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05-07-2013 Versión imprimir

 
 
JAVIER ARTIÑANO
Figurinista
 

“Nosotros hacemos 
la segunda piel 
de un personaje”


Atesora hasta seis Goyas, pero añora los tiempos de aquellas series televisivas de época en las que aprendió el oficio

Este jueves 4 de julio fallecía en Madrid, víctima de un cáncer que le había retirado de la profesión dos años atrás, el figurinista Javier Artiñano, uno de los más grandes que ha conocido en su oficio el teatro español a lo largo de las cuatro últimas décadas. Responsable de un centenar de diseños teatrales y unas 40 películas y series televisivas, su excelencia profesional se vio recompensada con media docena de Goyas, un premio Max, el Ricardo Franco a toda una vida y el homenaje del Festival de Almagro en su edición de 2012. Nacido hace 71 años en San Pedro Montes de Oca (Costa Rica), hijo de inmigrantes españoles, este director de vestuario había concedido a finales de 2008 una amplia entrevista a la revista AISGE ACTÚA que ahora recuperamos aquí en sus tramos más relevantes.
 
SERGIO GARRIDO PIZARROSO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Este texto se publicó originalmente en el número 17 de AISGE ACTÚA (octubre-diciembre 2008)
Con sus vestuarios ha conseguido que actores como Alfredo Landa consiguieran captar la esencia de su personaje en El bosque animado. Javier Artiñano nació en Costa Rica y siendo todavía un niño vino a España junto a sus padres. Hoy ya tiene a sus espaldas una larga carrera como figurinista en cine, teatro y televisión; seis premios Goya que le han servido para hacerse un hueco entre la profesión y la satisfacción por el trabajo bien hecho. Aunque su labor no se reduce a la mera representación de una época histórica a través de su vestimenta; con sus diseños también podemos imaginarnos al personaje que vivía en la heroica ciudad de Vetusta, La Regenta. O percibir con mayor nitidez cómo se las gastaban los pícaros en los tiempos del Lázaro de Tormes. Laboriosa tarea la suya, y más en estos tiempos de ajustados presupuestos que exigen casi utilizar casi las mismas argucias picarescas que el mismísimo Lazarillo. Al final, la ambientación de cualquier época depende de sus sabias manos.
 
– Su familia quería encaminarle hacia el ámbito de la arquitectura. ¿Cómo fue que al final se decantó por Bellas Artes y el diseño de vestuario?
En mi época adolescente, estudiar una carrera universitaria era casi un seguro de vida. Mis padres quisieron que la hiciera porque por entonces te aseguraba un trabajo. Arquitectura podía aportarme una cierta estabilidad, yo tan sólo contaba con dieciséis años y no tenía las ideas claras. Al final estudié Bellas Artes porque sabía que me gustaba el dibujo. Veía películas de época y me entretenía dibujando todo lo que aparecía en ellas. Si a esto le unimos mi pasión por la historia, creo que ambos ingredientes crearon la base de mi profesión.
 

 

– ¿Fueron duros los comienzos?
Empezó a atraerme el teatro cuando ya estaba estudiando Bellas Artes. Mis primeros trabajos fueron en el ámbito de la escenografía teatral, y al segundo año ya realicé mi primera incursión en el cine. Ahora apenas se ruedan películas de época, así que el teatro ha vuelto a ser el terreno donde más ejerzo mi labor.

– ¿Es muy distinto su trabajo en función de cada medio?
En la televisión se trabaja mucho más rápido que en el cine. Para un episodio de una serie se emplean dos semanas, mientras que en cine llevaría el doble de tiempo. Sin embargo, he trabajado con muchos más medios en la tele que para la gran pantalla. En mis tiempos la ficción televisiva era, en gran medida, de época.

– ¿Cuenta con plena libertad a la hora de diseñar un vestuario?
Los directores suelen tener la percepción de que sobre la recreación de vestuario de época saben menos. Por eso te dejan más libertad, aunque siempre hay unas directrices y a veces les gusta tomarse ciertas licencias. Depende de si el propio realizador quiere dar una perspectiva realista a la historia o prefiere algo más creativo.

– Y los actores, ¿se quejan mucho a la hora de vestirles?
En general suelen ser fáciles porque ya asumen que tienen que actuar “disfrazados”. En 40 años de profesión, sólo me habrán protestado cuatro o cinco. Me acuerdo de una anécdota con Alfredo Landa. Estábamos probando uno de mis diseños para El bosque animado y me dijo que al verse vestido con mi traje había terminado de comprender al personaje que interpretaba. Ésa es la mejor alabanza que puedes obtener, porque nuestro trabajo es ése: hacer la segunda piel de un personaje.

– ¿Le atraería vestir a los actores de una película ambientada en el momento presente?
Para eso recurren más a la figura del estilista. Me gustaría colaborar en cine de época actual si se dispusiera de presupuesto para elaborar diseños de calidad y no hubiera excesivas injerencias por parte de directores y actores. Pero hoy en día, si requieren de un traje de noche para una escena importante, suelen acudir a una boutique.

– ¿Le cambió mucho la vida su primer Goya, el de El bosque animado?
Todos tenemos un punto de vanidad, pero no significa tanto. Estos premios sirven para facilitar que los periodistas se interesen por aquello que haces, e incluso que tu nombre, antes anónimo, llegue a ser citado en críticas cinematográficas.

– ¿La suya es una labor infravalorada respecto a otros países?
En cierta medida, sí. Yvonne Blake, compañera mía de profesión nacida en Inglaterra y con varios Goyas, siempre me dice que el respeto por la obra del figurinista es mayor en el resto de Europa que en España.

– ¿Se puede realizar una buena figuración con poco presupuesto?
Depende del material de que disponga la sastrería con la que vas a trabajar. Por ejemplo, en la película Lázaro de Tormes queríamos reflejar que los personajes eran de clase baja y no se invirtió un gran presupuesto en el diseño del vestuario. A pesar de ello, el resultado fue muy satisfactorio. Logramos hacer una buena figuración gracias a diseños que ya había elaborado para televisión y al gran surtido de vestimentas del siglo XVI. Juana La Loca fue el caso contrario. Apenas conseguíamos gran material y con esa película nunca me quedé satisfecho.

– ¿Qué medio cuida mejor el diseño de vestuario?
Sin duda y, desde mi experiencia, el diseño se cuidaba más en mis trabajos para televisión. Para series como Fortunata y Jacinta tenía a mano más material del que el cine disponía. Incluso el propio Fernando Fernán Gómez llegó a contarme que, en aquella época, se contaba con más medios en la televisión que en el cine.
 

 
 
 
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