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JAIME OLÍAS
“Soy un yonqui de todo lo audiovisual”
 

A los 17 años empezó a representar teatro con el grupo Diego Velázquez de Torrelodones, localidad madrileña donde reside desde su nacimiento, en 1987. Y llegó a la televisión pisando fuerte. Ni papeles secundarios ni episódicos: en Ángel o demonio fue uno de los protagonistas, Damián, el malvado que arrastraba hasta el infierno a quien se le pusiera por delante. Aquel personaje, que muchos emparentaron con el Edward Cullen de la saga Crepúsculo, le convirtió en el Robert Pattinson español. Con Toledo retrocedió a la Edad Media para meterse en la piel del disoluto Fernando, hijo predilecto de Alfonso X el Sabio, que deseaba eludir la disciplina palaciega pese a estar llamado a ocupar el trono. Entre serie y serie debutó en el cine gracias a la comedia juvenil Promoción fantasma, arranque de una filmografía que se intuye envidiable. Próximamente estrenará Casi hermanos y Solo química, pero lo más alentador es que Nacho Vigalondo le acaba de dirigir en Open Windows, cuyo elenco lideran los estadounidenses Elijah Wood (dio vida al célebre Frodo de El señor de los anillos) y Sasha Grey (aclamada pornostar antes de trabajar para Steven Soderbergh). Por si eso fuera poco, el destino le tenía preparada otra sorpresa: Mi lucha, cortometraje en el que hace de oficial nazi, sonó como posible candidato a los últimos Goya y Oscar. 
 

 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor, y por qué?
− Siempre me ha gustado la interpretación. Recuerdo que, cuando teníamos unos once años, a mi hermano mellizo le tocó preparar con sus compañeros una obra teatro para el colegio. Como yo iba a otra clase, no podía participar, pero un chico dijo pocos días antes de la función que no quería actuar y me dejaron sustituirle. Creo que me decidí totalmente al cumplir los dieciocho.
 
− ¿Quién fue el primer amigo/a al que se lo contó, y qué le dijo?
− Supongo que a mi madre. Siempre ha estado a favor de que me dedique a este oficio.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Sin duda alguna, grabar mi primera serie, Ángel o demonio. Me abrió las puertas de este mundillo de manera importante y sin ella dudo que el camino hubiera sido el mismo.
 
− ¿A cuál de los personajes que ha encarnado le tiene especial cariño? ¿Por qué motivo?
− Todos han dejado huella, algunos más y otros menos, pero cada uno me ha dado algo. Diría que a mis papeles de Ángel o demonio y Toledo les guardo más cariño por la cantidad de experiencias que viví con ellos.

 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− He estudiado Comunicación Audiovisual en la Complutense y cine en otras escuelas. Por eso intentaría encontrar trabajo en otros ámbitos de la industria audiovisual, aunque ojalá sea siempre delante de las cámaras.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− La verdad es que ni siquiera me planteo que haya toalla. Si algún día dejo de dedicarme a esto será porque no me den oportunidades, no porque yo quiera.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− En la primera escena de mi primer personaje: cuando llegué al set de rodaje tuve que tumbarme semidesnudo sobre una cama y con una compañera de esa misma guisa a mi lado.

− ¿Le gusta volver a ver los títulos en los que ha participado?
− Es algo muy difícil, no me gusta nada. Si ya me cuesta escuchar mi voz, como para verme en pantalla… Nunca consigo ser objetivo.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− El sector debe adaptarse a los nuevos tiempos: se están creando propuestas fílmicas muy interesantes, plataformas donde poder verlas, fórmulas para que el propio espectador contribuya con una pequeña subvención… En definitiva, las nuevas tecnologías deben ser impulsoras del cine, no sus enemigas. Lo más doloroso son los precios de las entradas.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− No podría marcar el número de teléfono de ninguno porque me daría un infarto, aunque supongo que a Tarantino.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió, que le dejó al borde mismo de la lágrima?
− Soy muy llorica, la verdad, así que no podría decir uno.
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como leit motiv personal?
− Hay muchísimas, pero me gusta mucho una que pronuncia Kevin Spacey en American Beauty: “Es genial comprobar que todavía tienes la capacidad de sorprenderte a ti mismo”.
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
Unforgiven, de Clint Eastwood; Star Wars, de George Lucas; Matrix, de los hermanos Wachowski… 
 
− ¿Cuál fue la última película que no fue capaz de ver hasta el final?
− Siempre suelo terminarlas, pero no pude con Primer, de Shane Carruth. No entendía absolutamente nada y, tras enfadarme un rato conmigo mismo, me quedé dormido. ¡Espero que hiciese algo de hipnopedia [aprendizaje durante el sueño] para la siguiente vez que intente verla!
 
− ¿Recuerda alguna anécdota divertida que haya vivido como espectador en un teatro o sala de cine?
− Salía de ver el musical Sonrisas y Lágrimas y, aunque yo no participaba en el reparto, una señora me felicitó por lo bien que había estado como cartero.
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− A demasiadas. Más bien debería decir a cuál no estoy enganchado. ¡Soy un yonqui de todo lo audiovisual! [Risas]
 
 

− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer este oficio?
- Me han ayudado tantas personas que no podría ni empezar, aunque recuerdo especialmente al director de mi primera serie, que estaba agobiado porque era el arranque y todo resultaba un poco caótico. Sin embargo, cuando faltaban solo unos segundos para escuchar el grito de “¡Acción!”, me guiñaba el ojo. Así me daba a entender que iba a hacerlo bien. Era un gesto de complicidad entre los dos que me relajaba y me hacía disfrutar. Siempre pienso en ello.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete? ¿Y débil?
− Mi inconformismo es una virtud y un defecto. Soy tan exigente que repetiría todo mil veces, siempre quiero hacer las cosas de todas las formas posibles.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− He terminado un papel pequeñito en Open Windows, la última película de Nacho Vigalondo. Y ahora tengo otra cosa en marcha, pero ya sabéis como funciona esto: mejor no decir nada hasta que no se rueda.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Seguir siempre ilusionado con esta profesión.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
− ¡Ni idea! Soy fan de Hans Zimmer y supongo que escogería muchos temas suyos.
 
− ¿En qué otra época de la historia le gustaría haber nacido?
− Elegiría algún tiempo futuro. Poder ver qué deparará el destino cuando yo ya no esté es una idea que me ronda muchas veces por la cabeza. ¡Soy muy curioso!
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