba a una pareja conversando por la calle, una situación normal que no dejaba ver la realidad de lo que estaba sucediendo.
 
   El canario David Sainz, maestro de la ficción low cost, le escogió con acierto en 2010 para encabezar El curioso caso del corredor paulatino. Y es que su brillante actuación (sin texto de por medio) hizo posible el éxito conseguido en el Festivalito de La Palma y el Festival Iberoamericano de Cortometrajes ABC. Puso cara entonces al atormentado Luis Calleja, cuya vida consistía en huir de un hombre gordo y con barba que corría detrás de él a cámara lenta. Esa preocupación continua mosqueaba a amigos y amantes, pues salía despavorido en cuanto veía a su persecutor, por inoportuno o pasional que fuese el momento. Tantos años de acoso le hacían perder la paciencia: contrataba a un sicario para deshacerse de su pesadilla, acudía a un psiquiatra, planeaba un atropello… Y como ninguna solución funcionaba, al final caía en sus garras. Ya en 2012 llegó al célebre Notodofilmfest con una comedia de tres minutos llamada …sus muertos!! El personaje que interpretó, Julito, sosegaba a un colega que había encontrado el retrovisor de su coche en el suelo después de una fiesta. Pese a su disuasión, se peleaba con un gorrilla, a quien culpaba del incidente. Y todo para nada: su vehículo era el que estaba justo al lado del siniestrado.
 
 
En el papel de Chispa (izquierda), en 'Obra 67'
En el papel de Chispa (izquierda), en 'Obra 67'
 
 
 
   La laureada Grupo 7, ganadora de dos Goyas, supuso su llegada a la gran pantalla. Gracias a esa película de acción, que abordaba los excesos policiales en la Sevilla de los ochenta, compartió cartel con intérpretes de renombre: Mario Casas, Antonio de la Torre, Inma Cuesta, Julián Villagrán, Joaquín Núñez… Unos agentes le detenían y amenazaban con desdentarle delante de su hermano mayor si este (en realidad inocente) no confesaba dónde escondía una importante cantidad de droga. El pasado noviembre estrenó en el Festival de Cine de Sevilla Obra 67, el primer largometraje dirigido por su viejo conocido David Sainz, cuyo reparto también incluye a Antonio Dechent o Álvaro Pérez. Ese thriller de cruda mirada social se rodó en 13 horas, con un equipo de 13 personas, sin apenas presupuesto y a base de improvisación. Se enmarca en el modelo alternativo #LittleSecretFilm, que brinda difusión gratuita en Internet y televisión a cambio del cumplimiento de ciertas normas de rodaje. Pero la historia gustó tanto que en enero saltó a las salas comerciales de toda España. Él pone cara a Cristo, el mejor amigo del hijo de un atracador recién salido de prisión tras dos décadas, a quien ambos jóvenes toman como referente para conseguir dinero rápido. Barajan un carísimo proyecto musical que les libre de un futuro incierto, así que asaltan una casa aparentemente deshabitada sin imaginar las terroríficas consecuencias de dicha decisión… Y es que dentro se topan con un loco que tortura a sus secuestrados.
 
   Su trayectoria televisiva se compone de ficciones online y espacios para la cadena autonómica andaluza. Entre 2007 y 2008 trabajó en las dos temporadas de Hasta el final, una webserie adquirida y emitida por Terra TV. Sus episodios contaban en tono tragicómico los contratiempos de cinco chavales dispuestos a hacerse un hueco en el sector audiovisual a través de la productora Cinéfalos. Los espectadores le recordarán como Gus, el encargado de efectos especiales y postproducción, cuyo pasotismo desquiciaba a sus compañeros. Aunque alternaba su faceta creativa con el empleo en una hamburguesería, era un vago redomado que solo pensaba en pasar las horas ante cualquier videojuego. La convivencia con su novia naufragaba a causa de sus despistes, pero solo por ella cambiaba decididamente de actitud. A mediados de 2010 provocó carcajadas en A rebufo, una producción orientada a la venta de seguros de Mapfre. Su Valentín estaba amargado porque su idilio se rompía de mala manera, trabajaba 16 horas diarias en la pizzería más sucia de la ciudad, tenía al peor encargado imaginable y los clientes nunca le daban propina. El sueño de comprarse una moto, lo único que le hacía feliz, le animaba a aguantar todo eso.
 
 

 
 
 
   Un año más tarde se incorporó a otra serie para Internet, la aplaudida Malviviendo, donde todavía encarna al pueblerino Antonio Manuel Antúnez. Ese papel, creado también a las órdenes de David Sainz, ha conquistado a miles de seguidores: 217.000 en YouTube, 143.000 en Facebook y 99.000 en Twitter. Es un ganadero al que sus animales le dan cariño de sobra, pero piensa que buscar pareja en televisión le hará más llevadera la vida campestre. Se define ante las pretendientas como tradicional, coqueto, amante de la comedia y hábil conductor de tractor. La mayor pega es que su acento resulta incomprensible, por lo que es necesario subtitularle. Tanta experiencia en los platós le anima a probar suerte en la interpretación. Su carácter tranquilo hace que ni siquiera se altere ante peliagudos conflictos familiares, como cuando viaja a Sevilla con el encargo de convencer a su rebelde primo para que regrese al pueblo.
 
   Canal Sur le abrió sus puertas con el programa cultural La respuesta está en la Historia, que recreaba las diferentes épocas que originaron las costumbres de Andalucía. Hasta finales de 2012 presentó cada entrega como Rafa, un guapo universitario que trabajaba para una empresa de comunicación. Menos grato le resultó su paso por el capítulo piloto de Generación Z, pues era víctima de una zombi iracunda. El creador de Malviviendo contó otra vez con él cuando estrenó en la cadena andaluza Flaman, una comedia con elementos de ciencia ficción sobre un estudiante convertido en superhéroe. Esa nueva condición ponía patas arriba su vida, ya que se esforzaba por ocultar los poderes a sus más allegados mientras resolvía peligrosas misiones. Una intensa preparación física y ética le servía para imponerse a cualquier enemigo.
 
   En noviembre de 2010 debutó profesionalmente sobre las tablas con El pequeño Eyolf, un texto de Henrik Ibsen que montó la Compañía de Teatro Clásico de Sevilla. Ese complejo drama mostraba la tensión en un matrimonio a raíz del accidente de su bebé, que perdía movilidad tras caer desde una mesa mientras ellos hacían el amor. El hombre ponía su atención en el pequeño porque se consideraba culpable de tal irresponsabilidad, así que la mujer sufría celos al no percibir en él ni un ápice de interés emocional y sexual. Ese distanciamiento aumentaba con la muerte del hijo, pero al final sobrellevaban juntos la pérdida de la mejor forma posible: ayudando a los niños pobres del pueblo. A comienzos de 2012 se unió a Teatro a Pelo, una iniciativa de microteatro nacida en la ciudad hispalense, cuya fórmula es bastante curiosa: sus sucesivos capítulos, cada uno con tres piezas breves relacionadas entre sí, conforman poco a poco una larga obra. Durante las tres primeras entregas actuó en lugares tan atípicos como un hotel o una galería comercial. Suyo fue el divertido papel de Luis, un muchacho tímido que quedaba con una joven a la que había conocido en un chat y se emborrachaba para calmar los nervios, pero el alcohol le dejaba fuera de combate. Una vez despierto, ella estaba dispuesta a tener sexo, aunque el intento se iba al traste por la irrupción de sus amigas en la habitación del hotel.
 
 
En el musical 'A quién le importa'
En el musical 'A quién le importa'
 
 
 
   Pocos meses más tarde estrenó en Madrid el delirante musical A quién le importa, una propuesta de Jorge Berlanga (fallecido en 2011) para rendir homenaje a las míticas canciones que su hermano Carlos había compuesto en los años de la Movida. Obtuvo entonces el personaje principal, Óscar, un chaval destrozado sentimentalmente que no sabía por dónde tirar. Desde la fría cama del hospital donde ingresaba a causa de la mala vida, recordaba su frenético pasado gracias a los narcóticos que le suministraba una monja de dudosa vocación. En esas ensoñaciones no solo aparecían amigos y discotecas, también algunos de sus ídolos, como Salvador Dalí o David Bowie. La pasada Navidad sumó a su currículum un segundo musical, Canta Cuentos, esta vez para el público infantil. El repertorio recogía temas pertenecientes a películas clásicas de Disney y a dibujos animados de moda en la actualidad.
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor?
− Ha sido algo que siempre he tenido bastante claro. Con 11 años me subí por primera vez a un escenario (en realidad era una sala de guardaría que aforamos un poco) gracias a una versión de El retablillo de don Cristóbal dirigida por mi tío Alberto. Salí a escena con mis amigos. Cuando vi a toda esa gente que había venido a contemplar nuestro trabajo, pensé que aquello debía ser algo muy bueno.
 
− ¿A quién se lo contó primero?
− A mi familia, mis amigos, mis compañeros de clase… ¡Se lo decía a todo el mundo! Como era un niño, pensaba que era lo más normal del mundo, no sabía nada sobre carreras con salidas y sin salidas. En casa me contestaron lo típico, que hiciera lo que quisiera mientras no dejara de estudiar, así que me licencié en Comunicación Audiovisual. Luego les comenté a mis padres que iba a intentar dedicarme más a fondo a la interpretación. Y fueron ellos quienes me animaron a luchar por ello después de verme en una función.
 
 

 
 
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− La verdad es que no puedo quejarme, me considero un tipo con mucha suerte, aunque no le doy demasiada importancia. He tenido la fortuna de trabajar con gente a la que admiro y quiero por muchas razones.
 
− ¿De qué papel conserva un recuerdo especial? ¿Por qué motivo?
− Siempre me quedo con algo de todos los personajes que encarno. De algunos aprendo más, de otros menos, pero no hay uno al que le tenga un aprecio especial. ¡A todos los quiero por igual! Con el que más he sentido el cariño de la gente es con mi Antonio Manuel de Malviviendo.
 
Si el teléfono dejase de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− A cualquier cosa, aunque me gusta mucho la enseñanza.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Muchas. No me fiaría de un actor que jamás se lo haya planteado.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− ¡Uf! Rodé en la sierra madrileña un proyecto muy extraño que ni siquiera salió adelante. Fue todo bastante cafre. Hasta ahí puedo leer.
 
− ¿Le gusta volver a ver las series y películas en las que ha participado?
− No mucho, me canso enseguida de mí mismo.
 
 

 
 
 
− ¿Qué solución se le ocurre para mejorar la situación del séptimo arte hecho en España?
− Este país tiene muchos problemas. El cine español, por tanto, tiene muchos problemas. La verdad es que no sabría por dónde empezar, pero quienes vivimos de este mundillo podríamos ser algo más autocríticos y más conscientes de la responsabilidad que tenemos con mucha gente.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− He crecido con Tim Burton. Lo siento, Quentin.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− Sinceramente, no me acuerdo. No pongo la atención solo en los actores, me conmueve la obra en conjunto, pero algún día les contaré a mis hijos que vi cómo Roberto Álamo interpretaba en vivo a Urtain.
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como leit motiv personal?
− Me pasa lo mismo que con los actores: soy incapaz de recordar una frase concreta. Eso sí, todo lo que veo y leo se me queda ahí, en la cabeza.
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
− Admito que me sé de memoria los diálogos de historias muy tontas, casi todos los que recuerdo pertenecen a películas malas. Pero también me sé toda la secuencia de Tararí y Tarará en ese clásico de Disney titulado Alicia en el país de las maravillas. “Ostritas, ostritas…” [Risas].
 
¿Cuál fue la última película que no fue capaz de ver hasta el final?
− Casi siempre las termino, aunque sean infumables. Me pone muy nervioso dejarlas a la mitad o verlas por partes.
 
 

 
 
 
¿Recuerda alguna anécdota divertida que haya vivido como espectador en un teatro o sala de cine?
− Hace tiempo pusieron en Alcalá de Guadaíra una sesión golfa entre semana. Era tarde, pero baratísima, así que me aficioné a ir con mi mejor amigo. Un día fuimos a comprar nuestras entradas y la taquillera nos miró con odio mientras le decía a su compañero por el walkie: “Hay dos que van a ver la película”. Fuimos los únicos y nunca más volvimos. ¡Seguro que le jodimos algún plan a la chica, esas no son horas de ir al cine! [Risas].
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− Ahora a un montón, hay muchísimo talento: buenos guiones, buenos actores… Si tuviera que elegir solo una, mi favorita sería A dos metros bajo tierra.
 
− ¿Cuál es la mejor recomendación que le ha dado alguien cercano para ejercer este oficio?
− Te pueden dar muchos y buenos consejos, siempre habrá personas dispuestas a ayudarte por amor o por interés, pero al final cada uno tiene que encontrar su propio camino.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Creo realmente en el valor que tiene esta profesión, creo en ello con todas mis fuerzas.
 
− ¿Y débil?
− Por suerte, tengo muchos. ¡Espero que haya tiempo suficiente para corregirlos!
 
 

 
 
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− ¡Soy un poco supersticioso! No cuento las cosas hasta que no están cerradas porque creo que se gafan.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Tengo muchos proyectos que me gustaría llevar a cabo cuando llegue el momento, pero me conformaría con sentir que he trazado una carrera coherente con mis principios.
 
− ¿Qué canción simboliza el momento actual de su vida?
It’s natural to be afraid, de Explosions in the Sky.
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− Me encantaría encontrar en portada algo que consiguiera poner en jaque al sistema: un acto poético, un símbolo de cambio o de resistencia… Nuestra propia Revolución de los Claveles, nuestra plaza de Tian’anmen: algo que ningún medio de comunicación pudiera tirar por tierra.
  
− ¿Qué otra época de la historia elegiría para nacer?
− Los comienzos del siglo XX. Me hubiera gustado conocer a Lorca, Buñuel, Unamuno, Valle-Inclán, Machado…
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Es bueno contar con una entidad que defienda nuestros derechos, aunque tendría que hacer más hincapié en transmitir un mensaje rotundo: los actores estamos al servicio de toda la sociedad, no somos una casta de privilegiados, sino profesionales que desarrollan una actividad casi tan beneficiosa como la de un médico o un maestro. Pero antes sería necesario que cada uno de nosotros asumiese personalmente esa labor.
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